En Benín, la producción de manteca de karité ofrece perspectivas frente al terrorismo
El terrorismo procedente del Sahel desestabiliza África Occidental. Los grupos armados vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico se aprovechan de la pobreza endémica para reclutar nuevos combatientes. En el norte de Benín, unas cooperativas de mujeres apuestan por un árbol tradicional para abrir nuevas perspectivas económicas. Reportaje sobre esta iniciativa respaldada por Suiza.
El árbol supera en varios metros la altura de las mujeres. Cuando el sol aprieta, les ofrece refugio. En los momentos oscuros, es portador de esperanza. Lo llaman «el árbol reparador». Las hojas del árbol de karité se utilizan en la medicina tradicional y, en la región del Sahel, se le atribuyen poderes mágicos.
Pocas plantas son tan versátiles como el árbol de karité. A partir de las almendras de sus nueces, las mujeres elaboran la manteca de karité, muy apreciada tanto en Benín como en el extranjero. Sirve como cuidado para la piel, por ejemplo para las manos agrietadas, o como grasa alimentaria, para llenar los estómagos hambrientos. Con su ayuda, 3.600 mujeres del norte de Benín quieren también contribuir a reparar las fracturas dentro de la sociedad.
Antes, cuenta una de ellas, las mujeres salían al campo cuando aún era de noche, para aprovechar el frescor matutino que les permitía soportar mejor las agotadoras tareas de la cosecha. Hoy en día, esperan hasta el amanecer, debido a los informes que hablan de desconocidos merodeando por los campos.
El yihadismo se ha afianzado en el norte del país. Aquí, no lejos de Banikoara, el día a día está cada vez más marcado por el miedo. La gente teme ser expulsada de sus pueblos. A diferencia del sur, corazón económico y político del país, el control del Estado es aquí prácticamente inexistente.
El año pasado, los extremistas perpetraron varios ataques graves en la frontera con Burkina Faso y Níger, lo que convirtió a 2025 en el año más mortífero en la lucha contra los grupos terroristas en Benín. En un solo día, 87 personas perdieron la vida en un ataque coordinado contra bases militares.
La red ayuda a las mujeres a ganar autonomía
La cooperativa «Association des Femmes Vaillantes et Actives» (AFVA) quiere abrir nuevas perspectivas. Creada en 2007, la organización se compromete con las necesidades de las mujeres. Sus principales objetivos son el trabajo en red y el empoderamiento, especialmente a través de la formación. Desde 2021, la cooperativa colabora con la organización suiza de desarrollo Brücke Le Pont. El proyecto, en el que participan 3.600 mujeres de cuatro municipios del norte de Benín, organizadas en 120 cooperativas de 30 miembros cada una, tiene como objetivo reforzar su autonomía en la cadena de valor del karité.
A través de colaboradores locales en Benín, Brücke Le Pont, con sede en Friburgo, apoya a sus socios sobre el terreno, en particular mediante la creación de redes o la elaboración de presupuestos. La ONG apuesta desde hace tiempo por un enfoque arraigado localmente, tal y como se define en la estrategia de cooperación internacional 2025-2028 del Ministerio de Asuntos Exteriores.
«La cooperativa ayuda a las mujeres a ganar independencia. Gracias al dinero extra que ganan, pueden enviar a sus hijos a la escuela», explica con orgullo Mamatou Yacoubou, presidenta de la AFVA de Banikoara.
La creación de redes permite a las cooperativas adquirir material profesional y acceder a créditos. Durante los cursos de formación, las mujeres adquieren conocimientos sobre la gestión de microempresas o, en particular, sobre el cumplimiento de las normas de producción en el cultivo y la transformación de las nueces de karité.
De este modo, se ha podido mejorar considerablemente el rendimiento y la calidad del producto final. «Nuestros productos son muy apreciados en el mercado», señala Mamatou Yacoubou. Y esto, aunque sean más caros: la calidad tiene un precio.
Benín, antes bastión de estabilidad, hoy en primera línea
Una iniciativa digna de elogio para esta región azotada por la pobreza. En el norte de Benín, el desempleo está muy extendido, especialmente entre los jóvenes. El trabajo de estas mujeres supone, por tanto, una aportación sustancial a los ingresos de los hogares.
Los hombres, por su parte, también ven esta contribución con buenos ojos. El árbol bajo el cual se reúnen las mujeres con las que nos encontramos, en el campo a las afueras de Banikoara, fue donado a la cooperativa por un vecino del municipio. «El pueblo se beneficia de este proyecto. Refuerza la cohesión, y eso es casi más importante que el dinero», nos explica este anciano.
Mientras los grupos armados del Sahel amplían cada vez más sus actividades hacia el sur, la falta de perspectivas constituye un caldo de cultivo para la radicalización. La milicia yihadista Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GSIM o JNIM en árabe), aliada a Al Qaeda, ha bloqueado recientemente el suministro de combustible a Bamako, la capital de Mali.
Con más de la mitad de las muertes atribuidas al terrorismo en el mundo, la zona del Sahel constituye uno de los escenarios de terrorismo más mortíferos del planeta. Los golpes de Estado militares, la retirada de las tropas francesas y la fragilidad institucional han dado a los grupos armados de Mali, Níger y Burkina Faso una gran libertad de movimiento, especialmente hacia el sur.
La ofensiva yihadista hacia el sur obedece a una lógica estratégica: las milicias quieren acceder al mar, escenario del comercio mundial. «No se puede hacer la guerra sin comerciar. Y es el comercio el que alimenta la guerra», resume Raymond Bernard Goudjo. El director de la organización benéfica católica Cáritas constata la expansión yihadista desde hace años.
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La pobreza, caldo de cultivo de la radicalización
El norte de Benín constituye un territorio propicio para la expansión de las milicias yihadistas. Los terroristas se aprovechan de la casi ausencia del Estado en numerosas zonas rurales, explica Raymond Bernard Goudjo. Llenan ese vacío ofreciendo su protección, incluso para actividades ilegales. En la región fronteriza, por ejemplo, el contrabando de combustible está en auge. El resultado es una peligrosa forma de sistema paralelo.
Aparte de su presencia militar, el Estado prácticamente no opone resistencia a los grupos armados. «Una solución militar nunca ha sido, ni será, la respuesta a un problema social», subraya el director de Cáritas Benín. Para él, la clave no reside únicamente en las armas, sino en la prevención. Sin inversiones en cohesión social, educación y refuerzo de la presencia del Estado, el conflicto en el Sahel corre el riesgo de seguir extendiéndose hacia el sur.
Más de la mitad de las personas afectadas por la pobreza extrema en el mundo viven en el África subsahariana, recuerda el Ministerio de Exteriores de Suiza en su estrategia de cooperación internacional 2025-2028. Benín es también un país prioritario de la cooperación suiza al desarrollo, al igual que los Estados del Sahel: Burkina Faso, Níger, Malí y Chad. Pero, mientras estos luchan contra la propagación del terrorismo desde hace tiempo, el país ha sido considerado durante mucho tiempo como una excepción estable.
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El papel de Suiza en puntos conflictivos de África
Voces locales por la paz y la cohesión
En Banikoara, no lejos de los lugares donde se produjeron atentados el año pasado, la radio local se ha comprometido en la lucha contra el miedo. La redacción ha adaptado su programación para hacer hincapié en la convivencia pacífica. Por ejemplo, ofrece mesas redondas en las que participan autoridades religiosas, responsables políticos locales, jóvenes y mujeres. «El objetivo es reforzar la conciencia de que la paz y la seguridad son responsabilidad colectiva de toda la población», explica el director de programas, Dominique Dingui.
Entre los temas tratados destacan el diálogo entre ganaderos y agricultores, la resolución no violenta de conflictos y las perspectivas económicas para los jóvenes. «Les explicamos claramente que es posible crear pequeñas empresas sin necesidad de tener un título», añade el director.
Reunir a las personas, crear perspectivas, reforzar la cohesión: todos ellos son valores que también defiende la organización AFVA. Tras el trabajo en el campo, las mujeres se reúnen alrededor de un árbol para transformar las nueces de karité en manteca. Un proceso laborioso, que requiere la participación de muchas personas. A largo plazo, la AFVA prevé la creación de una unidad de producción central.
Así, para miles de personas, un árbol y sus frutos representan una fuente de esperanza. A través de las cooperativas de mujeres, se desarrolla una red resiliente que, de paso, ofrece una alternativa a la radicalización.
Edición, Benjamin von Wyl /adaptación del alemán por Patricia Islas
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