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Un año de Gobierno de Yamandú Orsi: entre la incertidumbre global y la búsqueda de balance

Daniela Calone

Montevideo, 28 feb (EFE).- Con un escenario global que tiempo atrás definió como «complejo e imprevisible», una inflación que superó los 30 meses dentro del rango de tolerancia y el acuerdo Unión Europea-Mercosur ratificado, Yamandú Orsi cumple este 1 de marzo su primer año como presidente de Uruguay.

«El avance de las acciones y acuerdos del Mercosur, el reforzamiento de la Celac, la participación cada vez más activa en la OEA, la profundización de la cooperación sur-sur, la multiplicación de acuerdos con los grandes países de referencia de nuestro mundo en forma bilateral o multilateral serán algunas de las banderas que desplegaremos en estos cinco años», dijo el mandatario en el momento de asumir. Apertura internacional

Pocas semanas después de eso, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la imposición de un arancel recíproco del 10 % a las importaciones procedentes de países de América Latina, un hecho que, en palabras de la experta en Relaciones Internacionales Magdalena Bas, fue una muestra de los riesgos de «un escenario internacional complejo».

«Generó mucha incertidumbre, sobre todo al comienzo, porque no quedaba muy claro cuál era el impacto real que iba a tener en Uruguay», recuerda en diálogo con EFE. Pese a esto, asegura que la administración de Orsi logró gestionar «un año balanceado en términos de política exterior».

Bas sostiene que, debido a su posición en el mundo, Uruguay no puede elegir entre quienes se disputan la hegemonía global, sino que tiene que buscar un «balance» entre ellos y estar abierto a nuevos mercados.

La experta recuerda que una delegación encabezada por el mandatario viajó este año a China, pero señala que sus esfuerzos no se han limitado a este mercado y que hay una intención de buscar negocios en otras partes. También subraya que el Mercosur se ha mantenido como una «política de Estado».

Un panorama incierto

Para el economista Ignacio Munyo, el «contexto externo de dudas», no es ni bueno ni malo en términos económicos para Uruguay.

Sostiene que el país suramericano debe «mirar hacia adentro» y poner el foco en reformas que «siempre tiene pendientes» y que son las que determinan que el país sea más competitivo.

El problema de la competitividad «se viene arrastrando desde hace tiempo» en Uruguay, dice Munyo, quien añade que este llevó al Gobierno de Orsi a asumir con dos objetivos: «Acelerar la tasa de crecimiento en la economía y acelerar la inversión».

Un año después de aquel 1 de marzo, el experto dice que no hay «señales claras ni compromisos» por parte del Gobierno para mejorar la competitividad ni el «clima de negocios».

Munyo cuestiona -por ejemplo- la señal que envía el Ministerio de Trabajo al impulsar un proyecto de ley que obligue a las empresas a notificar con anticipación los despidos masivos. También que el ministro de Economía, Gabriel Oddone, haya dicho que «Uruguay va a seguir siendo un país caro».

«Las señales no están alineadas con el objetivo. Hay como una especie de divorcio entre lo que se dice que se quiere hacer, y lo que se está haciendo», resume.

El economista sugiere que Uruguay debe apostar por reformas que impliquen revisiones a fondo para flexibilizar el mercado laboral y también para reordenar los sectores a los que el Estado asigna recursos.

Expectativas

Mientras tanto, la politóloga Mariana Pomiés destaca que el Gobierno haya conseguido «cumplir con los objetivos que se había planteado para el primer año», como aprobar el presupuesto quinquenal «sin grandes concesiones a la oposición».

La experta recuerda que Orsi inició un mandato con desventaja en comparación con las anteriores presidencias del izquierdista Frente Amplio, ya que al comienzo buena parte de la población se mantenía «expectante» y no se decantaba ni a favor ni en contra de su gestión.

Según los datos de la consultora Cifra —dirigida por Pomiés—, entre septiembre y octubre de 2025 la aprobación de la gestión del presidente bajó de un 43 % a un 40 %, mientras que la desaprobación aumentó de un 33 % a un 40 %.

Para Pomiés, las expectativas de los votantes «están lejos de colmarse», debido a que los hitos alcanzados este año no impactan directamente en su día a día.

«La gente espera algunas cosas que tienen que ver más con el impacto en su vida cotidiana, en las fuentes de empleo, en una mejora en los ingresos o en la seguridad», detalla Pomiés y plantea que el Gobierno «tiene que mostrar y poner ya». EFE

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