¿Lluvia artificial para combatir la sequía? «No es la solución»
Decenas de países están invirtiendo millones para aumentar artificialmente las precipitaciones en las regiones áridas. Sin embargo, pensar que la sequía puede combatirse con lluvia «a la carta» es una ilusión, según una experta suiza en la denominada siembra de nubes.
Vistas garantizadas del Cervino los 365 días del año. Esa es la promesa del director de Turismo de Zermatt. Según Daniel Luggen, la localidad alpina suiza se convertirá en el primer destino del mundo capaz de garantizar que su principal emblema estará siempre a la vista gracias a una tecnología capaz de disipar las nubes.
Esta idea resulta muy atractiva para las miles de personas que visitan cada año la célebre montaña. El único problema es que… no es cierto. La promesa, difundida en las redes socialesEnlace externo, no era más que una inocentada.
Sin embargo, la historia tiene una base real. En efecto, es posible modificar la estructura de las nubes liberando sustancias químicas en la atmósfera. El objetivo no es solo disiparlas, sino también reducir la contaminación del aire y, sobre todo, prevenir los daños causados por el granizo y favorecer las precipitaciones en forma de lluvia o nieve.
La llamada siembra de nubes (cloud seeding, en inglés) se conoce desde hace casi un siglo y Suiza figura entre los países pioneros en el uso de esta técnica. Ahora, ante el endurecimiento de las sequías asociadas al cambio climáticoEnlace externo y la disminución de los recursos de agua dulce disponibles en muchas regiones, ha resurgido el interés por modificar las condiciones meteorológicas.
En 2025, la sequía afectó a casi un tercio de la superficie terrestre y este año podría convertirse en el más caluroso jamás registrado. Desde comienzos de la década de 2000, muchas regiones de Europa, incluida Suiza, se han vuelto más secas.
>> Este vídeo, en inglés, explica cómo se forman las nubes y cuál es el papel de la siembra de nubes:
«Muchos países invierten en la lluvia artificial porque están desesperados»
Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), unos cincuenta países —entre ellos Estados Unidos, China e Irán— experimentan con la siembra de nubes o la utilizan de forma habitual. La OMM la considera «una fuente sostenible de agua dulce». Empresas como la estadounidense Rainmaker, una de las líderes del sector, aseguran que las innovadoras tecnologías de siembra de nubes pueden poner fin a la escasez de agua.
¿Hemos entrado, entonces, en la era de la lluvia «a la carta»?
«En absoluto», responde tajante Ulrike Lohmann, profesora de Física de la Atmósfera en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH, en sus siglas en alemán) y una de las mayores expertas en investigación sobre las nubes. En la actualidad dirige en Suiza experimentos de siembra de nubesEnlace externo para estudiar los procesos que tienen lugar en su interior.
«Muchos países invierten en la lluvia artificial porque están desesperados: necesitan más precipitaciones, ya que los suelos son cada vez más áridos», afirma. Sin embargo, los resultados son limitados. «La cantidad de agua que se obtiene mediante la siembra de nubes es tan pequeña que estas intervenciones suponen un despilfarro de recursos», sostiene Lohmann.
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¿Cómo se provoca la lluvia artificial?
La siembra de nubes consiste en introducir partículas en las nubes. Estas partículas actúan como núcleos de condensación alrededor de los cuales se agrupan las diminutas gotas de agua o los cristales de hielo suspendidos en el aire. Cuando esos agregados alcanzan un tamaño y un peso suficientes, caen en forma de lluvia o de nieve, dependiendo de la temperatura.
Las partículas pueden dispersarse desde aviones o drones en vuelo, o mediante cohetes especiales lanzados desde tierra. La sustancia más utilizada es el yoduro de plata, debido a que su estructura es similar a la del hielo. También se emplean yoduro de potasio, hielo seco, cloruro de sodio o materiales biológicos como el polen o las bacterias.
El yoduro de plata no se considera problemático en cantidades relativamente reducidas —desde unas decenas de gramos hasta unos pocos kilogramos— que se utilizan para la siembra de nubes, explica Lohmann. Esta sustancia está presente de forma natural en los suelos. Sin embargo, su uso prolongado en una misma zona podría tener efectos negativos sobre el medio ambiente o la salud humana.
Sólo es posible en unas pocas nubes
La siembra de nubes requiere que ya existan nubes y esta técnica no puede generar precipitaciones de la nada, explica Ulrike Lohmann. «Podemos alterar la microestructura de una nube y modificar el equilibrio entre las gotas de agua y los cristales de hielo que contiene. Pero no somos capaces de cambiar las condiciones meteorológicas que dan lugar a su formación».
Por ejemplo, imaginar que puede hacerse llover artificialmente en el desierto, donde el cielo suele estar despejado, para que el paisaje se vuelva más verde es un planteamiento totalmente «absurdo», subraya la experta.
La mayoría de las nubes —la OMM distingue diez tiposEnlace externo en función de su forma y altitud— no producen precipitaciones y, a menudo, son demasiado delgadas para hacerlo. «Son muy pocas las nubes realmente aptas para la siembra de nubes», afirma Lohmann.
Las nubes que generan precipitaciones son el cumulonimbo, la clásica nube de tormenta de gran desarrollo vertical, y el nimboestrato, una nube baja, de desarrollo horizontal y color gris oscuro. «Solo podemos intervenir en las nubes que ya están a punto de producir lluvia».
67 millones de piscinas llenadas con lluvia artificial
China cuenta con el mayor programa de modificación del tiempo del mundo. Desde 2014 ha llevado a cabo más de 27.000 operaciones de siembra de nubesEnlace externo, con una inversión superior a los 2.000 millones de dólaresEnlace externo.
A finales de 2025, la agencia meteorológica china informó de que sus operaciones de lluvia y nieve artificiales habían generado, desde 2021, un total de 168.000 millones de toneladas de precipitaciones adicionalesEnlace externo. Esa cantidad de agua bastaría para llenar unos 67 millones de piscinas olímpicas.
Según un estudio chinoEnlace externo reciente, las precipitaciones y la cobertura vegetal en la cuenca del río Shiyang, en el noroeste del país, han aumentado considerablemente desde que comenzó la siembra de nubes en 2010. No obstante, hay quien pone en duda estos resultados.
Otros países —entre ellos Estados Unidos, India, Pakistán, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Rusia, Tailandia y Australia— también han experimentado con técnicas de siembra de nubes o las han adoptado con el objetivo de combatir la sequía. Recientemente, las autoridades indias recurrieron a la lluvia artificial para reducir la contaminación atmosférica en Nueva Delhi.
La siembra de nubes para prevenir los daños causados por el granizo
Los programas de siembra de nubes tampoco faltan en Europa, aunque son menos extensos que en Asia y Oriente Medio. En países como Francia y España, el objetivo es reducir los daños causados por el granizo. La introducción de partículas en las nubes favorece, de hecho, la formación de numerosos copos de granizo de pequeño tamaño, menos destructivos que unos pocos de mayor tamaño.
Suiza fue uno de los primeros países en recurrir a esta técnica contra el granizo. Las primeras pruebas se remontan a la década de 1950 del siglo pasado. Sin embargo, los experimentos, incluidos los más recientes realizados por la aseguradora BaloiseEnlace externo, se han interrumpido al considerarse ineficaces.
¿Habría llovido igualmente sin la intervención humana?
La siembra de nubes para inducir lluvia o nieve artificial funciona, afirma Ulrike Lohmann. «Pero no en una medida suficiente como para generar precipitaciones realmente significativas». La cantidad de lluvia depende del contenido de agua de la nube, «un factor sobre el que no podemos intervenir».
La OMM señalaEnlace externo en su página web que, en condiciones óptimas, la siembra de nubes puede aumentar las precipitaciones de una sola nube hasta en un 25 %. Sin embargo, según Lohmann, se trata de incrementos que parten de cantidades iniciales muy bajas: si caen 10 milímetros de lluvia y se añaden artificialmente 2,5, el aumento es del 25 %, pero el total sigue siendo limitado.
En el caso de los experimentos en China, la superficie total afectada es tan amplia —unos 5 millones de km²Enlace externo, aproximadamente la mitad del país— que, a escala local, los milímetros adicionales de lluvia resultan casi irrelevantes, según la experta.
Existe además otra limitación: no es posible determinar con certeza si una precipitación se debe realmente a la siembra de nubes o si habría ocurrido igualmente. «No disponemos de datos científicos que permitan demostrarlo, entre otras cosas porque no existe una nube idéntica a otra que sirva de comparación».
«La siembra de nubes no es una solución contra la sequía», subraya la experta. El único aspecto sobre el que puede influir es el momento en que se produce la precipitación: llueve un poco antes o un poco después.
Tensiones entre países por el agua
Lohmann ve más riesgos que ventajas en la producción de lluvia artificial. Los costes, aunque inferiores aEnlace externo los de grandes intervenciones de modificación del clima (geoingeniería climática), se vuelven elevados cuando se actúa sobre áreas extensas. Serían necesarias grandes flotas de aviones o drones, con inversiones del orden de millones de dólares, afirma.
Inducir a una nube a descargar agua en una zona determinada podría además reducir las precipitaciones en otro lugar. Eso podría generar tensiones entre regiones o Estados y dar lugar a una competencia por el agua, advierte Lohmann. «La cantidad de agua en una nube es limitada: hacer que llueva aquí significa “quitar” agua a quienes se encuentran en su trayectoria».
Para la experta del ETH, los pocos ejemplos de éxito de la siembra de nubes están relacionados con la lucha contra la contaminación y la gestión del tiempo atmosférico. Lohmann cita el caso de China, que dispersó artificialmente las nubes para garantizar cielos despejados durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008.
«La siembra de nubes es más eficaz para disipar las nubes y dejar el cielo despejado que para producir lluvia artificial», afirma.
Una buena noticia para el turismo de Zermatt, que puede confiar en garantizar un cielo despejado alrededor del Cervino todos los días.
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Artículo editado por Gabe Bullard y adaptado del italiano por Carla Wolff/pi.
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