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La vinicultura suiza busca frenar las importaciones europeas

viñedos
Un equipo dedicado a la vendimia trabaja en Epesses, en la región de Lavaux, en viñedos cercanos al lago Lemán Keystone / Valentin Flauraud

La industria vinícola suiza presiona para imponer más límites al vino extranjero porque se enfrenta a una caída en el consumo, a una férrea competencia del exterior y dudas sobre la calidad de sus productos. Un movimiento que inquieta a las empresas productoras de vinos de la Unión Europea (UE) porque Suiza es un mercado vital para sus exportaciones.

Diversos grupos productores y el sindicato de la comunidad agricultora suiza quieren restablecer un sistema que limitaría el derecho de las empresas suizas a importadores de vinos, pues solo podrían adquirir en el exterior un volumen equivalente al del vino suizo que están vendiendo, un régimen parecido al que estuvo en vigor hasta el 2001.

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«A diferencia de lo que sucede con muchos otros productos agrícolas, en el caso del vino carecemos de una protección fronteriza eficaz», afirmó el sindicato, argumentando además que las botellas de vino extranjeras entran a Suiza a precios «muy bajos». «Tenemos unos viñedos hermosos que deseamos preservar. Hay un beneficio general cuando tenemos una industria vinícola fuerte en Suiza».

La vinicultura suiza se enfrenta a un exceso de producción que se debe a que el consumo nacional se ha reducido casi 20% durante las últimas dos décadas, mientras la superficie de producción se ha mantenido estable.

De los mercados a los que la UE exporta vinos, Suiza es uno de los más valiosos, solo en 2004 importó alrededor de 161 millones de litros de vino de Francia, Italia y España. En Suiza, los vinos locales representan solo un tercio del consumo nacional.

Las empresas comercializadoras de vinos y otras organizaciones advierten que imponer restricciones podría traer un alivio temporal, pero no será la solución de problemas más profundos, como el retroceso que experimenta el consumo de alcohol a nivel global y la preferencia de la gente por otro tipo de bebidas alcohólicas.

Algunas fincas vinícolas suizas también tienen dificultades para vender debido a que hay problemas de calidad en sus productos, aunque una reforma normativa introducida en 2001 les ofreció incentivos para mejorar, al tiempo que abría el sector doméstico a una mayor competencia. Hoy, solo el 2% del vino helvético se exporta.

Philipp Schwander, comerciante de vinos, aseguró que las fincas productoras han estado creando la falsa sensación de que hay una crisis. «Dicen que el vino suizo desaparecerá si no lo protegemos. Esto no es cierto en absoluto: como sucede en el resto de Europa, hay un exceso en la producción y algunas fincas suizas tienen vinos que es extremadamente complejo vender».

«La cuota de vinos helvéticos en empresas vinícolas como la mía representa entre el 2% y el 3% de las ventas totales, ya que las mejores empresas productoras venden fundamentalmente de forma directa a la clientela», dijo Schwander. «Si estas nuevas normas son aprobadas, tendríamos que cerrar».

«Quieren que regresemos a los tiempos oscuros en los que había sistemas de cuotas que permitían a quienes producían malos vinos vender fácilmente sus productos sin tener competencia», agregó.

La propuesta busca establecer un régimen parecido al de importación de cárnicos en Suiza, un sector que tiene más reglas de protección que el vino, y es el tercer intento que ha habido en una década de reactivar normas que imponen cuotas al vino.

Cabildeo en favor de una competencia más justa

Las superficies vinícolas suizas se han mantenido estables durante las dos décadas precedentes. En Burdeos, pasaron de 122.000 hectáreas en 2005 a 94.700 hectáreas en 2024, lo que representa una reducción de aproximadamente 20 por ciento.

«En nuestra opinión, la existencia de un vino extranjero más barato no es el principal problema que tienen las principales fincas locales», asegura Olivier Savoy, secretario general de la Asociación de Comercio de Vinos en Suiza, organización que representa a comerciantes, minoristas, fincas productoras y bodegas.

«El verdadero problema es que el vino suizo no ha estructurado claramente su propósito o identidad. No se comercializa con la misma convicción que tienen, por ejemplo, el chocolate o el queso suizos».

Este organismo nacional representa a Vignoble Suisse, que reúne a las principales productoras de vino de Suiza, que junto con asociaciones productoras locales presionan para cambiar las reglas. Vignoble Suisse asegura que quiere «permitir una competencia más justa y evitar que se siga perdiendo cuota de mercado para nuestros vinos». Las asociaciones vinícolas de los cantones de Vaud y Valais no respondieron a la solicitud para hablar sobre el tema.

Es posible que haya una votación parlamentaria sobre el tema esta primavera, pero el legislador Benedikt Würt, del Partido del Centro, afirmó que espera que cualquier propuesta que imponga cuotas enfrente resistencia política.

«No creo que cambiar las normas del mercado consiga el apoyo de la mayoría del Parlamento», expresó.

Würt enfatizó que el presupuesto federal de este año ya contempla hasta 10 millones de francos suizos (12.7 millones de dólares) para apoyar la modernización, diversificación de cultivos y reducción del volumen de producción de las explotaciones vinícolas.

Derechos reservados The Financial Times Limited 2026

Texto adaptado del inglés por Andrea Ornelas. Versión en español revisada por Carla Wolff.

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