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Liga Árabe, entre la reforma radical y el apego al fantasma de un panarabismo ya enterrado

Fuad Abdelrahim

El Cairo, 1 jul (EFE).- La Liga Árabe abre este miércoles un nuevo capítulo de su historia con la llegada del egipcio Nabil Fahmy como secretario general, en un momento de gran tensión que amenaza a varios de sus 22 miembros y pone al organismo ante una encrucijada: o una reforma profunda o seguir aferrado al fantasma de un panarabismo ya enterrado.

La llegada de Fahmy, que asumirá el cargo durante un mandato inicial de cinco años, coincide con una polémica explícita sobre el destino de ese panarabismo, nacido con la fundación del organismo en 1945 al calor del pujante nacionalismo árabe, así como sobre sus fracturas y la persistente brecha entre sus ideales y la realidad.

Pasividad contemporánea y críticas internas

El Líbano representa el caso más dramático. Durante décadas se ha convertido en escenario de un conflicto entre Irán e Israel, en una confrontación que está empujando cada vez más a este país -algún día conocido como ‘París de Oriente’- al borde del abismo, ante una aparente inacción de la Liga.

El acuerdo firmado el pasado viernes en Washington por Beirut y el Estado judío -negociado en absoluta ausencia de un rol diplomático de la Liga- no garantiza la inmediata retirada israelí del sur libanés, más bien la supedita a que el frágil Gobierno del país mediterráneo asuma en solitario el reto de desarmar y desmantelar a la milicia chií Hizbulá, fuertemente respaldada por Teherán.

Una respuesta ‘panárabe’ similar se evidencia en los dramáticos escenarios que atraviesan diversos miembros del bloque desde Libia y Sudán hasta Yemen y Siria, pasando por el golfo Pérsico.

Precisamente desde esta última región han salido las críticas más severas contra la «incompetencia» de la Liga para defender la soberanía y la seguridad de sus propios miembros, tras los recientes ataques iraníes contra países como Kuwait, Baréin y Emiratos Árabes Unidos.

Fundación, promesas y Carta Institucional

La ‘Liga de los Estados Árabes’ nació oficialmente el 22 de marzo de 1945, en El Cairo, tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el mapa de aquel Oriente Medio estaba aún marcado por el colonialismo europeo.

Sus poblaciones, ahora unos 450 millones de habitantes del norte y el este de África y de Asia menor (el golfo Pérsico), no solo hablan una misma lengua, sino que son mayoritariamente musulmanas suníes.

El objetivo está encarnado en las promesas incluidas en la ‘Carta de la Liga’, que son, entre otras, salvaguardar la independencia y la soberanía de cada uno de sus miembros, cooperar estrechamente en asuntos económicos, culturales y sociales, garantizar la defensa común y evitar la consolidación de un proyecto sionista en Palestina.

¿Se han cumplido las promesas?

En sus primeras décadas, la Liga desempeñó un rol catalizador para la descolonización de otras naciones árabes, si bien falló con el tiempo en su objetivo más sagrado, la cuestión palestina y la defensa común.

Su incapacidad para formular una postura militar coordinada y eficaz contra Israel, particularmente en las guerras de 1948 y 1967, presagió una serie de fracasos que en las décadas siguientes ha ido convirtiendo los objetivos iniciales en papel mojado.

La suspensión de la membresía y el boicot de Egipto (1979-90) en protesta por la firma de los acuerdos de paz egipcio-israelíes, seguida por la invasión iraquí de Kuwait (1990-1991) dividieron profundamente a la Liga en dos bloques y destrozaron la ficción de la solidaridad árabe.

Otras profundas divisiones aparecieron en la llamada ‘Primavera Árabe’, con la suspensión de la membresía de Siria (2011-2023), el apoyo del golfo Pérsico a la intervención de la OTAN en Libia y los acuerdos de Abraham con Israel (2020) que incluyeron a Emiratos Árabes, Baréin, Marruecos y Sudán.

¿A qué se atribuye esta pasividad?

Según la Carta de la Liga, las decisiones unánimes del consejo del organismo solo son vinculantes para todos los Estados miembros, mientras que las decisiones por mayoría solo lo son para quienes las aceptan.

En ambos casos, se implementan en cada Estado miembro de acuerdo con su propia constitución, lo que permite a cada uno de los Gobiernos de los miembros del bloque priorizar sus intereses por encima de la causa común.

¿Qué tipo de reforma tiene que introducir Fahmy?

Varios comentaristas árabes coinciden en que la principal tarea de Fahmy es, entre otras, transformar la Liga Árabe en un bloque pragmático capaz de defender los intereses económicos y de seguridad comunes.

El gran reto será flexibilizar el proceso de toma de decisiones y evitar así que el bloque deje de ser un foro de discursos solemnes con nula capacidad coercitiva. EFE

fa/amr/ah

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