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Visita Adiós a la centenaria temporada del Circo Knie

Linna Knie-Sun with a parrot

Linna Knie-Sun y su compañero en el Circus Knie.

(Shao Dahai, SWI swissinfo.ch)

Lo primero a la vista es una carpa grande roja y blanca. Detrás, las caravanas de color azul y blanco. Estas son señales claras de que el Circo Knie ha llegado a la ciudad 

Los visitamos en el día de sus presentaciones en Thun. Solo un grupo de preescolares dirigido por dos maestros estaba de visita y los camellos que pastaban en el área del circo llamaron su atención.

De este modo, los chicos no se percataron de que Franco Knie Jr y Linna Knie-Sun, de la dinastía Knie, se encontraban allí para conversar con swissinfo.ch.

Esta pareja es conocida para muchos en Suiza. Aparece con frecuencia en los medios de comunicación locales, junto a su hijo de 13 años, Chris Rui.

Linna nació en China y se incorporó al Circo Knie como acróbata hace 20 años. Su marido es el director técnico del circo.

Microcosmos

Lo que muchos consideran uno de los tesoros nacionales de Suiza es, en esencia, un microcosmos cosmopolita que refleja cómo ha cambiado Suiza en el último siglo.

Desde 1919, año en que los Knie compraron su primera gran carpa, el país se ha ido abriendo más al mundo. En ese momento sólo uno de cada diez residentes era extranjero. Ahora, lo es uno de cada cuatro.

El circo es un crisol de nacionalidades y generaciones de artistas cuyos orígenes son tan diversos que hablar de ciudadanía e identidades nacionales no tiene sentido.

"No creo que la gente sea muy diferente", nos comenta Linna mientras nos instalamos en una caravana. "Es un tema que se desarrolla en la conciencia subjetiva de la gente. Yo actúo según mis ideas, no porque sea suiza o china".

El circo cuenta con unos 240 miembros de más de 15 países. Hay acróbatas del Circo de Nikulin en Moscú y un concursante del ‘America's Got Talent’. Y el grupo de payasos tuvieron antepasados que actuaron en la corte de Luis XV de Francia.

"Tenemos dos reglas de hierro en el circo", nos explica Franco. "No hables de política o religión y cumpliendo estas dos reglas, los artistas de todos los países del circo pueden llevarse bien. Por supuesto, es inevitable que haya ciertas fricciones, pero este es también el lado humano de nuestro trabajo", añade.

Para Franco, ninguna cultura es difícil de entender. "Depende de si estás dispuesto a entenderla”, sentencia.

La temporada concluye luego de 320 actuaciones en más de 30 ciudades y los artistas de esta temporada llegados de ultramar regresan a casa durante el invierno.

"Como todos los años, es el momento de decir adiós", dice Franco con un tono de nostalgia.

Algunos de estos artistas volverán el año que viene, para la 101ª gira del circo más famoso de Suiza.

 





(Adaptación del artículo en chino: Patrick Böhler. Versión hispana: Patricia Islas), SWI swissinfo.ch

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