Peng Jiasheng, el líder étnico que aunó guerrilla y narcotráfico en Birmania
Gaspar Ruiz-Canela
Bangkok, 5 abr (EFE).- La junta militar birmana y la oposición prodemocrática son enconados rivales con casi nada en común, pero han coincidido en honrar la memoria del fallecido Peng Jiasheng, un carismático líder guerrillero que aunó la lucha armada y el tráfico de heroína en el noreste de Birmania (Myanmar).
Peng, fallecido el pasado 16 de febrero a los 94 años, fue despedido la semana pasada en un funeral que duró varios días y que reunió a miles de personas en un estadio presidido por una gran foto mural del líder guerrillero, según las imágenes del evento colgadas en la página de Facebook del medio local The Kokang.
DEL PARTIDO COMUNISTA AL NARCOTRÁFICO
Fundador del grupo armado kokang Ejército para la Alianza Nacional Democrática (MNDAA, en sus siglas en inglés), Peng tuvo una larga carrera como guerrillero en la que luchó junto al Partido Comunista birmano hasta que se disolvió en 1989 y alternó la lucha y la alianza con los militares birmanos.
Los kokang, una minoría de etnia han que habla mandarín, tienen además estrechos lazos con China.
Al funeral celebrado en Mong La, en el estado Shan, en la frontera con China, asistieron militares birmanos y representantes de importantes grupos rebeldes de las minorías wa, rakáin, palaung, kachin y shan, así como milicias civiles formadas tras el golpe militar de febrero de 2021.
«El funeral indica realmente lo influyente que fue Peng», señala a Efe el analista y experto en Birmania David Scott Mathieson, quien agregó que entre los asistentes estaban representados los principales grupos armados étnicos, algunos de los cuales controlan el tráfico ilegal de drogas en la región.
La actual junta birmana, que gobierna el país tras derrocar al gobierno electo de Aung San Suu Kyi y que mantiene un conflicto armado con la MNDAA, estuvo representada por el general Myint Tun, según informó el medio birmano Irrawaddy.
También asistieron delegados del autodenominado como Gobierno de Unidad Nacional (NUG, en sus siglas en inglés), formado tras el golpe de Estado del Ejército por políticos y activistas contrarios a la junta militar.
La «ministra de Exteriores» del NUG, Zin Mar Aung, honró la memoria de Peng Jiasheng en un tuit que luego borró.
«Con alguien tan involucrado con la larga historia de conflicto y tráfico de narcóticos de Birmania, es imposible definir aisladamente a Peng Jiasheng como un revolucionario étnico o un traficante de drogas», explica a través de correo electrónica Mathieson, que define al líder kokang como un «superviviente».
Peng comenzó su singladura como insurgente en los años 1970 con la Fuerza Revolucionaria Kokang y luego luchó junto a los comunistas disidentes birmanos hasta que fundó en 1989 el MNDAA, que firmó este mismo año un alto el fuego con la junta birmana de entonces.
La guerrilla se lucró con el cultivo de opio, el tráfico de heroína y los casinos bajo el liderazgo de Peng, que trabó una alianza con el narcotraficante y magnate de los negocios Lo Hsing Han.
En la década del 2000, el caudillo kokang se declaró en contra del narcotráfico, pero en 2009 la guerrilla y el Ejército birmano reanudaron la lucha y Peng tuvo que huir tras una revuelta liderada por un antiguo aliado kokang.
En 2015, Peng y sus seguidores trataron de retomar el territorio perdido en un conflicto que continúa hasta el presente.
EL LABERINTO BIRMANO
«Su vida es una de esas que deben ser estudiadas para entender las contorsiones laberínticas de un área en la que la diversidad étnica, la represión por parte del Estado birmano, los narcóticos, la pobreza y un gran poder confluyen para alimentar un largo desorden y caos funcional», apostilla Mathieson.
Birmania, principalmente las zonas del noreste del país, se ha convertido en uno de los mayores centros de tráfico de heroína y metanfetaminas de Asia.
Mathieson opina que el movimiento prodemocrático liderado por el NUG tiene que priorizar la lucha contra la junta militar antes de combatir el narcotráfico.
No obstante, precisa que debería evitar el error de pasados gobiernos militares y «democráticos» de ver el problema como una mera cuestión de «erradicación de droga», sin tener en cuenta los problemas políticos, sociales y económicos relacionados con la opresión de las minorías étnicas. EFE
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