Uzbekistán abrirá un museo dedicado al mar de Aral y las consecuencias de la desertización
Moscú, 20 feb (EFE).- El presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyóyev, anunció este viernes la próxima apertura de un museo dedicado al mar de Aral y a la desertización provocada por la dramática reducción de su superficie desde mediados del siglo XX.
Mirziyóyev presidió una reunión en la que se abordó dicho proyecto que se llevará cabo en el noroeste de la república centroasiática, en la autonomía de Karakalpakistán, según informó la oficina de prensa de la Presidencia.
La capital de Uzbekistán, Taskent, confía en que con ese proyecto, además de demostrar «a todo el mundo las secuelas de la sequía del mar», atraiga a muchos turistas extranjeros.
El objetivo es que Karakalpakistán sea destino en los próximos años de tres millones de turistas uzbekos y otro medio millón de visitantes de otras latitudes.
En 2018 Mirziyóyev ya abrió un centro de innovación para combatir el deterioro del entorno del Aral, escenario de una de las mayores catástrofes ecológicas del siglo XX.
Las autoridades se han dedicado en los últimos años a plantar árboles con el fin de mejorar la situación ecológica en la zona al reducir la intensidad de las tormentas de sal y la salinización del suelo, lo que contribuiría al desarrollo de la industria ganadera.
El vecino Kazajistán, con el que este país comparte el Aral, ha visto elevar varios metros el nivel del agua y han vuelto algunos peces de agua dulce que tenía antes allí su hábitat.
Situado en el corazón de Asia Central, el Aral perdió el 80 % de su volumen entre 1960 y 2010 debido a la intensiva política agrícola de la antigua Unión Soviética.
El Aral, el cuarto mar interior más grande del planeta en 1960, es ahora virtualmente un ecosistema muerto debido a que el contenido de sal en el agua se multiplicó por tres en medio siglo.
La acelerada desecación del Aral comenzó en los años sesenta, cuando la locomotora del desarrollismo soviético creyó hallar su panacea en el «oro blanco» -el algodón- de Asia Central, sueño perseguido también por Estados Unidos y China.
La irrigación salvaje de las tierras adyacentes exprimió los ríos Sir-Daria y Amu-Daria y condenó a este mar, cuyo nivel de agua se redujo a la mitad, a una muerte silenciosa.
La reducción del caudal de agua del Aral convirtió en desierto una superficie de 30.000 kilómetros cuadrados en torno a ese mar, mientras el aumento del contenido de sal en el agua disparó el índice de enfermedades respiratorias e infecciosas.EFE
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