
«Los grupos de presión y los países petroleros han socavado el tratado sobre plásticos en Ginebra»

Las negociaciones para un tratado vinculante sobre la contaminación por plásticos fracasaron el viernes en Ginebra. Varios especialistas señalan la presión ejercida por los grupos de interés y los países productores de petróleo y plástico.
El veredicto se dio a conocer a primera hora del viernes pasado: «No tendremos un tratado sobre la contaminación plástica aquí en Ginebra», declaró el representante de Noruega durante una sesión plenaria.
Las negociaciones, que se llevaron a cabo durante diez días y debían concluir a medianoche del 14 de agosto, se prolongaron hasta las seis de la mañana. Los jefes de las 185 delegaciones reunidas en Ginebra debían aceptar entonces un texto de compromiso, aún impreciso en más de un centenar de puntos. Casi todos los países presentes en la sesión informal lo rechazaron.
Cada año se producen más de 400 millones de toneladas de plásticoEnlace externo, la mitad de las cuales son de un solo uso. Menos del 10 % se recicla. El resto se acumula en vertederos, suelos y mares, o se descompone en microplásticos que contaminan los ecosistemas y se infiltran en la sangre humana.
La producción mundial de plásticos se ha duplicado en veinte años y podría triplicarse de aquí a 2060, según la OCDEEnlace externo. En respuesta a esta plaga, la ONU adoptó en 2022 una resolución para un tratado internacional vinculante que abarca todo el ciclo de vida del plástico, en particular frenando su producción y mejorando la gestión de los residuos.
La producción del plástico, punto central del conflicto
La reducción de la producción de plástico fue el principal escollo de las discusiones. El objetivo era fijar un límite máximo mundial a la producción y reducirla progresivamente, al tiempo que se limitaban las sustancias tóxicas utilizadas en la fabricación. Se trata de un tema delicado, que enfrentó a dos bandos en un pulso que recordó a las negociaciones sobre el clima.
Por un lado, una ambiciosa coalición liderada por Noruega y Ruanda —a la que pertenece Suiza— que pedía un objetivo vinculante de reducción de la producción para 2040, de conformidad con el mandato de la ONU, que abarcara todo el ciclo de vida del plástico, desde su fabricación hasta su eliminación.
Frente a ellos, los países productores de petróleo y plástico, como Arabia Saudí, Rusia, Irán o China, habrían intentado limitar el tratado a la gestión de residuos, sin restringir la producción.
Ya en diciembre, durante lo que debían ser las negociaciones finales en Busan, Corea del Sur, este bloque de países se opuso a cualquier limitación de la producción, lo que provocó un fracaso rotundo.
«Algunos países no han venido aquí para ultimar un texto, sino para hacer exactamente lo contrario: bloquear cualquier intento de avanzar hacia un tratado viable», denunciaba David Azoulay, director del programa de Salud Ambiental y jefe de la delegación del Centro para el Derecho Internacional Ambiental (CIEL).
Azoulay ha calificado las negociaciones de Ginebra como un «fracaso total». «Es imposible encontrar un terreno de entendimiento entre quienes quieren preservar el statu quo y la mayoría que desea un tratado funcional, susceptible de ser reforzado con el tiempo».

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Negociaciones clave en Ginebra sobre la contaminación por plásticos
El bloqueo de los países petroleros y los grupos de presión
Por otro lado, también se ha señalado la presión precisamente por parte de los grupos de interés (o lobistas) y los países petroleros. Según un análisis de CIEL, más de 234 lobistas de la industria de los combustibles fósiles y la químicaEnlace externo estuvieron presentes en las negociaciones de Ginebra, formando así la mayor delegación presente.
Diecinueve de ellos incluso se integraron en delegaciones nacionales, en particular las de Egipto (6), Kazajistán (4), China (3) e Irán (3). Entre ellos se encuentran gigantes del sector como ExxonMobil, Dow o el American Chemistry Council, pero también Coca-Cola y Lego.
«Estos grupos de interés suelen ejercer presión sobre los Estados miembros, recurren a tácticas intimidatorias y tratan de reducir la ambición de los procesos relacionados, lo que obstaculiza la consecución de un tratado ambicioso», destaca Ximena Banegas, especialista en plásticos y petroquímica de CIEL.
¿Hacia un nuevo proceso?
La incertidumbre se cierne sobre el futuro de las negociaciones. Felix Wertli, jefe de la delegación suiza contactado por Swissinfo, considera que es necesaria una «pausa»: «Es una gran decepción y ahora debemos reflexionar sobre las razones de este fracaso y determinar si hay que revisar el proceso. Como se ha visto, los países productores de petróleo se han opuesto firmemente al tratado, al igual que Estados Unidos, que no quería normas internacionales».
Por su parte, la directora del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Inger Andersen, se muestra optimista, a pesar del cansancio acumulado durante las negociaciones nocturnas: «A pesar de la decepción, se han logrado avances significativos. Todo el mundo debe comprender que este trabajo no se detendrá, porque la contaminación plástica no se detendrá».
Para David Azoulay, de CIEL, todas las negociaciones futuras estarán condenadas al fracaso mientras no cambie el proceso: «Necesitamos un nuevo comienzo, no una repetición. Los países favorables a un tratado deben retirarse de este proceso fallido para crear un acuerdo promovido por los Estados dispuestos a actuar, con reglas de votación que pongan fin a la tiranía del consenso que se observa aquí».
La presidencia ha optado por suspender las negociaciones en lugar de darlas por concluidas, dejando la puerta abierta a una nueva sesión. Sin embargo, el camino hacia un tratado es largo y está plagado de obstáculos, frente a otra plaga que no deja de crecer.
Texto revisado por Pauline Turuban. Adaptado del francés por Carla Wolff.
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