La baja natalidad en Suiza se agrava con la incertidumbre de la inteligencia artificial
En tiempos de incertidumbre económica, muchas parejas retrasan la decisión de tener hijos. Ahora emerge un nuevo factor de preocupación: la inteligencia artificial. El temor a que esta tecnología amenace la estabilidad laboral podría acentuar aún más el descenso de la natalidad en Europa y en Suiza.
La caída de la natalidad en las sociedades occidentales comenzó a acelerarse en la década de 1960 tras la llegada de la píldora anticonceptiva. En apenas diez años, el número de nacimientos se desplomó en los países industrializados. Desde entonces, la tendencia ha seguido siendo descendente.
Europa se enfrenta hoy a una escasez creciente de nacimientos, y Suiza no es una excepción. El número medio de hijos por mujer ha caído hasta 1,29, el nivel más bajo desde que existen registros, situándose incluso por debajo de la media de la Unión Europea, que es de 1,34.
Salvo en lo relativo a las políticas familiares —ámbito en el que Suiza sigue rezagada respecto a muchos países de la UE en cuestiones como la conciliación laboral y los servicios de cuidado infantil—, las causas de la baja natalidad son similares en todo el continente. Además de un cambio de valores, marcado por un mayor individualismo y la búsqueda de la realización personal, influye especialmente el retraso en la edad media de maternidad.
Muchas mujeres desean consolidar primero su carrera profesional por temor a sufrir desventajas laborales si tienen hijos antes. Como consecuencia, la decisión de formar una familia se pospone. El problema es que la ventana de tiempo disponible para tener descendencia se reduce y, en muchos casos, basta una complicación para que el proyecto no llegue a materializarse o se limite a un único hijo.
Cada vez más personas o parejas permanecen sin descendencia o terminan conformándose con un solo hijo en lugar de dos o más. La investigación demográfica habla de la «brecha del deseo de hijos», un indicador que solo puede medirse retrospectivamente. En Suiza, estudios anteriores ya mostraban una diferencia superior a medio hijo entre el número de hijos deseados y los finalmente tenidos.
Además de circunstancias personales como una separación, la incertidumbre económica es uno de los factores que más influyen en la natalidad. Ya pudo observarse tras la crisis financiera de 2008, cuando el número de nacimientos cayó temporalmente. Aunque en los años posteriores se produjo cierta recuperación, cada aplazamiento aumenta el riesgo de que finalmente no haya tiempo suficiente para cumplir los planes familiares previstos.
Una amenaza universal para la seguridad laboral
A esta tendencia se suman ahora nuevas incertidumbres. La estabilidad que muchas personas consideran necesaria antes de decidirse a tener hijos se ve amenazada en varios frentes. A corto plazo, por las tensiones geopolíticas y sus consecuencias económicas. A medio plazo, por el avance de la inteligencia artificial, que está sembrando dudas sobre el futuro del empleo.
En algunos sectores profesionales, entre ellos la ingeniería de software y la banca, el desempleo ya ha aumentado de forma significativa. Además, las ofertas dirigidas a jóvenes que comienzan su carrera profesional están disminuyendo, ya que las tareas rutinarias son las más susceptibles de ser sustituidas por sistemas de IA.
Así lo constató el estudio del MIT ¿Canarios en la mina de carbón? Seis datos sobre los recientes efectos de la IA en el empleoEnlace externo, publicado a finales de 2025. Según sus resultados, el empleo de jóvenes en ocupaciones especialmente expuestas a la inteligencia artificial —como el desarrollo de programas informáticos o la atención al cliente— se redujo alrededor de un 16 %. El título ‘Canarios en la mina de carbón’ alude a los canarios que antaño se utilizaban en las minas como sistema de alerta ante la presencia de gases peligrosos. La duda es si estos primeros impactos sobre el empleo anticipan transformaciones mucho más amplias en el mercado laboral.
Más incertidumbre, menos nacimientos
La reconocida demógrafa finlandesa Anna Rothkirch sostiene que el creciente temor a ser reemplazados también puede tener consecuencias sobre la natalidad.
«Es la clase media la que tiene hijos. Si este grupo y, especialmente, las personas jóvenes se ven afectadas económicamente por la inteligencia artificial, eso tendrá consecuencias», afirma.
A su juicio, todo gira en torno al momento elegido para formar una familia. «Todo el mundo retrasa el nacimiento del primer hijo. Francamente me impresionan estas tendencias».
Laura Bernardi, demógrafa de la Universidad de Lausana y especialista en investigación sobre trayectorias vitales, considera que la incertidumbre laboral asociada a la inteligencia artificial es uno más de varios factores de riesgo.
Según explica, esta incertidumbre no actúa como un fenómeno aislado, sino en el contexto de «una serie de presiones que se refuerzan mutuamente», entre ellas el aumento de los costes de la vivienda y del nivel de vida en Suiza.
La consecuencia, advierte, podría ser una tasa de natalidad persistentemente baja.
Ritmos de vida alterados y parejas digitales
Bernardi plantea además la hipótesis de que la inteligencia artificial y los cambios que introduce en el mundo laboral podrían afectar a la natalidad al modificar nuestra percepción del tiempo.
«Vivimos en una época de aceleración social», señala.
El trabajo multitarea, la comunicación en línea y la inteligencia artificial han incrementado la productividad y permitido una flexibilidad inédita.
«Sin embargo, a nivel individual la percepción no es la de disponer de más tiempo, sino la de sufrir una mayor presión temporal. Y tanto la crianza como la maternidad y la paternidad requieren un ritmo que sigue siendo relativamente lento».
En otras palabras, el ritmo acelerado del trabajo con inteligencia artificial encaja mal con la calma y el tiempo que requiere la crianza.
El vértigo de un mundo laboral marcado por los algoritmos
A largo plazo, incluso las relaciones afectivas digitales podrían influir en la natalidad.
El mercado de las llamadas AI girlfriends o parejas virtuales generadas por inteligencia artificial crece con rapidez. En Estados Unidos, diversos estudios indican que cerca del 70 % de las personas adolescentes ya ha tenido alguna experiencia romántica con un chatbot.
La psicóloga evolutiva suiza Desiree Popelka, que investiga este fenómeno, considera que la capacidad para establecer relaciones personales podría verse comprometida en toda una generación.
Por ahora, no existe evidencia estadística de un «descenso de la natalidad provocado por la IA». La mayoría de los países siguen registrando una disminución gradual y sostenida de los nacimientos.
Esta interpretación convive, sin embargo, con otras posiciones contrarias. Se espera, por ejemplo, que la inteligencia artificial contribuya a mejorar la medicina reproductiva y reduzca el número de parejas que no pueden tener hijos de manera involuntaria.
La utopía de una vida más libre
Al mismo tiempo, sigue viva la idea de una sociedad en la que la inteligencia artificial y la robótica liberen a las personas de buena parte de sus cargas laborales, permitiéndoles dedicar más tiempo a los aspectos fundamentales de la vida.
Sin embargo, esa visión depende de numerosas condiciones previas, entre ellas una distribución más equitativa de las ganancias de eficiencia generadas por la inteligencia artificial.
Por el momento, la revolución de la IA está generando sobre todo incertidumbre. Y esa incertidumbre, muestran los datos, ya está dejando huella en las salas de maternidad.
¿Cómo será el futuro con la inteligencia artificial y qué implican estas perspectivas para la sociedad? Para saber más lea el siguiente artículo:
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La IA, ¿resolverá los grandes problemas de Suiza o la sumirá en la miseria?
Artículo editado por Balz Rigendinger y adaptado del alemán por Carla Wolff/pi
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