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Henrique Gouveia e Melo, el marinero sin sal

Lisboa, 13 ene (EFE).- El almirante en la reserva Henrique Gouveia e Melo aspira a ser presidente de Portugal tras miles de horas sumergido en submarinos, una experiencia viajera que él destaca como aval en medio de un contexto político internacional inestable, aunque no está muy claro que haya calado entre los electores.

Su figura es bastante conocida por haber estado al frente de la exitosa megaoperación para vacunar al país durante la pandemia de covid-19 y, consciente de ello, es algo que ha recordado durante su campaña como ejemplo de saber hacer y de buena administración.

En sus intervenciones públicas y los debates electorales ha mostrado una cierta rigidez, no se sabe si por su entrenamiento militar o por su manera de ser, que podría haberle hecho perder algo de fuelle frente a otros candidatos más bregados en política.

En comparación con el resto, él insiste en que es el aspirante más preparado para la Jefatura de Estado y, además, es un brillante analista de geoestrategia y política internacional, pero queda por ver si será suficiente para convencer a los votantes con inquietudes más locales, como el desastroso estado de la sanidad.

Sea como fuere, la trayectoria vital y profesional de Gouveia e Melo, de 65 años, es digna de un libro de aventuras.

Nació en Quelimane (Mozambique) y se crió entre este país y Brasil, antes de ingresar en 1979 en la Escuela Naval de Lisboa como cadete.

En un acto de campaña con estudiantes universitarios recordaba recientemente aquellos años en Mozambique, cuando todavía era colonia portuguesa, donde creció en «una ciudad pequeña pero muy cosmopolita con personas de todas las razas y credos: había chinos, había muchos musulmanes, cristianos…»

Como gran parte de la comunidad portuguesa que vivía en el continente africano, regresó a Portugal con su familia tras la Revolución de los Claveles de 1974, que puso fin a la dictadura del Estado Novo.

«Soy un retornado», clama orgulloso, utilizando el adjetivo que se usaba de manera despectiva en Portugal continental para referirse a los nacionales que regresaron de las colonias, que comenzaron a independizarse tras la revolución.

Debido a la inestabilidad política de ese momento en que, como él ha explicado, el país europeo tomó una deriva hacia la izquierda con tintes «antidemocráticos», su padre resolvió emigrar con la familia a Brasil cuando él tenía 15 años.

Allí sintió lo que es vivir en un país extranjero, porque pese a estar integrado y ser «muy bien recibido», había siempre una sensación «de extrañeza». «Me sentí emigrante», ha reconocido el marinero.

Tres años más tarde, volvió a Portugal para estudiar con vistas a entrar en la Armada, donde acabó siendo jefe del Estado Mayor.

«Tuve una vida fantástica. Soy un individuo verdaderamente completo», dijo durante su charla con los estudiantes, donde aseguró estar agradecido con el Estado portugués por las oportunidades que ha tenido en la vida.

Se especializó en submarinos y se integró en la escuadrilla de estos sumergibles entre 1985 y 2002, donde ejerció todo tipo de funciones hasta que acabó de oficial.

Escogió «la vida más dura» que había en la Marina con semanas y semanas dentro de una cápsula sin luz, con toallitas de bebé para asearse y donde 50 soldados compartían dos cuartos de baño. Cuando es interpelado por el motivo de esa decisión apunta que él es así y que a veces tiene «actitudes más o menos extrañas».

A lo largo de su carrera, ha sido jefe del Servicio de Relaciones Públicas y portavoz de la Marina, y esto se nota en que es buen conversador con un discurso bien estructurado.

Ha sido capitán de fragata, contraalmirante, vicealmirante, comandante naval y comandante de la Fuerza Naval Europea (EUROMARFOR), integrada por Portugal, España, Francia e Italia.

Tiene una vasta experiencia en la gestión de crisis, como los incendios de Pedrógão Grande de 2017 que dejaron más de un centenar de fallecidos en Portugal o la devastación causada en 2019 por el ciclón Idai, en Mozambique, con cientos de muertos.

En 2021, fue ascendido a almirante y nombrado jefe del Estado Mayor de la Armada y de la Autoridad Marítima Nacional. Pasó a la reserva en 2024 para presentarse a la Presidencia y confiesa que más allá de su pasión por los submarinos y el mar le encantan las matemáticas, la física y la computación. EFE

ssa/lmg/ah

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