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Ucrania forja nuevos caminos para miles de veteranos tras cuatro años de invasión rusa

Rostyslav Averchuk

Leópolis (Ucrania), 21 feb (EFE).- Mientras el Ejército de Ucrania continúa defendiendo el país frente a la invasión rusa cuatro años después de su comienzo, la sociedad se está adaptando para apoyar al creciente número de veteranos y soldados heridos que intentan regresar a la vida civil.

«La clave es aceptar que nada volverá a ser igual», afirma Serguí Titarenko, de 41 años, sonriendo desde su silla de ruedas en una entrevista con EFE.

Titarenko, expiloto de helicóptero, perdió la sensibilidad en ambas piernas cuando su aeronave fue derribada durante la guerra en la región oriental del Donbás en 2014. En aquel momento, el apoyo especializado era escaso y, durante su larga recuperación, decidió aprender cómo ayudar a otros soldados heridos.

Habilitación: aprender a vivir de nuevo

Cuatro años después de la invasión a gran escala lanzada por Rusia en 2022, la situación ha mejorado. Varios centros de rehabilitación surgieron en la ciudad occidental de Leópolis, beneficiándose de una sólida infraestructura médica y de su distancia del frente.

El Centro de Habilitación de Leópolis (HAB), la primera instalación dedicada de este tipo en Ucrania, inaugurada en 2024, se centra en una carencia importante: ayudar a los veteranos a adaptarse a la vida cotidiana tras el tratamiento médico inicial, explica Titarenko, responsable del proceso de habilitación.

Mientras los hospitales atienden las heridas físicas, muchos veteranos tienen dificultades para aceptar las nuevas limitaciones de su cuerpo y reconstruir sus rutinas. Tareas simples como preparar comidas, ducharse o utilizar el transporte público se convierten en grandes obstáculos para quienes han sufrido amputaciones o parálisis parcial.

En HAB, los veteranos aprenden de sus compañeros y del personal en la búsqueda de soluciones adaptadas a sus necesidades.

«En los hospitales o en casa, alguien siempre hace todo por mí. Aquí aprendo a valerme por mí mismo», dice Denís, un veterano parcialmente paralizado, tras prepararse su propia taza de café.

Debido a las largas listas de espera, las estancias se limitan a 21 días, el mínimo necesario para adquirir nuevos hábitos, explica la psicóloga Marina Prishchepa. El programa incluye actividades de socialización, sesiones de música, juegos y terapias.

Un principio rector se inspira en el arte japonés del kintsugi: reparar cerámica rota para hacerla más bella y valiosa. «A pesar de estar hechos pedazos, los veteranos no solo vuelven a estar completos, sino que se vuelven únicos», afirma Prishchepa, quien señala platos recompuestos expuestos en la entrada.

Más de 750 veteranos han pasado hasta ahora por HAB y su equipo colabora con el Gobierno para ampliar el modelo a nivel nacional.

«Queremos crear una herramienta que pueda utilizarse en cualquier lugar de Ucrania», subraya Titarenko.

Acoger a los veteranos

Más de 130.000 soldados han sufrido alguna discapacidad a raíz de los combates, según el Ministerio de Asuntos de los Veteranos.

El Gobierno prevé que será necesario apoyar a entre 5 y 6 millones de veteranos y sus familiares una vez que termine la guerra.

Será un esfuerzo a largo plazo, incluso para quienes regresen sin heridas, afirma Andrí Zholob, vicealcalde de Leópolis responsable de asuntos de veteranos.

«Nunca se regresa del todo de la guerra», dice el excomandante de una unidad médica de primera línea del frente, de 45 años, que pasó dos años atendiendo a soldados gravemente heridos.

Ahora dirige una creciente red de centros de apoyo en Leópolis que brindan asistencia en cuestiones legales, psicológicas y laborales esenciales para la adaptación.

Zholob reconoce los riesgos: los veteranos traumatizados pueden contribuir a un aumento de la violencia doméstica o buscar refugio en el alcohol.

«Cada caso es único», señala Zholob, quien subraya la importancia del apoyo familiar y destaca que los propios exsoldados deben adoptar una actitud proactiva: aprovechar las oportunidades en lugar de esperar soluciones pasivamente.

Sin embargo, también considera a los veteranos un activo, ya que muchos se replantean sus prioridades y adquieren una renovada «sed de vida» una vez su condición psicológica se estabiliza.

«Los veteranos pueden ser dos o tres veces más productivos que los civiles. Nos sentimos profundamente agradecidos por haber regresado vivos del infierno», dice Zholob, quien ha vuelto a actuar con su banda de música punk.

Esa energía puede beneficiar a la sociedad, siempre que esta acoja a los veteranos sin estereotipos ni limite el apoyo únicamente a compensaciones económicas.

De forma alentadora, el equipo de Zholob recibe múltiples solicitudes de empresas y organizaciones que buscan orientación sobre cómo adaptar sus espacios y servicios para acoger a veteranos como empleados o clientes.

Persisten desafíos, entre ellos garantizar la movilidad sin barreras y abordar tensiones puntuales entre veteranos y aquellos civiles que sienten vergüenza por haber eludido el servicio militar.

«Muchos civiles lo están pasando peor que los veteranos», señala Zholob. «Al menos nosotros podemos mirar a todos tranquilamente a los ojos», añade. EFE

ra/cae/jlp

(foto)(vídeo)

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