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Malaui vota en unas reñidas elecciones marcadas por la crisis y el riesgo de abstención

Golden Matonga

Lilongüe, 14 sep (EFE).- Unos 7,2 millones de malauíes están llamados a las urnas el próximo martes en unas elecciones generales, parlamentarias y locales muy reñidas en las que el presidente Lazarus Chakwera buscará la reelección frente al expresidente Peter Mutharika (2014-2020), de 85 años y favorito en varias encuestas.

El actual mandatario, teólogo evangelista y expredicador, derrotó a Mutharika en 2020 después de que el Tribunal Constitucional anulara los resultados de los comicios de 2019 por irregularidades masivas.

Chakwera, de 70 años, llegó al poder con un discurso contra la corrupción y respaldado por una coalición opositora que, desde entonces, se ha desintegrado.

Entre sus aliados figuraban la expresidenta Joyce Banda (2012-2014) -hoy uno de los candidatos en liza- y el carismático exvicepresidente Saulos Chilima, fallecido en un accidente aéreo en junio de 2024.

Candidatos y voto decisivo

En las papeletas concurren 17 candidatos presidenciales, entre ellos Chakwera, cuyo apoyo se concentra en la región central -bastión de su formación, el gobernante Partido del Congreso de Malaui (MCP, en inglés)-, y Mutharika, que domina en el sur.

El desenlace dependerá en gran medida del norte del país, considerado el voto decisivo.

No obstante, se teme que la abstención sea elevada: aunque hay más de diez millones de votantes habilitados, solo 7,2 millones se registraron, lo que representa un 65,7 % del electorado.

A ello se suman las denuncias sobre violencia política y la falta de transparencia en la financiación de las campañas, factores que podrían incrementar aún más esa abstención.

El desenlace podría acabar en los tribunales si el candidato perdedor impugna los resultados, especialmente en caso de victoria del oficialismo, ya que la oposición ha cuestionado el proceso de registro de la Comisión Electoral de Malaui (MEC).

Una economía al límite

Cinco años después de la llegada de Chakwera al poder, el país atraviesa una grave crisis económica marcada por una galopante inflación -del 28 %, según datos gubernamentales-, la escasez de divisas y una pobreza generalizada.

Malaui es uno de los países más empobrecidos del mundo, donde más del 70 % de la población vive con menos de 2,15 dólares al día, según datos del Banco Mundial, en medio del alza de los precios de los alimentos y los servicios básicos.

A esta situación se suma una crisis de divisas que ha agravado la escasez de combustible, visible en largas colas en las gasolineras desde hace meses.

En un debate electoral televisado, Chakwera pidió perdón a la población, aunque culpó de los problemas a un supuesto «sabotaje» de la oposición y a elementos corruptos de su Gobierno.

Sea cual sea el resultado de las urnas, el próximo presidente heredará profundos retos estructurales en un país donde el tabaco, principal cultivo de exportación y fuente de divisas, está en declive y la economía apenas se ha diversificado.

A esta fragilidad se suma un creciente descontento ciudadano, alimentado por la percepción de mala gestión, promesas incumplidas y escándalos de corrupción.

El Gobierno había prometido crear un millón de empleos en su primer año, pero la crisis frustró ese objetivo y, en un país con una de las poblaciones más jóvenes de África, los jóvenes se enfrentan al desempleo, a la brecha entre la educación y el mercado laboral y a escasas oportunidades para emprender.

El castigo del cambio climático

En Malaui, un país especialmente castigado por los efectos del cambio climático -con lluvias cada vez más irregulares y prolongadas sequías-, el 80 % de la población depende del campo.

En 2023, el ciclón Freddy, una de las tormentas más mortíferas en África, devastó los cultivos y agudizó la escasez de alimentos, en un contexto ya marcado por un brote de cólera y altos niveles de hambre.

El ciclón causó unos 1.200 muertos y más de medio millón de desplazados, y provocó que más de 1,6 millones de hogares cayeran en inseguridad alimentaria.

Actualmente, 5,7 millones de personas sufren inseguridad alimentaria aguda en el país, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU.

Las elecciones contarán con una misión de la Unión Europea (UE), con 28 observadores de largo plazo que ya han supervisado la campaña, a los que se sumarán otros 32 observadores, una delegación de eurodiputados y diplomáticos de la UE, Canadá, Noruega y Suiza, que también vigilarán la votación, el recuento y la tabulación.

Asimismo, los comicios estarán bajo la observación de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC), que ha elogiado las reformas adoptadas tras las disputadas elecciones de 2019.

Con el recuerdo aún vivo de las elecciones de 2019, Malaui se prepara para unos comicios que pondrán a prueba la resiliencia de su democracia y la capacidad de su clase política para ofrecer respuestas reales. EFE

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