«Luchar contra la escisión no es un capricho»
En aumento, la práctica de la escisión afecta a 130 millones de mujeres en el mundo, sobre todo en África. Mariam Namogo, oriunda de Mali y de visita en Suiza, combate su propagación.
“El asunto es de las africanas y los africanos”, dice Namogo, quien es responsable de un proyecto de la organización suiza Helvetas.
“De unas cuarenta personas, Helvetas Mali emplea a gente local, como yo, además de dos o tres expatriados. Lo que resulta muy importante para convencer a la gente que la lucha contra la escisión no es un capricho de Occidente” explica Namogo.
Esta mujer enérgica y sonriente, de 47 años, dirige el proyecto iniciado en 2007 por la Obra de Ayuda Suiza en Mali, donde nueve de diez mujeres reciben esta escisión genital, normalmente se trata del corte del clítoris y los pequeños labios vaginales.
La operación, prohibida en los hospitales, se practica con frecuencia en la clandestinidad de baños sucios, explica la jefa del proyecto de Helvetas. “Pero aún si realizara en buenas condiciones de higiene, esto no impediría los grandes problemas de salud que provoca al 30% de las mujeres intervenidas”.
Además de dolores atroces, se producen hemorragias, infecciones e incontinencia tras el corte. Después aparecen quistes, además de las dificultades que sufren en las relaciones sexuales y el parto. Sin olvidar la depresión, la ansiedad, la fragilidad, la esterilidad y los conflictos conyugales.
La religión, nada que ver
La mutilación genital se remonta a la Antigüedad, como lo demuestran las momias del antiguo Egipto. “De origen, se trataba de un ritual de la transición a la pubertad de las chicas, pero hoy la edad ha descendido. El 84% de las niñas de menos de 15 años son mutiladas, lo que demuestra que este rito perdió su contenido original”.
La practica se realiza entre musulmanes (90%), pero también por animistas (89%) y cristianos (1%). “Ciertos imanes tienen la tendencia de integrar la escisión en la práctica religiosa, mientras que el Corán no dice palabra alguna al respecto, pero la población no sabe leerlo”, precisa.
Esta práctica sociocultural es contraria a los derechos humanos, pero no está prohibida en Mali. “Las autoridades tienen una actitud moderada. Por un lado, hay la voluntad de hacer algo pero pocos medios y, además, no tienen ganas de hacer mucha agitación al respecto”.
En julio de 2009, la asamblea nacional votó un código del ámbito familiar que prohíbe la escisión pero, ante las amenazas de los islamistas, el presidente de Mali renunció a firmar la nueva ley.
Problema íntimo y social
Esta derrota ha sido muy dura y toda la dificultad viene del hecho que este tema toca a la vez la esfera íntima y social, indica Mariam Namogo.
“Se trataba de un tal tabú que las mujeres, ellas mismas, no hacían relación alguna entre su salud y la escisión, que hacía parte de su vida”.
Sobre la tarea de Helvetas, Namogo señala que “consiste en comunicar, informar, sensibilizar a través de todos los medios y herramientas a las asociaciones de todo tipo, además de proporcionar acompañamiento financiero y técnico para abordar el tema de la escisión entre las comunidades locales.
En la región donde trabaja la ONG un pueblo asumió oficialmente el fin de la escisión, y otros ocho quieren seguir esos pasos.
La lucha es ingrata, pero ofrece bellos momentos: “Una vez, en plena asamblea del pueblo, el alcalde dijo que ese problema no existía allí, que era un invento. Una mujer entonces se levanto y alzó su vestido y tuvo el coraje de mostrar la parte de su cuerpo escindida. Ese día esa comunidad decidió el fin de la ablación.
“No somos bárbaros”
Mariam Namogo pone sus esperanzas en los jóvenes y en los hombres. “Se sienten ellos cada vez más concernidos, puesto que deben asumir los gastos de la escisión, pero también de los problemas de salud de esposas e hijas. Además de que desean una vida conyugal más fácil porque las mujeres rechazan tener relaciones sexuales difíciles y esto provoca muchos divorcios”.
Determinada, Namogo no acepta el discurso crítico de algunos occidentales: “Se equivocan al acusar a las madres de no querer a sus hijas. No somos bárbaros; este fenómeno está inmerso en nuestra identidad y es normal que un pueblo defienda esa identidad”.
Isabelle Eicherberger, swissinfo.ch
(Traducción: Patricia Islas)
Primera organización privada suiza de cooperación al desarrollo, fundada en 1955.
Con Swissaid, Acción Cuaresma, Pan para el Prójimo, Caritas y Ayuda de la Iglesia Protestante de Suiza (EPER), Helvetas forma parte de Alliance Sud, coalición que promueve activamente el respaldo de Suiza al desarrollo en países pobres.
En 2009, Helvetas dirigió proyectos en 18 países, empleó a 600 colaboradores locales y 45 expatriados. En Suiza ocupa a 60 personas.
Presente en Mali desde 1977, un país cuyo 50% del territorio es desértico y cuya población sobrevive con memos de dos dólares por día.
1963: nació en Bambara.
Trabajó durante 13 años para una ONG canadiense, después concluyó sus estudios.
Licenciada en administración de proyectos.
2001: inicia su labor en Helvetas Mali, como consejera en estudios de ciudadanía durante la etapa de descentralización del país.
2007: responsable del proyecto de Helvetas para el apoyo a iniciativas locales de lucha contra la escisión (SILE)
Es viuda y tiene dos hijos de 26 y 22 años, estudiantes.
Hay tres tipos:
La ablación de los órganos genitales externos, la ablación del clítoris y los labios inferiores (el tipo más expandido en Mali) y la ablación de los labios vaginales externos e internos con sutura en la apertura vaginal, denominada infibulación.
130 millones de chicas y mujeres han sufrido una forma de ablación en el mundo (80 millones en 1985).
Cada año, cerca de 3 millones de chicas son sometidas a esta práctica.
En Mali, el 85% de las mujeres de entre 15 a 49 años de edad tienen la escisión.
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