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La crisis de Ormuz reducirá la producción agrícola y subirá los precios, también en 2027

París, 29 jun (EFE).- La guerra en Oriente Medio, que con el cierre del estrecho de Ormuz provocó una escalada de la energía y de los fertilizantes, va a acarrear un descenso de la producción agrícola entre este año y el próximo, así como un encarecimiento de sus precios, que afectará sobre todo a los países más pobres.

En su informe común de perspectivas agrícolas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calcula que la producción de cereales en los países de bajos ingresos disminuirá un 2,3 % este año y un 1,7 % en 2027.

En los países de ingresos medios, esa caída será del 1-2 %, mientras en los ricos se quedará en menos del 1 %. La razón de esas diferencias es que el impacto del encarecimiento de la energía y, sobre todo de los fertilizantes resulta más difícil de encajar por los más pobres, porque las reservas acumuladas eran menores y porque el sector agrícola es más sensible al alza de los costos.

En paralelo, van a subir los precios de los principales productos del sector agrario, como el trigo (un 4,5 % en 2026 y más del 7 % en 2027), el maíz (más del 3 % en 2026 y cerca del 7 % en 2027), el arroz (más del 4 % en 2026 y un 3 % en 2027), la ternera (1,5 % en 2026 y 2,5 % en 2027), el cerdo (casi 2 % en 2026 y 4 % en 2027) y el pollo (3 % en 2026 y cerca del 5 % en 2027).

El escenario adverso planteado por la OCDE y la FAO para tener en cuenta la guerra desencadenada por Estados Unidos e Israel al atacar a Irán se asienta en una ralentización global y en unos precios de la energía que van a ser este año un 33 % más elevados, respecto a la situación anterior, y un 10 % en 2027.

Los fertilizantes, por su parte, serán de media un 29 % más caros en 2026 y un 17 % en 2027, y eso va a conllevar una menor utilización, así como ajustes en la producción en el comercio y alteraciones en los patrones de consumo que va a ser diferenciadas en unos y otro países.

Este escenario conduce a una contracción o a un estancamiento del consumo de alimentos en los países pobres, en particular de productos de origen animal, lo que apunta a unas dietas más económicas, mientras que en los países de renta media y alta esos niveles de consumo permanecerán prácticamente sin cambios significativos.

Proyección para la próxima década

Más allá de este análisis de la crisis de Oriente Medio, como en las ediciones anteriores los expertos de la OCDE y de la FAO se proyectan sobre la próxima década y estiman que en el horizonte de 2035 la producción del sector agrícola aumentará un 13,3 % y alcanzará un valor de 4,01 billones de dólares.

El incremento en esos nueve años será particularmente marcado para la producción animal (15,1 %), pero también será significativa para la producción vegetal (12,5 %), así como para la pesca y otros alimentos acuáticos (11 %).

Los ingresos por agricultor, que ahora son de media 3.800 dólares al año, mejorarán globalmente un 9 % en la próxima década, aunque las diferencias son abismales entre unas y otras regiones del mundo y eso se va a mantener.

En los países ricos pasarán de 21.100 dólares actualmente a 22.155 dólares en 2035, mientras en los pobres (el África subsahariana y el sur de Asia) progresarán de forma modesta, de 930 dólares a unos 1.100.

Los precios agrícolas se van a mantener estables o a la baja, aunque los autores del estudio subrayan que eso no prejuzga sobre una posible variabilidad, como lo demuestra la experiencia histórica con episodios de volatilidad.

Pese al aumento de la productividad y a la mejora de la eficiencia, las emisiones de gases de efecto invernadero del sector serán un 6,5 % superiores para 2035.

En cuanto al comercio internacional de productos agrícolas, cuyo peso creció significativamente, al pasar del 16 % en 2000 al 22-23 % en 2019 y que se ha mantenido en torno a ese nivel desde entonces, debería seguir en esos parámetros en la próxima década.

Latinoamérica y el Caribe (sobre todo por Brasil, Argentina y Paraguay) continuará siendo, con mucha diferencia, la primera región por exportaciones, mientras que los grandes importadores van a ser los países en desarrollo del sur y el sudeste de Asia, en particular India, Indonesia, Filipinas, Malasia, Tailandia y Vietnam.

En términos relativos, de aquí a 2035 las importaciones de alimentos de base van a subir un 55 % en el África subsahariana y del 34 % en Oriente Medio y el norte de África. EFE

ac/cat/llb

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