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La controvertida colección de arte de Bührle se exhibe apiñada en una nueva exposición en Zúrich

El Museo de Bellas Artes de Zúrich sigue tratando de asimilar la complicada donación de Bührle. En esta ocasión, el museo ha reunido toda la colección como si se tratara de piezas diversas encontradas juntas en un cofre.
El Museo de Bellas Artes de Zúrich sigue lidiando con el legado de la controvertida colección de Emir Bührle. Esta vez, las obras se exhiben todas juntas, emulando un tesoro repleto de objetos recién descubiertos en un baúl. Kunsthaus Zürich

La colección de arte del suizo Emil G. Bührle, prestada al Museo de Bellas Artes de Zúrich, no ha dejado de generar polémicas desde su llegada. En la actualidad, el museo más grande de Suiza está investigando el origen de estas pinturas, ya que muchas pertenecieron a coleccionistas judíos perseguidos en su día por el régimen nazi. En medio de este proceso, la institución acaba de inaugurar una nueva exposición, la tercera desde que las obras se mostraran al público por primera vez en 2021.

La sultana(La Sultane) de Édouard Manet, pintada alrededor de 1871, muestra a una mujer con un vestido blanco transparente que deja poco a la imaginación. La obra se exhibe ahora en el Museo de Bellas Artes de Zúrich (Kunsthaus, su nombre original), en una pared abarrotada junto a otras pinturas de igual valor.

La exposición, que abrió sus puertas en abril, carece de etiquetas que informen a los visitantes del nombre del artista, el título, las fechas de las obras o su historial de propiedad. Por eso, para obtener más información hay que recurrir a una pantalla en la primera sala, gracias a la cual las personas que la visiten pueden descubrir que La sultana fue en su día propiedad de Max Silberberg, un judío alemán deportado en 1942 y presuntamente asesinado en Auschwitz. 

«La Sultana», de Édouard Manet, 1871.
‘La sultana’ de Edouard Manet, 1871. Sammlung Emil Bührle

Silberberg vendió la obra en 1937 al marchante Paul Rosenberg, y este en 1953 a Emil Bührle, el hombre más rico de Suiza en aquel entonces. Bührle amasó una gran fortuna vendiendo cañones antiaéreos a la Alemania nazi, lo que le permitió reunir una inmensa colección de arte que se exhibió por primera vez en la gran ampliación del Kunsthaus en 2021. Hoy se sabe con certeza que algunos de los cuadros que compró fueron robados a miembros de la comunidad judía.

En el caso de La sultana, la Fundación de la Colección E. G. Bührle firmó un acuerdo confidencial el año pasado con quienes heredaron el patrimonio de Silberberg, ya que sostenían que este se había visto obligado a vender la obra debido a la persecución nazi, una postura que la fundación rechazaba.

La calidad de la colección de Bührle es indiscutible, ya que cuenta con obras maestras de artistas como Claude Monet, Vincent van Gogh, Paul Cézanne y Auguste Renoir. Pese a ello, numerosas voces del ámbito de la historia del arte, incluidas personas dedicadas a la investigación sobre la procedencia de las obras, la creación artística y el análisis cultural, afirmaron que el museo cometió un error histórico al aceptar el préstamo a largo plazo de 205 obras de la fundación creada en 1960 por la familia de Bührle. Desde que la colección se expuso por primera vez en 2021, ha provocado un profundo malestar e incluso indignación pública debido al origen de la fortuna de Bührle y al turbio pasado de los cuadros.

Ante la gran repercusión de la herencia, el museo busca ahora, por tercera vez, la manera de poder conciliar la colección con una memoria histórica que todavía genera demasiadas preguntas.

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Historia

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El Regalo

La relación de Bührle con el Kunsthaus comenzó en 1940, cuando pasó a formar parte del consejo de administración del museo. Bührle también financió una de sus primeras ampliaciones en 1958, un gesto que la institución conmemora con un busto y una placa en su honor.

Si bien las autoridades de Zúrich solicitaron un informe a la universidad de la ciudad sobre la biografía y las actividades empresariales de Bührle antes de exhibir las obras en público, la fundación creada por su familia fue la encargada de supervisar el historial de propiedad de cada cuadro. En la obra titulada ‘El museo contaminado, el historiador Erich Keller calificó la investigación de procedencia llevada a cabo por la institución como «un filtro que oculta datos decisivos».

El busto de Bührle sigue estando en la entrada del edificio del museo.
El busto de Bührle se encuentra todavía en la entrada del museo. Jakob Tanner

La primera exposición de la colección fue muy criticada por basarse en dicha investigación. El revuelo obligó al cantón, a la ciudad de Zúrich y al consejo de administración del Kunsthaus a encargar un informe independiente sobre los rastreos de propiedad realizados por la fundación. El equipo liderado por Raphael Gross, presidente del Museo Histórico Alemán, concluyó que el estudio presentaba múltiples carencias.

Durante una entrevista realizada en 2024 con Swissinfo, Gross describió la colección como «marcada por una carga histórica de una magnitud posiblemente única en Suiza». El informe reveló que 133 de los 205 lienzos prestados al museo por la fundación de Bührle fueron propiedad de familias judías antes de 1945. Sin embargo, la entidad no había incluido este detalle histórico en los historiales de muchas de las obras.

Después de que la ciudad de Zúrich aprobara una partida de 3,86 millones de francos suizos (unos 4,9 millones de dólares), el museo se hizo cargo en abril del rastreo histórico de las obras en un proyecto que durará cinco años. Sin embargo, parece que la institución sigue teniendo dificultades para encontrar la mejor manera de exhibir este incómodo legado. De hecho, califica la nueva exposición, inaugurada el día 10 del pasado mes de abril y programada hasta 2027, como una «exposición temporal».

Kristin Steiner, portavoz del museo, afirmó lo siguiento: «como la investigación acaba de comenzar, queríamos ofrecer una presentación que funcionara como un relato provisional y pudiera brindar una visión general de lo que contiene la colección y de cuáles serán los próximos pasos».

Inventario de almacén 

A la entrada de las salas, un panel en la pared plantea las preguntas que el Kunsthaus se ha estado haciendo: ¿cómo se puede exhibir una colección tan distinguida y a la vez tan polémica en un museo con vocación de servicio público? ¿Cómo se puede transmitir el contexto histórico en un museo de arte?

En el interior, los cuadros están colgados casi pegados, muchos a gran altura, siguiendo lo que el museo califica como «estilo Petersburgo», típico de los salones del siglo XIX. Para el público de hoy en día, acostumbrado a que haya mucho más espacio entre las obras, esta disposición puede parecer caótica y abrumadora.

Esculturas y estatuas expuestas en una disposición aleatoria en la tercera edición de la Colección Bührle en el Kunsthaus de Zúrich.
Diversas esculturas y estatuas se exhiben en una sucesión de obras aparentemente aleatoria dentro de la tercera presentación de la Colección Bührle en el Kunsthaus de Zúrich. Kunsthaus Zürich

Las esculturas están apiñadas en una sala con pedestales de diferentes alturas con un fondo de maqueta verde. Se trata de una mezcla de pietàs medievales, imágenes de la Virgen con el Niño, santos y la figura un tanto incongruente de una bailarina de Edgar Degas en primer plano. Para obtener cualquier información sobre las obras, ya sea la autoría, la fecha o el título de estas, se deben consultar folletos guardados en los estantes de cada sala.

Resulta difícil comprender la lógica detrás de esta exposición de transición, calificada en el periódico suizo Neue Zürcher Zeitung como «una muestra tan desangelada como un inventario de almacén». La exposición anterior, montada en el 2023 después de que la primera provocara una gran indignación, sí que analizaba el contexto histórico de la colección, el historial de propiedad de cada obra y diferentes perspectivas sobre cómo gestionar los bienes robados por el nazismo en los museos públicos.

Un escándalo tras otro

Sin embargo, ni siquiera esa exposición tan importante, ya que la primera en abordar directamente el legado de Bührle, se libró de las duras críticas. El comité de especialistas encargado de diseñarla dimitió en señal de protesta antes de la inauguración, alegando que no se exploraba adecuadamente el destino de las personas judías que habían sido dueñas de los cuadros que acabaron en manos de Bührle.

La nueva exposición permite al Kunsthaus exhibir casi todas las obras del préstamo al mismo tiempo, un aspecto que se considera clave. Sin embargo, este empeño por abarcar todo da pie a coincidencias extrañas en las salas, como el lienzo de Joachim Patinir de 1520 que representa el bautismo de Cristo y que se expone justo al lado de una copia de taller, o el autorretrato de van Gogh original que se exhibe junto a su copia de 1897 o 1898.

Joachim Patinir (?), «El bautismo de Cristo y el sermón de San Juan», hacia 1520.
Joachim Patinir (?), ‘El bautismo de Cristo y el sermón de san Juan Bautista’, hacia 1520. Sammlung Emil Bührle

Cada pieza ausente está representada por un marco vacío dibujado en la pared, junto a una fotografía y una nota informativa. Se explica así que la obra se encuentra, por ejemplo, cedida temporalmente al Museo Leopold de Viena o incluso, en el caso de ciertas obras en papel, que se trata de piezas demasiado delicadas como para estar expuestas de forma permanente.

En contadas ocasiones, la explicación es más compleja. Es el caso de ‘La torre vieja de Nuenen de van Gogh (1884), donde se señala que «un antiguo propietario vendió esta obra entre 1933 y 1945 al emigrar fuera del territorio controlado por el régimen nazi debido a la persecución. Se considera, por tanto, un bien cultural confiscado por el nazismo. La Fundación Bührle está negociando con la familia del propietario original para encontrar una solución justa y equitativa».

Vincent van Gogh, «La vieja torre», 1884.
‘La torre vieja de Nuenen’ de Vincent van Gogh, 1884. Sammlung Emil Bührle

El próximo capítulo

Como es lógico, se abre la incógnita sobre qué pasará después. Para el año que viene ya hay programada otra exposición de la colección, aunque esta vez el museo afirma que analizará el contexto histórico y artístico, así como el papel de los coleccionistas judíos en el modernismo. También se proyectará una película centrada en el trasfondo de la colección y la relación de Bührle con el Kunsthaus.

¿Y después? La Fundación Bührle cambió el año pasado sus estatutos para permitir que la colección pudiera ser prestada fuera de Zúrich, anulando así la disposición anterior que exigía su permanencia en la ciudad. El préstamo actual vence en 2034 y su continuidad está en entredicho. A estas alturas, no podemos evitar preguntarnos si una hipotética retirada provocaría remordimiento o un enorme alivio. La respuesta es difícil, pero lo cierto es que cuesta imaginar que otro museo europeo pudiera estar dispuesto a cargar con semejante peso.

Una excepción entre la multitud: «Irène Cahen d’Anvers» (La pequeña Irène, 1880), de Auguste Renoir, ocupa un lugar destacado debido a la singular trayectoria de la obra.
Una excepción entre la multitud: la obra de Auguste Renoir *Irène Cahen d’Anvers* (La pequeña Irène, 1880) ocupa un lugar destacado debido a la notable procedencia del cuadro; véase el artículo más abajo. Kunsthaus Zürich
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Editado por Virginie Mangin & Eduardo Simantob. Adaptado del inglés por Cristina Esteban. Versión en español revisada por Carla Wolff. 

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