La tensión en el estrecho de Ormuz pone a prueba a Suiza
Más de un mes de cierre efectivo del estrecho de Ormuz ha puesto de relieve la vulnerabilidad de las cadenas mundiales de suministro energético y humanitario. Swissinfo ha analizado las consecuencias para Suiza y para las organizaciones con sede en el país que sostienen el comercio y la ayuda internacionales.
Las interrupciones son consecuencia de una fuerte escalada después de que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques contra Irán a finales de febrero. Teherán respondió con amenazas de represalia y ataques a buques en el Golfo, elevando los riesgos para la navegación y paralizando de facto el tráfico a través de esta estrecha vía marítima entre Omán e Irán.
Estados Unidos e Israel siguen en guerra con Irán. Sin embargo, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció el martes por la noche que suspendería durante dos semanas los ataques previstos contra Irán, dando marcha atrás pocas horas antes de un plazo que él mismo había fijado tras advertir de que «toda una civilización moriría esa noche».
El alto el fuego está vinculado a la reapertura del estrecho de Ormuz y a avances en las negociaciones. Teherán afirma que permitirá el paso seguro de los buques que coordinen con sus fuerzas armadas, subrayando así que mantiene el control. La situación sigue siendo frágil.
Aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas mundiales transita por este estrecho marítimo, junto con una parte significativa del comercio marítimo global. «Las interrupciones en Ormuz obligan a redibujar en tiempo real los flujos energéticos mundiales, con las sedes de comercio suizas en el centro de esta reconfiguración», afirma Florence Schurch, secretaria general de SUISSENÉGOCE, la principal asociación del sector del comercio de materias primas en Suiza.
El prolongado cierre también ha alterado las operaciones humanitarias, interrumpiendo el flujo de insumos clave que sostienen la producción mundial de alimentos y los suministros de emergencia.
«Se trata de la perturbación más importante de las cadenas de suministro desde la pandemia de COVID-19 y el inicio de la guerra en Ucrania», declaró a finales de marzo en Ginebra Corinne Fleischer, directora de la cadena de suministro del Programa Mundial de Alimentos (PMA). «Lo que hoy es una crisis de suministro se convertirá mañana en una crisis de hambre, a medida que aumenten los precios en los mercados locales».
¿Cómo afecta esto a Suiza?
La vulnerabilidad de Suiza radica menos en las importaciones directas que en su papel en la gestión de los movimientos globales de materias primas.
Como explica Schurch, «una parte significativa de los flujos de petróleo y gas vinculados al Golfo se estructura, financia y gestiona desde Suiza, aunque las mercancías nunca pasen físicamente por su territorio». Destaca el trabajo de equipos altamente cualificados que operan las 24 horas y que permiten a países de Europa y Asia asegurar sus suministros pese a las interrupciones.
El economista Peter Klimek coincide. «Suiza tiene una exposición directa muy limitada a las perturbaciones comerciales en el estrecho de Ormuz», afirma, citando datos de 2024. En total, Suiza importó directamente de la región del Golfo unos 14.000 millones de dólares (11.200 millones de francos suizos), menos del 4% de sus importaciones totales.
El principal flujo fue el oro en bruto no monetario procedente de Emiratos Árabes Unidos, por valor de unos 12.400 millones de dólares. Otras importaciones fueron sobre todo joyería y bienes preciosos, siendo el azufre de Catar el principal insumo relacionado con la energía.
¿Qué impacto económico tendría un cierre prolongado para Suiza?
«El efecto más inmediato sería energético: el encarecimiento del petróleo y el gas actuaría como un impuesto directo sobre los hogares, reduciendo la renta disponible real y obligando a recortar el gasto discrecional», señala Rajeev De Mello, director de inversiones de GAMA Asset en Ginebra. Si los precios elevados se mantienen, el coste de reponer las reservas de gas y gasóleo de calefacción añadiría más presión.
Al mismo tiempo, un menor crecimiento en Europa, principal socio comercial de Suiza, amplificaría el impacto. El aumento de los costes energéticos frenaría la demanda, reduciría los márgenes empresariales y minaría la confianza, traduciéndose en menores exportaciones, inversión y actividad económica en Suiza.
«Suiza no quedaría aislada de ese efecto contagio», añade De Mello. «Una demanda europea más débil, una menor confianza y un entorno de inversión más prudente lastrarían la actividad».
¿Qué sectores se ven más afectados?
Klimek señala que las empresas de comercio de materias primas son las primeras afectadas, ya que la interrupción de los flujos energéticos reduce volúmenes y aumenta la volatilidad. La subida de precios también incrementa las exigencias de garantías, generando una fuerte presión de liquidez, aunque mejore el potencial de beneficio a corto plazo.
Los bancos se verían afectados en segundo lugar a través de la financiación del comercio, endureciendo el crédito ante el aumento de riesgos y la volatilidad de las garantías. Eso puede generar restricciones de liquidez que retroalimenten los mercados físicos, reduciendo los flujos y elevando los precios.
Las aseguradoras y las reaseguradoras —empresas que aseguran a las propias aseguradoras para que puedan repartir los riesgos— serían las siguientes afectadas si aumentan las reclamaciones o si el riesgo del transporte marítimo se encarece hasta el punto de que asegurar determinados envíos resulte muy difícil o prohibitivamente caro. Eso podría restringir directamente el comercio, como ya ocurrió en fases anteriores de la crisis.
Las primas de riesgo de guerra para el transporte marítimo comercial se dispararon hasta entre el 0,2% y el 1% del valor del buque (es decir, del propio barco) en 48 horas, y hasta el 5–7,5% para embarcaciones vinculadas a Estados Unidos, Reino Unido o Israel. El resultado fue un desplome del tráfico marítimo.
«El impacto sobre la industria y el sector farmacéutico suizos sería sobre todo indirecto, a través de la energía más cara, el aumento del coste de insumos químicos y unas cadenas logísticas más costosas o interrumpidas», explica.
Klimek subraya que el tiempo es un factor clave. Tras cuatro semanas, las reservas ya empiezan a ponerse a prueba, con señales tempranas como paradas temporales en India. A medida que llegan los últimos envíos y se reducen los inventarios, será más difícil cubrir los huecos, incluso si la interrupción termina.
¿Cómo reaccionan las empresas de comercio con sede en Suiza?
«Las sedes de comercio suizas están en primera línea asumiendo el shock», afirma Schurch. «Pero ese es precisamente su papel: amortiguar esas perturbaciones para el resto de la economía. Gestionar crisis e incertidumbre forma parte de su actividad diaria».
Cuando aumentan las tensiones en Ormuz, añade, la prioridad es garantizar la seguridad de las personas a bordo de los buques. Solo después se adoptan medidas como redirigir cargamentos, renegociar contratos o ajustar estrategias de cobertura. Esta capacidad de reacción rápida permite mantener el suministro de energía pese a las interrupciones.
«Es el conjunto del conjunto del núcleo comercial suizo el que transforma una crisis global en la búsqueda de soluciones concretas, convirtiendo a Suiza en un factor de estabilidad para los mercados energéticos», sostiene.
Las fuertes fluctuaciones en los mercados pueden generar oportunidades, pero, sobre todo, ponen de relieve el papel de estas empresas como gestoras de riesgos. Las compañías con buena capacidad financiera pueden absorber los impactos y seguir asegurando el suministro de materias primas cuando otras se retiran.
Aun así, el fuerte aumento de los precios presiona la liquidez. «Es una suerte que los bancos suizos sigan disponiendo de liquidez suficiente para financiar esta actividad. Sin ello, los precios subirían aún más. La confianza entre las casas de comercio y los bancos es crucial en momentos de gran disrupción».
¿Qué implicaciones tiene para la alimentación y la ayuda humanitaria?
El aumento del precio del combustible encarece el transporte de ayuda, mientras que las disrupciones logísticas alargan los plazos de entrega. Según el PMA (Programa Mundial de Alimentos), el bloqueo del estrecho de Ormuz ha retrasado o inmovilizado 70.000 toneladas de alimentos.
Para mantener los suministros, el PMA ha tenido que desviar rutas. Para llegar a Afganistán, donde 17 millones de personas sufren hambre, los camiones que parten de Emiratos Árabes Unidos evitan Irán pasando por Arabia Saudí, Jordania, Siria, Turquía, Azerbaiyán y Turkmenistán. «Eso supone un coste adicional de unos 1.000 euros (920 francos suizos) por tonelada y tres semanas más», explica Fleischer.
En un contexto de presupuestos humanitarios ajustados, el PMA teme tener que reducir sus operaciones. «Si aumentan los costes, también aumenta el coste por beneficiario. Y podremos ayudar a menos personas».
Más allá del petróleo, el estrecho de Ormuz es también un paso estratégico para el gas natural licuado y los fertilizantes. Según un informeEnlace externo de la UNCTAD del 10 de marzo, varios países menos desarrollados dependen en gran medida de fertilizantes del Golfo Pérsico: Sudán importa más del 50% y Somalia el 30%.
La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) indicaEnlace externo que alrededor de una quinta parte del gas natural licuado mundial —clave para los fertilizantes nitrogenados— y hasta el 30% de los fertilizantes comercializados globalmente transitan por Ormuz. Si la crisis persiste, los precios podrían aumentar entre un 15% y un 20% en el primer semestre.
«Los agricultores se enfrentan a un doble impacto de costes: fertilizantes más caros y un aumento del precio del combustible que afecta a toda la cadena agrícola», señala Máximo Torero, economista jefe de la FAO. Esta situación podría llevar a reducir el uso de fertilizantes, con el riesgo de disminuir las cosechas futuras.
¿Cuál es el peor panorama posible?
Una escalada brusca podría llevar el precio del petróleo hasta los 150 dólares por barril y desencadenar un impacto económico más amplio, advierte De Mello. «El impacto probablemente iría más allá de una tensión energética temporal y evolucionaría hacia un riesgo de recesión global», afirma. «Como economía pequeña y muy abierta, Suiza sería especialmente vulnerable a través del comercio, la inversión y la confianza».
Por su parte, el PMA estima que si el conflicto se prolonga más allá del primer semestre y el petróleo se mantiene por encima de los 100 dólares por barril, 45 millones de personas podrían caer en inseguridad alimentaria aguda, en un mundo donde ya 318 millones padecen hambre.
«Si este conflicto continúa, provocará ondas de choque en todo el mundo, y las familias que ya no pueden permitirse su próxima comida serán las más afectadas», advirtió el mes pasado Carl Skau, director ejecutivo adjunto del PMA, en una rueda de prensa en Ginebra. Según el análisisEnlace externo de la agencia, los países del África subsahariana y de Asia son los más vulnerables por su dependencia de las importaciones de alimentos y combustible.
Texto original editado por Virginie Mangin. Adaptado del inglés por Carla Wolff.
Recopilación de imágenes por Thomas Kern.
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