Pueblo maya de Guatemala desafía la sequía implorando en la laguna sagrada de un volcán
Agustín Ortiz y Alex Cruz
San Martín Sacatepéquez (Guatemala), 14 may (EFE).– El misticismo y la necesidad se volvieron a aliar este jueves en las aguas sagradas de una laguna situada a dos mil metros de altitud, en un volcán en Guatemala, donde cientos de indígenas de la etnia maya mam celebraron su ancestral ceremonia para combatir la sequía que afecta a sus cultivos.
Guiados por el calendario espiritual que marca la fecha exacta, familias procedentes de municipios de Quetzaltenango ascendieron el volcán Chicabal para depositar ofrendas de flores y velas en la laguna situada en el cráter donde, según su cosmovisión, las nubes bajan a la tierra para recoger el líquido vital.
«Venimos con una devoción de que siempre cada año venimos aquí a hacer una ceremonia por la vida, por todo el mundo entero», relató a EFE Alma López, una devota originaria de San Juan Ostuncalco, quien llegó acompañada de su comunidad tras horas de trayecto.
Para esta población, predominantemente dedicada al cultivo de hortalizas y granos básicos, la falta de precipitaciones representa una amenaza directa a su supervivencia, en una región que depende por completo de la agricultura familiar de secano.
«Pedimos agua, pedimos lluvia, pedimos por la vida a cada uno de nosotros y pedimos por los enfermos, por cuántos problemas que hay en este mundo venimos a pedir por todo», detalló López, segura que de la salud de la tierra depende la producción de «papa, zanahoria, repollo y la sagrada maíz, haba y frijol».
La ceremonia, en la que confluyen ritos de la espiritualidad maya y el catolicismo popular, se celebra en torno a los 40 altares prehispánicos que bordean la laguna, enclavada en este volcán en el municipio de San Martín Sacatepéquez, ubicada a más de 200 kilómetros de la capital guatemalteca.
Para llegar a la laguna, desde el área de ingreso y control, se deben recorrer cerca de 5 kilómetros cuesta arriba caminando por las faldas del volcán Chicabal, para luego descender las gradas que llevan al espejo de agua.
La laguna es custodiada con celo por los comunitarios debido a restricciones ancestrales que prohíben nadar o contaminar sus aguas, bajo la creencia de que el domo hídrico podría «esconderse» si su pureza es vulnerada.
Resistencia espiritual frente al cambio climático
Wilson García, líder comunitario de San Juan Ostuncalco, subrayó que, más allá de un acto de fe mística, la peregrinación constituye un ejercicio colectivo de memoria histórica y preservación frente a las presiones culturales externas.
«Esto no es ninguna religión, esto es espiritualidad del pueblo. Nos invadieron, pero nosotros somos los futuros que nos dejaron los abuelos. Seguimos la resistencia en la espiritualidad», sentenció.
Por su parte, Mash, activista de formación política del Consejo del Pueblo Maya, apuntó que el encuentro no congrega únicamente a campesinos, sino a un tejido social diverso compuesto por comerciantes y académicos comprometidos con la restauración del equilibrio ecológico.
«Hoy hablamos del cambio climático, que es un fenómeno en el que se pone en cuestión la vida y en riesgo la vida. Entonces, es una invitación para que volvamos a nuestra esencia como seres humanos», dijo Mash a EFE.
Según registros de la municipalidad local y de la asociación de guías espirituales, se estima que cada año entre 2.000 y 3.000 personas ascienden a la cumbre para participar en el cierre de la rogativa.
El flujo de peregrinos se ha mantenido constante en la última década, consolidando a Chicabal como uno de los sitios sagrados de mayor relevancia espiritual y turística del Altiplano guatemalteco. EFE
ac-ao/mt/rod
(foto) (video)