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La aplicación del acuerdo de paz entre la RDC y Ruanda está estancada, alertan expertos

Nairobi, 6 ene (EFE).- La implementación del acuerdo firmado primero a nivel ministerial en Washington el pasado 27 de junio entre la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda y después ratificado por sus presidentes en diciembre para conseguir la paz en el este congoleño «sigue siendo frágil, desigual y marcada por una dinámica de estancamiento», alertó una iniciativa independiente de expertos que supervisan los avances en la aplicación del pacto.

Seis meses después de la firma del acuerdo en junio, «el seguimiento de diciembre de 2025 revela un estancamiento continuo y preocupante en el proceso de implementación», alertó en su último informe mensual, que recogen hoy medios locales, el Barómetro de Acuerdos de Paz en África, al señalar que, en diciembre, solo un 23,3 % del pacto se había aplicado, el mismo porcentaje que el mes anterior.

Estos retrasos «podrían comprometer la credibilidad del proceso», subrayaron los expertos, entre los que se encuentran varios académicos.

Uno de los aspectos que destacaron los investigadores fue que la RDC debe acelerar los esfuerzos para neutralizar a las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda (FDLR), mientras Ruanda debe levantar sus «medidas defensivas».

Las FDLR, creadas en el año 2000, están integradas por hutus ruandeses que participaron en el genocidio de 1994 -en el que fueron asesinados al menos 800.000 tutsis y hutus moderados- y operan actualmente en el este de la RDC para recuperar el poder político en su país de origen.

En 2012, exmiembros de otra milicia formada anteriormente por tutsis para combatir a las FDLR crearon el grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23), que reactivó sus combates en marzo de 2021 tras años de relativa calma y controla parte del este congoleño actualmente.

La eliminación de las FDLR fue una de las condiciones incluidas en el pacto de paz, ya que esta milicia es considerada como una amenaza existencial por Ruanda, país que, según ha documentado la ONU y varios países occidentales, apoya al M23.

«Los principales desafíos se han centrado en la intensificación de las hostilidades en el este de la República Democrática del Congo, así como en el incumplimiento de las obligaciones prioritarias en materia de seguridad previstas en el acuerdo, que siguen sufriendo retrasos significativos en su aplicación», señaló el Barómetro.

Sigue la violencia pese a los acuerdos

Tras la firma del pacto a nivel ministerial el 27 junio, los presidentes de la RDC y de Ruanda, Félix Tshisekedi y Paul Kagame, respectivamente, ratificaron el pasado 4 de diciembre el acuerdo de paz de nuevo en Washington, en presencia entonces de su homólogo estadounidense, Donald Trump.

Desde entonces, Kinsasa y Kigali se han acusado mutuamente de violar el acuerdo de paz en repetidas ocasiones.

La violencia se intensificó con la captura pocos días después de la estratégica ciudad de Uvira, en la provincia de Kivu del Sur, por parte del M23, que acabó abandonando la urbe por presión de EE.UU., aunque la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) informó de que los combates continuaron al sur de la ciudad.

La firma del acuerdo de Washington se suma a los esfuerzos de mediación auspiciados por Catar entre el Gobierno congoleño y el M23, que el pasado 15 de noviembre rubricaron en Doha un acuerdo marco para avanzar hacia el fin del conflicto.

La crisis en el este congoleño se agravó a finales del pasado enero, cuando el M23 tomó el control de Goma, capital de la provincia de Kivu del Norte; y semanas después de Bukavu, capital de Kivu del Sur.

Desde 1998, el este de la RDC vive un conflicto alimentado por grupos rebeldes y el Ejército, pese al despliegue de la misión de paz de la ONU (Monusco). EFE

lbg/alf

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