Una campaña algo aburrida
El marco político que se perfila a pocos días de las elecciones legislativas en Suiza es más bien estable. Eso es al menos lo que se desprende de los últimos sondeos.
Una situación que se corresponde con la imagen de la campaña electoral, un tanto aburrida, en la que ningún partido consiguió sobresalir, ni siquiera la derecha conservadora.
Salvo que se produzcan incidentes dramáticos de aquí al 31 de diciembre, el 2001 pasará a los anales de la historia como un año globalmente positivo para Suiza en los ámbitos económico y social. No se produjeron grandes catástrofes, la economía creció modestamente –teniendo en cuenta el contexto internacional, el índice de desempleo no alcanzó el 3% y las arcas del Estado gozan de buena salud.
Un panorama reconfortante para la mayoría de población, pero no para los responsables de las campañas electorales ante la falta de temas candentes de los que sacar provecho. Este año electoral estuvo marcado por tres eventos cuyo impacto político, sin embargo, ha sido más bien limitado, al menos según los últimos sondeos.
Los debates sobre la política energética, que desencadenó la tragedia de Fukushima, se vieron atenuados por el inmediato anuncio del Gobierno de no construir nuevas centrales nucleares. Las inquietudes derivadas del fortalecimiento del franco quedaron aliviadas por la intervención rotunda del Banco Nacional Suizo. Y la dimisión de la ministra de Asuntos Exteriores, Micheline Calmy-Rey, tampoco acaparó toda la atención, ya que la batalla por la futura configuración del Gobierno colegiado comenzará solamente después de los comicios del 23 de octubre.
Campaña menos intensa
En resumidas cuentas, la campaña electoral ha sido aburrida – incluso anodina, según algunos observadores– respeto a las de los años 2003 y 2007. “Yo no hablaría de una campaña aburrida, sino menos intensa y menos conflictiva que la de hace cuatro años”, sostiene Silvano Moeckli, politólogo de la Universidad de San Gall.
La campaña se inscribe en la línea de la tradición política que ha caracterizado a Suiza desde los años 1990. O sea, antes de que la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha conservadora) incendiase el debate con manifiestos provocadores, ataques contra el Gobierno y tonos agresivos entonces ajenos a las costumbres políticas helvéticas. Este año la UDC volvió a lanzar su ofensiva antiextranjeros y anti-Unión Europea. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió en las dos o tres últimas elecciones legislativas, el partido más votado de Suiza no logró dominar el debate nacional.
“La UDC apostó por un tema fundamental, el de la inmigración, pero sucesos como el desastre de Fukushima entorpecieron su estrategia. Además, en esta ocasión no pudo personalizar ni dramatizar su campaña como en 2007, cuando convirtió la permanencia en el Gobierno de Christoph Blocher (entonces ministro de Justicia) en una cuestión de vida o muerte para el futuro del país”, señala Silvano Moeckli.
En ello coincide Michael Hermann, politólogo de la Universidad de Zúrich, quien cita otras razones. “Por un lado, se percibe cierta lasitud en lo que respecta al tema de la inmigración. Y, por otro, los demás partidos han aprendido a mostrar indiferencia frente a las provocaciones de la UDC, como los carteles antiextranjeros. Y al abstenerse de reaccionar, han impedido que la UDC monopolizase el debate electoral con sus caballos de batalla favoritos”.
Sello electoral
Si las principales formaciones de la izquierda – Partido Socialista (PS) y Los Verdes – y del centro -Partido Liberal Radical (PLR) y Partido Demócrata Cristiano (PDC) – han podido impedir que la UDC monopolizase el debate, no consiguieron -tampoco este año- proponer temas predominantes ni imprimir fuertes acentos a la campaña electoral. Aunque se han logrado algunos avances.
“Este año los otros grandes partidos abogaron por temas específicos y concretos: por ejemplo, el PS por la justicia social, el PLR por el saneamiento de la seguridad social y la lucha contra la burocracia, el PDC por la familia y las PYME. Respecto a estos partidos, la UDC ha sabido forjarse su propio sello electoral, retomando e insistiendo en los temas defiende desde los años 1990”, afirma Michael Hermann.
Silvano Moeckli, aunque coincide en que se ha avanzado en este aspecto, afirma que el sistema político suizo, basado en la concordancia, penaliza a los dos partidos históricos del centro. “La posición del PLR y PDC obliga a estos dos partidos a desempeñar continuamente un papel integrador con el fin de reunir una mayoría en el Parlamento. Para ganar una campaña electoral, en cambio, se necesita polarizar como lo hacen la derecha y la izquierda. Es difícil ganar unas elecciones con un discurso político que apela a la moderación y al consenso”.
Panorama bastante estable
Durante toda la campaña, los partidos no han sido capaces de proponer una nueva visión de futuro para Suiza ni de generar un amplio debate sobre los grandes desafíos que enfrenta el país, como la globalización, las relaciones con Europa, la sociedad. “Suiza vive una situación casi paradisiaca en materia económica y social respecto a muchos países. Hoy, la preocupación no es tanto crear una nueva sociedad, como hace algunos decenios, sino salvaguardar el bienestar actual”, explica Michael Hermann.
Al revalidar sus posiciones tradicionales – e incluso con más ímpetu que en el pasado en lo que concierne a la UDC – parece que los partidos se han neutralizado durante esta campaña. El último barómetro electoral pronostica un panorama bastante estable: los vencedores serán previsiblemente las dos nuevas fuerzas emergentes del centro -los Verdes Liberales y el Partido Burgués Democrático-, que ganarían algunos puntos en detrimento del PLR. Una tendencia que no sorprende si se observan los resultados de las elecciones cantonales de los últimos cuatro años.
El próximo 23 de octubre los suizos están llamados a las urnas para renovar las dos cámaras del Parlamento nacional.
Los miembros del Consejo Nacional (cámara baja) se eligen por sistema proporcional, es decir, teniendo en cuenta la fuerza numérica de los partidos. Los escaños se reparten entre los cantones en función del tamaño de su población.
Los electores deberán, además, elegir a 45 de los 46 miembros del Consejo de los Estados (cámara alta). El representante de Appenzell Rodas Interiores ya fue elegido en abril. Cada cantón dispone de dos escaños, los semicantones, de uno. Los miembros de la cámara alta se eligen por sistema mayoritario, a excepción de los cantones de Neuchâtel y Jura.
Los cuatro grandes partidos que conforman el Gobierno dominan la política suiza. Son los que desde hace más de un siglo representan a cerca del 80% del electorado: la Unión Democrática del Centro (28,9% en las elecciones de 2007), el Partido Socialista (19,5%), el Partido Liberal Radical (17,7%) y el Partido Demócrata Cristiano (14,5%).
En los años 80 nació una nueva fuerza política, el Partido Ecologista Suizo (Los Verdes), que en 2007 alcanzó el 9,6% de los votos. Hasta ahora los Verdes no han sido admitidos en el Ejecutivo colegiado.
Otros dos partidos emergentes –nacidos de las escisiones de los últimos años- ganan terreno: los Verdes Liberales (que se separaron de los ecologistas en 2004) y el Partido Burgués Democrático (escisión de la UDC en 2008). De acuerdo con los sondeos, estas dos formaciones serán las vencedoras de los próximos comicios, aunque no deberían superar el 5% o 4% de los votos, respectivamente.
En el Parlamento están representados también otros cinco partidos menores que juntos representan el 5,5% del electorado. Cada uno dispone de uno a tres representantes. En esta legislatura fueron: la Lega dei Ticinesi (derecha conservadora), la Unión Democrática Federal (derecha cristiana), el Partido Cristiano Social (izquierda), La Izquierda (extrema izquierda) y el Partido Evangélico (derecha cristiana).
(Traducción: Belén Couceiro)
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