La crisis del coronavirus ha impulsado el teletrabajo, pero tardará en generalizarse

En Suiza, al igual que en otros países, la pandemia de COVID-19 ha impulsado el uso del teletrabajo, con algunas ventajas en términos de productividad y calidad de vida. Seguramente, este modelo laboral se mantendrá en parte después de la crisis, pero la virtualización total del trabajo no se producirá de la noche a la mañana. 

Un profesor del cantón Vaud teletrabaja al tiempo que cuida de su hijo, tras el cierre de las escuelas. Keystone / Jean-Christophe Bott


Las empresas suizas tienen que pagar una parte del alquiler de sus empleados que trabajan desde casa. Así lo decidió el Tribunal Federal en un caso reciente, del que se ha hecho eco el SonntagsZeitung. La indemnización fue reclamada por el trabajador de una compañía fiduciaria de Zúrich. El caso tuvo lugar antes de la pandemia de Covid-19 y, dada la oleada de teletrabajo que se ha registrado durante la crisis del coronavirus, los expertos no se ponen de acuerdo sobre la aplicabilidad de esta sentencia durante la crisis sanitaria.

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Entre sus muchas repercusiones, la pandemia de COVID-19 ha tenido el efecto de modificar el mundo del trabajo. En Suiza, las medidas de semiconfinamiento decretadas a mitad de marzo por el Consejo Federal (gobierno) han llevado a muchos empleadores a extender el uso del teletrabajo o incluso a recurrir a él por primera vez en sus empresas.

Esta modalidad de trabajo viene ya experimentando un crecimiento constante desde hace algunos años, prácticamente en todos los sectores. El año pasado, casi una cuarta parte de los trabajadores en Suiza trabajaron desde sus domicilios, al menos en alguna ocasión. En el momento culminante de la crisis el teletrabajo se duplicó, según un estudio realizado por la consultora Deloitte Suiza.




Cuando comienzan a levantarse las medidas del confinamiento, surge la pregunta de qué quedará de esta experiencia a gran escala. En cualquier caso, habrá servido para que las empresas sean conscientes de que la mayoría de los empleados no trabajan menos cuando teletrabajan, sino más bien al contrario.

Aumento de la productividad en varios sectores

La mayoría de las personas entrevistadas en la encuesta de Deloitte afirmaron que el trabajo desde casa no había perjudicado su productividad. Incluso, algo más de cuatro de cada diez creen haber ganado en eficacia. Según Elena Debbaut, especialista en gestión de crisis, el efecto del trabajo a distancia sobre la productividad general es variable. Los trabajadores de los sectores que se basan en la presencia (apoyo administrativo, ventas, etc.) pueden perder productividad.

Por el contrario, en algunos sectores “el aumento de la productividad es muy claro” y los que están relacionados con las tecnologías de información y la comunicación son los principales ganadores, según la analista. “Con el teletrabajo no hay interrupciones innecesarias, ni la presión social de estar presente o de parecer. Solo cuentan los resultados”, señala Debbaut a swissinfo.ch.

En un informe publicado en 2017, la Organización Mundial del Trabajo (OIT) y la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo (Eurofound) hacían la misma constatación y recomendaban aumentar el teletrabajo. El informe elogiaba también la posibilidad de conciliar mejor la vida familiar y la profesional, así como de reducir los desplazamientos. Y en cuanto a las ventajas para las empresas, se mencionaba el disponer de empleados más motivados y el ahorro relacionado con la reducción de las oficinas necesarias.

Encontrar un equilibrio

El trabajo desde casa plantea también riesgos para el equilibrio de los empleados. El informe de la OIT y de Eurofound destaca una tendencia a trabajar más tiempo y posibles interferencias entre el trabajo y la vida familiar. “Mucha gente pasa ocho horas y media sin despegarse de la pantalla por temor a ser considerados tramposos, mientras que en el trabajo hacen sus pausas regularmente”, explica Nadia Droz, sicóloga y consultora en salud laboral. “Algunas personas echan en falta la interacción social, sin sus colegas”, añade la sicóloga. La experiencia difiere según las situaciones materiales: la falta de un espacio de trabajo específico o la presencia de miembros de la familia en la casa pueden ser fuentes de distracción o de estrés. Para los autores del informe de la OIT y Eurofound, el equilibrio ideal entre ventajas e inconvenientes sería teletrabajar de dos a tres días por semana.

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Subsisten algunos impedimentos

En los últimos dos meses muchos trabajadores han tenido la ocasión de saborear estas ventajas y los expertos de Deloitte predicen que es poco probable que el número de personas que trabajen a distancia vuelva al nivel anterior a la crisis. ¿Significa esto que el modelo se va a generalizar de manera rápida y extensa por toda Suiza? Elena Debbaut no lo cree así. “En los próximos 18 a 24 meses después de la crisis no habrá nada revolucionario”, porque quedan en pie muchos obstáculos, puntualiza.

Las barreras culturales serán difíciles de eliminar. Incluso hoy, a pesar del cambio de costumbres debido a la pandemia, “hay todavía resistencias”, señala. Otro obstáculo son las inversiones necesarias para el teletrabajo: material informático, ciberseguridad, seguros… “Con el teletrabajo ya no es un solo local el que hay que asegurar y controlar, sino una multitud de lugares. (…) Trabajar desde casa sigue siendo más costoso y arriesgado que hacerlo en las instalaciones de la empresa. Y eso el teletrabajador no lo ve”, afirma Elena Debbaut.

Tampoco existe de momento un marco legal claro. “Habrá que revisar completamente el derecho laboral para incluir el teletrabajo y eso llevará unos años como mínimo”, continúa la experta.

Una tendencia, diferentes escenarios

Esto no quita que esté surgiendo una tendencia clara en todo el mundo con relación al teletrabajo. Es posible establecer distintos escenarios sobre el impacto que puede tener a largo plazo en Suiza. Para Elena Debbaut el más realista en la práctica sería el que se adapte al marco ya existente. El teletrabajo iría aumentando caso por caso, pero sin una generalización espectacular.

En la versión más optimista, los empleados permanecerían en Suiza, pero el teletrabajo aliviaría la presión en términos de vivienda o infraestructuras de los polos económicos. Pero existe también un escenario pesimista, con riesgo de abusos y una “uberización de los trabajadores”: algunas empresas podrían verse tentadas a hacerles asumir una parte de los costes operativos o deslocalizar masivamente la mano de obra que hoy se encuentra en Suiza.

Suiza no es vanguardista en materia de teletrabajo

El cómputo que hace la Oficina Federal de Estadística (OFE) del teletrabajo incluye también el que es muy ocasional. Del casi un 25% de los trabajadores que practica el teletrabajo en Suiza, solo el 3% lo hace de manera regular, es decir, más de la mitad del tiempo. Los expertos contactados por swissinfo.ch señalan que muchas empresas suizas se encuentran rezagadas en esta cuestión, debido principalmente a razones culturales.

En otros países las cifras varían considerablemente. El último estudio global sobre el tema en la Unión Europea (UE) se remonta a 2015. En la UE la media entonces se acercaba al 17%, pero el rango variaba desde un 8% en Italia a un 35% en Dinamarca. En Estados Unidos la proporción de trabajadores trabajando casi al 100% a distancia era ligeramente superior al 3% antes de la crisis. Esa proporción se habría más que duplicado en abril de 2020, según el Instituto Brookings.

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