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La batería líquida más potente del mundo se construye en Suiza

Vista aérea de las obras en curso del sistema de almacenamiento con baterías de flujo redox más grande del mundo, situado en Laufenburg, en el cantón de Argovia.
Vista aérea de las obras en curso del sistema de almacenamiento con baterías de flujo redox más grande del mundo, situado en Laufenburg, en el cantón de Argovia. Flexbase

Una empresa suiza construye lo que afirma que será la batería de flujo redox más potente del mundo, diseñada para almacenar enormes cantidades de energía renovable y ayudar a estabilizar las redes eléctricas suiza y europea.

El grupo FlexBase Enlace externoestá excavando actualmente un pozo de 27 metros de profundidad —más largo que dos campos de fútbol para albergar la instalación subterránea de la batería en Laufenburg, una localidad fronteriza del norte de Suiza, situada en el cantón de Argovia (Aargau), a orillas del río Rin. La ciudad se encuentra justo en la frontera con Alemania y está dividida en dos núcleos urbanos gemelos: Laufenburg (Suiza) y Laufenburg (Alemania), conectados por un puente sobre el Rin. Laufenburg se ha convertido en un lugar emblemático para proyectos vinculados a la transición energética y la tecnología eléctrica.

«Podremos inyectar o absorber hasta 1,2 gigavatios (GW) de electricidad en pocos milisegundos, lo que equivale a la potencia de la central nuclear de Leibstadt [también situada en el cantón de Argovia, cerca de la frontera alemana]», declaró el cofundador Marcel Aumer a la radiotelevisión pública suiza RTS sobre este proyecto.

El gigantesco sistema de almacenamiento en baterías forma parte del futuro Centro Tecnológico de LaufenburgEnlace externo, un complejo de 20.000 m² que incluirá un centro de datos de inteligencia artificial, oficinas y laboratorios.

Una imagen generada por ordenador del futuro Centro Tecnológico de Laufenburg.
Una imagen generada por ordenador del futuro Centro Tecnológico de Laufenburg. Flexbase

FlexBase prevé poner en funcionamiento su batería gigante en 2029 y espera generar alrededor de 300 puestos de trabajo. Financiado con capital privado, el proyecto tiene un coste de entre 1.000 y 5.000 millones de francos suizos (entre 1.200 y 6.200 millones de dólares).

Cómo funcionan las baterías de flujo redox

A diferencia de las baterías de iones de litio, que almacenan la energía en electrodos sólidos, las baterías de flujo redox utilizan electrolitos líquidos.

Grandes tanques contienen los electrolitos líquidos, mientras que pilas de celdas situadas encima convierten la energía química almacenada en electricidad.

El sistema se recarga utilizando el excedente de electricidad renovable —principalmente solar y eólica—, que devuelve la energía a la red durante los picos de demanda.

Componente vital de la red del futuro

Swissgrid, operadora de la red suiza de alta tensión, tiene previsto conectarse al emplazamiento de Laufenburg, lo que marcará una primicia para Suiza.

Swissgrid considera que baterías de gran tamaño como esta se convertirán en un componente clave de la futura red eléctrica suiza.

«Las grandes baterías pueden almacenar energía cuando hay mucha y liberarla cuando se necesita. Por tanto, en el futuro, con una producción eólica que fluctuará en función del tiempo, contar con esta flexibilidad puede ayudar a estabilizar la red», explicó Gabriele Crivelli, portavoz de Swissgrid.

Estas instalaciones también pueden reducir el riesgo de apagones y ayudar a satisfacer la creciente demanda de electricidad de los centros de datos alimentados por inteligencia artificial (IA).

Aunque la tecnología de flujo redox aún está emergiendo en Europa, ya está bien consolidada en otras regiones.

«El mercado asiático, con Japón a la cabeza, ha desarrollado considerablemente esta tecnología. Hoy en día, Japón, China y Corea del Sur nos llevan unos siete años de ventaja», afirmó Marcel Aumer, sobre el caso europeo.

Y en lo que respecta a Latinoamérica, sí hay uso de baterías de flujo redox, pero aún es marginal y experimental, con Brasil y Chile a la cabeza. La región está en una fase temprana, lejos todavía de proyectos gigantes como el de Laufenburg.

Tobias Schmidt, profesor de política energética y tecnológica en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zúrich), realizó en 2020 un estudioEnlace externo en el que analizó las tecnologías de baterías con mayores probabilidades de imponerse a escala mundial en el futuro. Considera que la tecnología de flujo redox, tal como está prevista en Laufenburg, «no tiene ninguna posibilidad». «No conozco las cifras exactas de Laufenburg. Pero me sorprende. Yo no invertiría en esta tecnología», declaróEnlace externo el año pasado a la radiotelevisión pública suiza SRF.

Schmidt cree que el futuro pertenece a las baterías de iones metálicos, como las «de ion‑litio». «El enorme mercado de las baterías de ion‑litio son los vehículos eléctricos. Hay mucha inversión en este ámbito, especialmente en China, y las baterías están mejorando y abaratándose rápidamente. La curva de aprendizaje de esta tecnología es enorme», explicó a SRF.

El profesor suizo fue coautor de un estudioEnlace externo de 2025 que indica que el almacenamiento energético posterior al ion‑litio (una nueva generación de almacenamiento), en particular el basado en sodio‑ion, se beneficia plenamente de la curva de aprendizaje de las baterías de ion‑litio. «Por lo tanto, es realmente difícil superar la trayectoria de las baterías de iones metálicos», declaró Schmidt a Swissinfo.

Adaptado por Patricia Islas


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