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Nuevo proyecto de riego para adaptar la agricultura suiza a las sequías

Un sistema de riego en un campo
El nuevo proyecto de riego quiere garantizar que durante las sequías los cultivos tengan agua suficiente. Keystone / Til Bürgy

La sequía de este año ha puesto a prueba la agricultura suiza. Una nueva red de 90 kilómetros de conductos subterráneos tratará de garantizar que unas 200 explotaciones agrícolas del cantón de Berna tengan agua suficiente.

La región del Seeland bernés (Région des trois lacs), situada al noroeste del país al pie del Jura, se está preparando para uno de los proyectos de riego más grandes de Suiza.

Con un coste aproximado de 15 millones de francos (18,6 millones de dólares), combinará tuberías subterráneas con bombas eléctricas para suministrar agua a unas 1.700 hectáreas de tierras de cultivo. Según ha podido saber la televisión pública suiza SRF, es uno de los mayores proyectos de este tipo en el país.

El actual sistema de riego —que utiliza una red de canales que atraviesa la región situada entre los lagos de Bienne, Morat y Neuchâtel— cada vez muestra más sus limitaciones. «Nuestro sistema de canales se creó sobre todo para garantizar el drenaje de las aguas», explica Aurelia Marti, del consorcio de tierras Ins-Gampelen-Gals.

Aunque los canales se han utilizado para regar durante años, las necesidades del sector han cambiado drásticamente. Las condiciones climáticas cambiantes, los veranos cada vez más secos, junto con los cada vez mayores estándares de calidad, hacen que los cultivos ahora necesiten regarse con mayor frecuencia que en la década de 1970.

La solución propuesta es un sistema cerrado de conductos subterráneos en bucle. En vez de bombearse directamente desde los canales con bombas móviles alimentadas con gasóleo, como se hace ahora, el agua se transportará hasta los campos a través de una red subterránea.

Asimismo, en las parcelas se instalarán tomas de agua a las que la gente del campo podrá conectar sus propias mangueras. Estas nuevas tuberías subterráneas también aumentarán la capacidad de distribuir agua. «De este modo, los agricultores podrán regar sus cultivos simultáneamente en los momentos de mayor necesidad», afirma Aurelia Marti.

El agua se extraerá del río Broye y del canal del Zihl. Incluso si se extrae la capacidad prevista máxima, según el consorcio de tierras, apenas se utilizará el 2% del caudal medio de los cursos de agua.

Un barco navega por un canal
El canal del Zihl une los lagos de Neuchâtel y de Bienne. Keystone / Jean-Christophe Bott

Hay que seguir ahorrando agua

El proyecto tiene un coste considerable: la modernización de toda la zona supondrá unos 15 millones de francos. La financiación correrá a cargo de la Confederación y los propietarios de los terrenos, entre los que destacan los municipios de Ins, Gampelen, Gals y Vinelz.

El nuevo sistema también contribuirá a evitar que se derroche agua, apunta Aurelia Marti. Como para hacer frente al coste del mantenimiento y la gestión de la red habrá que pagar por cada metro cúbico de agua que se utilice, la gente intentará gastar el agua de la forma más eficiente posible.

Hay una iniciativa similar destinada a la región de Broye, entre los cantones de Vaud y Friburgo. Se trata del proyecto ArroBroye: una red de unos 150 kilómetros de conductos que deberá bombear agua desde el lago de Neuchâtel hacia los campos de más de 170-200 explotaciones agrícolas. El objetivo —ante las sequías cada vez más frecuentes por el cambio climático— es poder garantizar a la agricultura el abastecimiento de agua.

El verano seco de 2026 ha puesto de relieve que la agricultura debe prepararse para futuras sequías. Hace ya algunos años que se está planificando un proyecto similar y de dimensiones comparables en los cantones de Friburgo y Vaud.

Hacia un futuro más silencioso

También está previsto abandonar las ruidosas bombas diésel. El nuevo sistema en el Seeland bernés se basará únicamente en bombas eléctricas.

Lo cual, además de reducir las emisiones de CO₂ de la producción alimentaria local y mejorar su huella ecológica, permitirá disminuir el ruido en beneficio de la población residente y de quienes se dedican a la agricultura. No podemos olvidar las molestias que los motores diésel causan.

El productor de hortalizas Ueli Kirchhofer, de Ins, dice estar entusiasmado con el proyecto: «Gracias a las bombas eléctricas, ya no dependeremos de los combustibles fósiles que tenemos que importar».

Kirchhofer también aboga por construir instalaciones solares en la región para cubrir las necesidades energéticas del sistema. Aunque, de momento, en la fase inicial del proyecto no está prevista esta opción, tal y como reconoce el consorcio de propietarios.

Si todo va según lo previsto, el proyecto se someterá a consulta pública a principios de 2027, las obras no comenzarán antes de finales de 2028 y toda la instalación estará lista para 2035.

Artículo adaptado al español por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.

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