Nuevo reto energético: mantener el frescor en un clima que se calienta
Las viviendas y las ciudades suizas están diseñadas para hacer frente al invierno. Sin embargo, los veranos son cada vez más tórridos y el uso del aire acondicionado y el consumo de energía para la refrigeración está aumentando. ¿Qué implicaciones tiene esto para la red eléctrica?
Suiza es un país construido para el invierno. Casi todos los edificios tienen sistema de calefacción y se han diseñado para aprovechar al máximo el sol en los meses fríos.
Aunque ahora, por el calentamiento global, los inviernos son más suaves y las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas. Suiza es uno de los países en los que más rápidamente suben las temperaturas. Junto con el Reino Unido, Suiza podría registrar el incremento relativo más marcado en la cantidad de días de calor extremo.
El aumento de las temperaturas está generalizando el uso del aire acondicionado: este verano las ventas de aparatos de aire acondicionado portátiles y ventiladores han alcanzado niveles récord en SuizaEnlace externo.
Las tecnologías de enfriamiento mejoran el confort y reducen significativamente las muertes relacionadas con el calorEnlace externo. La expansión de la climatización, no obstante, también aumenta la presión sobre la red eléctrica, favorece en las ciudades el efecto isla de calor e incrementa las emisiones de gases de efecto invernadero.
«La refrigeración se está convirtiendo en un reto cada vez más importante tanto para los edificios como para el sistema eléctrico», afirma a Swissinfo Urs-Peter Menti, profesor y codirector del Instituto de Tecnología de la Construcción y Energía de la Universidad de Lucerna.
Una tendencia que no solo afecta a Suiza. La demanda de electricidad para enfriar los espacios está creciendo con fuerza en todo el mundo. En la Unión Europea (UE), el consumo energético para la refrigeración se ha duplicadoEnlace externo entre 2018 y 2024. Un consumo que también está creciendo significativamente en Estados Unidos, Asia y Oriente Medio.
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Auge del aire acondicionado portátil en Suiza
Se estima que menos de uno de cada diez hogares tiene sistema de aire acondicionado fijo (sistema split) en Suiza. Las restricciones normativas en algunos cantones y el elevado coste de instalarlo favorecen el éxito de los aparatos de aire acondicionado portátiles.
Estos aparatos —que tienen un precio medio de 452 francos y están listos para su uso inmediato— representan una solución sencilla para hacer frente a las olas de calor. En la tienda online suiza Galaxus en junio los aparatos portátiles de aire acondicionado se vendieron un 38 % Enlace externomás que el año anterior.
Los aparatos portátiles son menos eficaces y tienen un consumo eléctrico relativamente alto: un aparato de 1.000 vatios consume aproximadamente lo mismo que diez frigoríficos.
Una alternativa cada vez más extendida son las bombas de calor reversibles. Estos dispositivos, que utilizan electricidad para transferir el calor de un lugar a otro, son ya habituales en edificios nuevos o rehabilitados. Las bombas de calor pueden calentar los espacios interiores en invierno y refrigerarlos en verano.
Además de consumir energía, las bombas de calor y los aparatos de aire acondicionado fijos y portátiles contienen gases refrigerantes que, si se liberan a la atmósfera, contribuyen al efecto invernadero y a la crisis climática.
Aumenta el consumo energético para el enfriamiento
En Suiza, la demanda de electricidad para enfriar (aire acondicionado, ventilación e instalaciones técnicas) es muy parecida a la demanda relacionada con la calefacción, según datos de la Oficina Federal de la Energía. En 2024 representó el 10,9 % del consumo de electricidad, frente al 10,5 % de la calefacción.
Aunque estos datos hay que mirarlos con cautela, pues se refieren únicamente a la electricidad. Y mientras la refrigeración depende de la energía eléctrica casi por completo, la calefacción utiliza diversas fuentes de energía, entre ellas el gasóleo y el gas natural. Si se tienen en cuenta todos los vectores energéticos, la principal partida del consumo energético en los hogaresEnlace externo sigue siendo —con diferencia— la correspondiente a calentar los espacios.
En Suiza, no obstante, la tendencia es clara: el consumo energético para calentar los espacios ha disminuido notablemente (ha bajado el 19,5 % entre 2000 y 2024), mientras que el consumo destinado a refrigeración ha aumentado (ha crecido el 14,3 %).
Un equipo de investigación del Laboratorio Federal de Ensayos de Materiales e Investigación (Empa) estimaEnlace externo que —en un escenario extremo caracterizado por un fuerte calentamiento climático, un crecimiento demográfico elevado y una gran generalización de los sistemas de climatización—, de aquí a 2050, los hogares suizos podrían consumir cantidades similares de energía para refrigerar y calentar los espacios.
El aire acondicionado consume el 10 % de la electricidad mundial
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el enfriamiento de los edificios residenciales o comerciales es el segmento del consumo energético que más rápidamente crece a nivel mundial.
Entre 2000 y 2022, la demanda mundial de electricidad para enfriar espacios interiores se ha más que duplicado y alcanza unos 2.900 TWhEnlace externo. Esta cantidad equivale a casi el 10 % del consumo mundial de electricidad, una proporción que en los países más cálidos en verano puede superar el 50 %.
Se prevé que para 2035 el consumo eléctrico relacionado con la refrigeración aumente en otros 1.600 TWh, el equivalente al consumo eléctrico que tienen actualmente Japón y Corea del Sur juntos.
Los mayores incrementos se esperan en la India, China, el Sudeste Asiático y Oriente Medio: regiones densamente pobladas, caracterizadas por climas cálidos y economías en fuerte crecimiento. Además del calentamiento global, el aumento de los ingresos es lo que también contribuye a impulsar la demanda. Y es que cada vez más gente puede permitirse comprar un sistema de aire acondicionado.
El continente que más rápidamente se calienta —con temperaturas que aumentan al doble de ritmo que la media mundial— es Europa. Entre 1990 y 2025 Europa ha registrado el mayor incremento de los grados-día de refrigeración (cooling degree days o CDD, en inglés), que han crecido un 115 %. Los CDD son un indicador que estima la demanda de climatización y la energía necesaria para refrigeración.
En un escenario de calentamiento global de 3 °C, el número anual de CDD en Ginebra —una de las ciudades más calurosas de Suiza— podría más que duplicarse, según el panorama climático suizo CH2025.
Bombas de calor reversibles en vez de aire acondicionado portátil
Prescindir de medidas para refrigerar los edificios en la mayoría de los lugares no es realista. Pues el calor es un riesgo para la salud que a menudo se subestima, según Reto Knutti, climatólogo del Instituto Tecnológico Federal de Zúrich (ETH). Tal y como ha indicado en una entrevistaEnlace externo recientemente, para reducir las muertes por las altas temperaturas, «también debemos utilizar los sistemas de aire acondicionado de forma selectiva». Reto Knutti defiende que en las escuelas y en las residencias de la tercera edad, por ejemplo, debería haber aire acondicionado.
Con la generalización de los sistemas de climatización, la demanda anual de electricidad aumentará moderadamente, según Urs-Peter Menti. «El principal reto es el aumento de los picos de demanda en verano», dice.
Los sistemas de climatización en la actualidad son responsables del 3 % de las emisiones globales de gases de efecto invernaderoEnlace externo. La demanda de refrigeración, afortunadamente, suele coincidir con los periodos de mayor producción de energía fotovoltaica. «Si se diseñan adecuadamente, los sistemas energéticos, por lo tanto, pueden proporcionar refrigeración en gran medida utilizando energías renovables», explica Menti.
Robin Mutschler, de la Empa, señala que las bombas de calor combinadas con sistemas estacionales de almacenamiento térmico subterráneo pueden garantizar un enfriamiento altamente eficiente. Si la electricidad procede de fuentes renovables con bajas emisiones de carbono, las emisiones operativas de gases de efecto invernadero también pueden reducirse considerablemente.
Mutschler, asimismo, sostiene que ir sustituyendo las instalaciones de calefacción que utilizan combustibles fósiles por estas tecnologías podría hacer que los aparatos de aire acondicionado portátiles resulten en gran medida innecesarios. Según datos de la Oficina Federal de Estadística, en 2024 más del 23 % de los edificios residenciales de Suiza estaban equipados con una bomba de calor, una proporción cinco veces mayor que en el año 2000.
Replantearse la forma de construir las viviendas
Para Urs-Peter Menti, las nuevas construcciones deben tener en cuenta la nueva realidad climática. «Durante décadas, los edificios suizos se han optimizado para reducir las necesidades de calefacción, sobre todo. Hoy en día, adaptarse al cambio climático debe convertirse en un objetivo de diseño igual de importante», afirma.
Eso no significa únicamente instalar más sistemas de aire acondicionado. Ya que deberían priorizarse las soluciones de refrigeración pasivas.
Los sistemas de protección solar exteriores —como persianas y cortinas—impiden que entre el calor; mientras que los materiales de construcción con alta inercia térmica —como la arcilla— ralentizan el sobrecalentamiento de las estancias. También contribuye a mejorar el confort en verano que haya zonas de sombra alrededor de los edificios, superficies acristaladas más pequeñas y una buena ventilación.
El aislamiento térmico adecuado y las protecciones solares exteriores pueden reducir hasta en un 80 %Enlace externo la necesidad de refrigeración de un edificio, según la AIE.
Después de haber construido casas y ciudades para protegerse del frío, ahora Suiza debe aprender a convivir con el calor. El modo en que se diseñen los edificios y el sistema energético en los próximos años determinará si la refrigeración será un nuevo problema climático o parte de la solución.
Artículo editado por Gabe Bullard; y adaptado al español por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.
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