Suiza se queda atrás mientras Europa acelera hacia las renovables en plena crisis del petróleo
A medida que el conflicto en Oriente Medio encarece los combustibles, hogares de toda Europa están apostando por los paneles solares, las bombas de calor y los coches eléctricos. En Suiza, en cambio, la ciudadanía se encuentra con más obstáculos en el camino hacia las energías renovables.
Durante años, Patrick Andres y su pareja habían pensado en instalar paneles solares en su casa del cantón de Friburgo. Producir su propia electricidad les permitiría ahorrar dinero y acercarse a su objetivo de emisiones netas cero. Este año, finalmente decidieron encargar la instalación.
«No fue realmente por la crisis de Irán», explica Andres. «Pero ahora, con los precios actuales y baterías más baratas, empezó a tener realmente sentido».
En toda Europa —y en el mundo— muchos hogares están tomando una decisión similar. Ante una nueva crisis energética, quienes estaban a punto de dar el salto a las renovables están terminando de decidirse. La demanda de paneles solares, bombas de calor y vehículos eléctricos se ha disparado, con algunos mercados europeos registrando aumentos del 80%Enlace externo o más en las últimas semanas.
Sin embargo, en Suiza la reacción ha sido más contenida. Las empresas solares afirman no haber registrado un aumento de la demanda este año. Las ventas de vehículos eléctricos se mantienen en niveles similares a los de hace cuatro años. Y las instalaciones de bombas de calor cayeron con fuerza en 2024-2025, con un crecimiento solo moderado en 2026, lejos del auge observadoEnlace externo en otros países europeos.
Eso no significa que la población suiza rechace las renovables. Las compañías eléctricas señalan que la clientela está interesada en la energía verde, pero duda a la hora de tomar decisiones importantes.
«Existe una brecha clara entre el interés y la puesta en práctica», explica Manfred Joss, responsable de comunicación de BKW, una de las mayores empresas energéticas de Suiza.
Para muchos hogares suizos, el problema son los incentivos —o la falta de ellos—. Las ayudas públicas para adoptar renovables, como las deducciones fiscales, están en gran medida descentralizadas.
Algunos cantones, por ejemplo, ofrecen subvenciones para instalar bombas de calor, pero estas varían según la región y el tipo de sistema elegido. Además, Suiza prevé eliminar la mayoría de las deducciones fiscales por reformas de vivienda, lo que deja a los propietarios una horquilla limitada para invertir antes de que las nuevas normas entren en vigor en 2029Enlace externo.
No existen subvenciones federales para la compra de vehículos eléctricos, y el país eliminó en 2024 la exención del impuesto de importación para estos coches. La mayoría de los incentivos actuales se limitan a reducciones fiscales a nivel cantonal.
Representantes del sector señalan que los cambios normativos, la incertidumbre sobre futuras ayudas y el debate en torno al papel de la energía nuclear envían señales contradictorias a inversores y propietarios, lo que complica las decisiones a largo plazo y ralentiza la transición hacia las bombas de calor y otras tecnologías renovables.
En Alemania y Francia, en cambio, las subvenciones y los préstamos a bajo interés han reducido de forma significativa el coste inicial de instalar bombas de calor y paneles solares. El Reino Unido combina ayudas específicas con marcos regulatorios para fomentar su adopción. En los países nórdicos, los incentivos son aún más estructurales: Noruega ha convertido el coche eléctrico en una opción muy competitiva gracias a exenciones fiscales y ventajas adicionales, mientras que Dinamarca utiliza impuestos de matriculación y políticas energéticas para favorecer la movilidad eléctrica.
En Suiza, sin embargo, personas como Andres sienten que su voluntad de ser más sostenibles choca con la burocracia y la falta de claridad. «Cada oferta era distinta, las subvenciones dependen del cantón y las normas cambian constantemente», señala Andres. «Siempre te preguntas si estás tomando la decisión equivocada».
Europa avanza, Suiza se queda atrás
El conflicto en Irán es solo el último detonante del auge de la energía solar en Europa. La pandemia de la Covid-19 y la crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania ya habían generado fuertes incrementos en los últimos años. Sin embargo, en Suiza las instalaciones han perdido ritmo en los últimos tiempos.
Datos de Swissolar y de CKW AG, uno de los mayores proveedores de energía del país, muestran que las solicitudes para nuevas instalaciones solares han empezado a descender desde el pico alcanzado tras la invasión rusa de Ucrania.
En otros lugares, en cambio, las instalaciones siguen creciendo. En Suiza se vendieron alrededor de 6.100 bombas de calor en el primer trimestre de 2026, lo que supone un aumento de aproximadamente el 9% respecto al mismo periodo del año anterior, pero lejos del fuerte incremento registrado durante la crisis energética posterior a la invasión rusa de Ucrania, cuando las ventas aumentaron un 25%. Los expertos estiman que Suiza necesita instalar alrededor de 60.000 bombas de calor al año de media para alcanzar sus objetivos climáticos de 2050. El ritmo necesario aumentará con el tiempo: empezará situándose en torno a 40.000–50.000 instalaciones anuales y crecerá aún más a medida que los sistemas antiguos deban ser sustituidos.
En el Reino Unido, el proveedor energético Octopus Energy ha informadoEnlace externo de que las ventas de sistemas solares aumentaron alrededor de un 80% en marzo, los contratos de leasing de vehículos eléctricos crecieron más de un 85% y los pedidos de bombas de calor casi se duplicaron. Otros proveedores registran tendencias similares, con algunos incluso reportando un aumento superior al 250% en las consultas sobre energía solar.
En Alemania, el proveedor energético E.ON afirma que la demanda de instalaciones solares en tejadosEnlace externo se ha duplicado aproximadamente desde el estallido del conflicto en Irán. En los Países Bajos, las empresas instaladoras informan de que están desbordadas por la demanda de paneles solares, bombas de calor y baterías domésticas, con algunos registrando picos a corto plazo de hasta el 100% en comparación con los niveles anteriores a la actual crisis energética.
Lento avance del coche eléctrico en Suiza
El efecto más visible del conflicto en Oriente Medio se ha notado en los precios de los combustibles, que han aumentado con fuerza, reforzando el atractivo económico del coche eléctrico.
En Alemania, las matriculaciones de vehículos eléctricos de batería fueron un 60% superiores en marzo respecto al año anterior. Ese mismo mes, los eléctricos representaron el 98% de las ventas de coches nuevos en Noruega, el 77% en Dinamarca y el 50% en Finlandia. En Suiza, la cuota se situó en el 23,2%.
Esta brecha con otros países es relativamente reciente. En 2022, Dinamarca y Suiza estaban en niveles similares, con alrededor de un 20% de coches eléctricos en las nuevas matriculaciones. Este año, la cuota supera el 80% en Dinamarca, mientras que en Suiza se mantiene prácticamente estable, ligeramente por encima del 21%.
Parte de la diferencia se explica por el modo en que las políticas públicas influyen en la economía de la transición. En países como Dinamarca o Noruega, el sistema fiscal y los incentivos han reducido tanto el precio relativo de los coches eléctricos que, en muchos casos, resultan igual de competitivos —o incluso más baratos— que los modelos de gasolina equivalentes.
En Suiza, en cambio, los incentivos son mucho más limitados. Sin ayudas federales y con medidas que varían de un cantón a otro, los vehículos eléctricos suelen ser más caros que los de combustión. La principal ventaja económica se encuentra en los costes de uso.
«A corto plazo, el aumento del precio de la gasolina puede cambiar el comportamiento», señala Vincent Kaufmann, profesor asociado en la EPFL (Escuela Politécnica Federal de Lausana). «Pero los cambios estructurales llevan más tiempo».
Muchas familias suizas están adoptando el coche eléctrico, pero de forma gradual. Los vehículos híbridos tienen una cuota mayor que los totalmente eléctricos, lo que sugiere una transición parcial en lugar de un cambio completo.
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Un cambio que parte del cálculo, no de la urgencia
A medida que se acumulan los efectos del cambio climático y de las crisis energéticas globales, la clase política debate cómo responder.
El Partido Verde suizo ha pedido acelerar la eliminación de los combustibles fósiles, advirtiendo de que siguen alimentando conflictos internacionales. Representantes del Partido Verde Liberal y del Centro también han subrayado la necesidad de reducir la dependencia energética del exterior, apostando por más inversión en solar, redes eléctricas y capacidad de almacenamiento.
Por su parte, el Partido Liberal Radical (FDP) defiende reducir las barreras administrativas y reforzar los incentivos a la inversión privada en renovables, simplificando los procedimientos para proyectos solares y eólicos y aumentando la seguridad de planificación para los inversores, en lugar de ampliar los programas de subvenciones públicas.
En términos más generales, los analistas consideran que la crisis de Irán refuerza las preocupaciones sobre la seguridad energética y la dependencia de las importaciones, lo que a su vez fortalece el argumento a favor de las energías renovables.
«A medio y largo plazo, esto acelerará la electrificación y reforzará el cambio hacia el transporte público», concluye Kaufmann.
Editado por Gabe Bullard. Adaptado del inglés por Carla Wolff.
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