Suiza necesita mejorar la detección precoz del cáncer de cuello de útero
Suiza ha puesto en marcha un programa nacional para prevenir los cánceres causados por el virus del papiloma humano (VPH), una iniciativa que podría permitir al país ponerse al día respecto a buena parte de Europa. Análisis.
- El Parlamento suizo ha aprobado una estrategia nacional contra el VPH, responsable de entre 75 y 100 muertes anuales por cáncer de cuello de útero.
- A diferencia de muchos países europeos, Suiza no reembolsa actualmente la prueba de detección del VPH, más precisa que la citología tradicional.
- Diversas organizaciones han solicitado a las autoridades federales que esta prueba pase a estar cubierta por el seguro médico.
Hace unos veinte años me vacuné contra el virus del papiloma humano (VPH), la infección de transmisión sexual más frecuente del mundo y la principal causa del cáncer de cuello de útero. Recuerdo haber esperado junto a mi madre en una larguísima cola, rodeada de cientos de chicas de mi edad, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Ginebra.
Era 2008 y unas 22.000 niñas del cantón de Ginebra pudieron recibir gratuitamente la vacunaEnlace externo en el marco de la política cantonal de inmunización. Acababa de ser autorizada en Suiza y el país seguía la estela de sus vecinos europeos, que también recomendaban la vacunación y ofrecían distintos niveles de financiación.
Vacunas contra el VPH
Las vacunas son una herramienta preventiva muy eficaz contra el VPH, un grupo de unos 200 virus que, en la mayoría de los casos, provocan infecciones sin consecuencias graves. Sin embargo, las variantes de alto riesgo pueden causar verrugas genitales y están detrás del 99 % de los casos de cáncer de cuello de útero, el cuarto tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres, por detrás de los de mama, pulmón y colorrectal. Investigaciones más recientes han demostrado además que estos virus también pueden provocar cáncer anal, de cabeza y cuello, vaginal, vulvar y de pene.
Entre 2020 y 2022, el 71 % de las chicas suizas de 16 años había recibido las dos dosis necesarias para completar la vacunación, el doble que entre 2008 y 2010. Se trata de una tasa similar a la registrada en 2024 en Bélgica, Finlandia, Hungría, Irlanda y Lituania entre las jóvenes de 15 años, según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC). Los países vecinos de Suiza presentaban porcentajes inferiores: algo más del 60 % en Austria, menos del 50 % en Francia y alrededor del 55 % en Alemania e Italia.
Sin embargo, la política de vacunación depende de los cantones y las diferencias territoriales son considerables. Mientras que algunos registraban en 2024 tasas de vacunación de apenas el 26 % entre las niñas, otros alcanzaban el 82 %.
Con el objetivo de reducir estas desigualdades y erradicar los cánceres relacionados con el VPH —en particular el cáncer de cuello de útero, que causa entre 75 y 100 muertes al año—, las dos cámaras del Parlamento suizo acordaron a principios de junio elaborar la primera estrategia nacional contra el virus.
El plan prevé vacunar al 90 % de las niñas y los niños. Estos últimos fueron incorporados a las campañas de vacunación a partir de 2015, cuando diversos estudios demostraron que el VPH también podía provocar cánceres en los hombres. En 2024, Portugal era el único país que había alcanzado ese objetivo entre los adolescentes de 15 años; Islandia y Noruega solo lo habían logrado entre las chicas.
Citologías frente a pruebas de VPH
Las vacunas, sin embargo, no bastan para eliminar los cánceres asociados al VPH. Ninguna ofrece una protección del 100 % y, además, las primeras se desarrollaron alrededor de 2006, por lo que una parte importante de la población suiza nunca llegó a vacunarse.
Por ello, el proyecto también subraya la importancia de la detección precoz.
Aquí entra en escena la citología cervical o prueba de Papanicolaou, un método de cribado con casi un siglo de historia. Fue desarrollado en 1928 en Estados Unidos por el médico Georgios Papanikolaou, cuyo apellido da nombre a la prueba. El examen permite detectar lesiones cancerosas en fases tempranas mediante la toma de muestras de células del cuello del útero y la búsqueda de anomalías.
Para acceder a la zona, el personal médico utiliza un espéculo vaginal, un instrumento de dos valvas diseñado hace unos 150 años para separar las paredes vaginales y que ya ha sido objeto de quejaEnlace externo por parte de algunas mujeres por ser un instrumento poco moderno. A continuación, se introduce una pequeña escobilla para raspar suavemente la superficie del cuello uterino y recoger células. Se trata de una prueba invasiva, generalmente incómoda y en ocasiones dolorosa, aunque esa es otra cuestión.
Las citologías han demostrado una gran eficacia para detectar células anómalas y se les atribuye una reducción de entre el 70 % y el 90 % de los casos de cáncer de cuello de útero. La prueba se introdujo en Suiza en la década de 1970 y se recomienda cada año para las mujeres de entre 21 y 29 años, y cada tres años a partir de los 30. Su coste ronda los 50 francos suizos (unos 63 dólares) y el seguro médico cubre una prueba cada tres años.
Sin embargo, existe un método aún más eficaz para detectar los cánceres relacionados con el VPH: la prueba de detección del virus. En lugar de analizar el aspecto de las células, busca directamente la presencia o ausencia del VPH en una muestra obtenida de forma similar a la citología. Desarrollada a principios de la década de 2000, se ha convertido progresivamente en el «patrón de referencia» para el cribado de mujeres mayores de 30 años, ya que ofrece una mayor precisión. Mientras que la citología identifica células anómalas o precancerosas, la prueba de VPH detecta el virus antes de que provoque alteraciones celulares.
Y es precisamente en este ámbito donde Suiza se está quedando rezagada. La mayoría de los países europeos, entre ellos Bélgica, Francia, Alemania e Italia, ya han adoptado esta prueba como método principal de detección. También está ampliamente implantada en Estados Unidos, Reino Unido, Turquía, Tailandia y China.
La cuestión del reembolso
En Suiza, las pruebas de VPH están disponibles, pero no están cubiertas por el seguro médico obligatorio. Las pacientes deben asumir un coste de unos 160 francos suizos. Una situación sorprendente en un país que presume de contar con uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo.
>>El cáncer colorrectal es uno de los que más han aumentado en Suiza. Más información en el siguiente artículo:
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Más gente joven padece cáncer intestinal. ¿Debería Suiza acelerar las pruebas de detección?
Ya en 2012, la Sociedad Suiza de Ginecología y Obstetricia (SGGG) señalaba en uno de sus informes de expertosEnlace externo que las pruebas de VPH estaban «revolucionando» el cribado del cáncer de cuello de útero.
En agosto de 2021, un comité piloto de cribado oncológico recomendó a la Oficina Federal de Salud Pública (OFSP) que incluyera estas pruebas entre las prestaciones reembolsadas. En febrero de 2025, la SGGG, junto con la Alianza VPH y la Liga Suiza contra el Cáncer, presentó formalmente una solicitud en ese sentido.
El proceso es largo y costoso. Preparar una solicitud de reembolso ante la OFSP requiere años de trabajo y cientos de miles de francos debido a la necesidad de aportar pruebas científicas, análisis económicos y evaluaciones de tecnologías sanitarias, una tarea especialmente compleja para organizaciones ajenas a la gran industria farmacéutica.
El procedimiento sigue en curso y podrían pasar varios años antes de que las pruebas de VPH sean finalmente reembolsadas.
Gracias a la calidad de su sistema sanitario, Suiza registra una de las tasas de mortalidad por cáncer de cuello de útero más bajas del mundo. Aun así, cada año unas 2.400 mujeres reciben un diagnóstico de lesiones precancerosas y alrededor de 250 desarrollan la enfermedad. En muchos casos, ello obliga a recurrir a tratamientos agresivos. Además, unas 75 mujeres fallecen anualmente por un cáncer que puede prevenirse y, potencialmente, erradicarse mediante la combinación de vacunación y detección precoz.
La detección temprana salva vidas. Y Suiza debería adoptar el método de cribado que hoy constituye el estándar de referencia internacional.
Editado por Virginie Mangin. Adaptado del inglés por Carla Wolff.
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