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Un militar iraquí vigila una zona industrial de Mosul el 23 de junio de 2017. Los yihadistas del grupo EI, que se apoderaron de Mosul hace tres años tras una ofensiva relámpago, apenas ocuparían un kilómetro cuadrado en el casco antiguo

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Edificios derruidos, montañas de escombros, calles desiertas sembradas de cadáveres... Es el nuevo rostro apocalíptico del casco viejo de Mosul, antigua joya de Irak, cuyos barrios son poco a poco arrebatados por el ejército a los últimos combatientes yihadistas.

Por tercera vez en pocos minutos, el teniente coronel Mohamed al Tamim pasa sin mirar el cadáver de un yihadista, semienterrado bajo los escombros de lo que hace pocos días era aún la fachada de un edificio del barrio de Al Faruq.

Mejor alejarse: del hinchado cadáver, abandonado desde hace días bajo un temperatura de 40 grados, exhala un intenso olor de putrefacción.

El desconocido, con abundante barba, murió con su atuendo de combatiente y con las armas en la mano, y tal parece la suerte que podría esperar a los últimos yihadistas del grupo Estado Islámico (EI), atrincherados en la ciudad vieja. Serían varios centenares, según un comandante de los servicios de élite del contraterrorismo (CTS).

Los yihadistas del grupo EI, que se apoderaron de Mosul -segunda ciudad del país- hace tres años tras una ofensiva relámpago, apenas ocuparían un kilómetro cuadrado en el casco antiguo, y están rodeados por todas partes.

- "No se rinden" -

En la callejuela siguen resonando los disparos de armas automáticas, cohetes y morteros que las fuerzas iraquíes y los yihadistas se cruzan a pocos kilómetros de ahí.

"Los combatientes de Dáesh no se rinden" subraya el teniente coronel Al Tamim. "Y si no acaban muertos, en última instancia se suicidan haciéndose estallar".

Prueba de ello son las masas metálicas retorcidas que se ven en un lado de las calles: es lo que queda de las motos bomba, a menudo lanzadas contra sus enemigos por los kamikazes del grupo EI.

Las callejuelas del barrio están repletas de montañas de escombros, a veces de varios metros de altura, con restos de techos y fachadas que volaron en pedazos a lo largo de los combates.

Un soldado que participó en la reconquista del barrio Al Fariq destaca la importancia de los bombardeos aéreos en estas calles inaccesibles para los blindados: "Localizamos primero a los enemigos. Luego pedimos apoyo aéreo para eliminarlos. Después avanzamos, con precaución. Nos encontramos con muchos cadáveres, acorralamos a los demás" yihadistas vivos.

El paisaje urbano está devastado, en medio de un indescriptible desorden: cables eléctricos en el suelo, trituradas carcasas de autos empotradas entre dos pisos, barandillas torcidas encaramadas en los techos...

Edificios enteros han estallado y de ellos solo quedan montones de piedras. Los colores de los comercios de las callejuelas han desaparecido: el horizonte del barrio es apenas una masa informe, gris y polvorienta.

- "Nuestra prioridad" -

Los interiores de las casas aún de pie revelan el estado de sitio. Todos sus objetos o materiales están amontonados de forma anárquica, desde la ropa hasta las bicicletas, los muebles o los utensilios de cocina. No hay un solo civil en estas casas fantasma ni en las calles, solo algunas mantas, vestidos, muñecos o juguetes perdidos.

El ejército iraquí asegura que toma todas las medidas para preservar a las decenas de miles de civiles, la mitad de ellos niños, que han quedado atrapados en los barrios en manos del grupo EI.

"Son nuestra prioridad. Los hemos socorrido" subraya el general Abdelwahab al Saadi, uno de los comandantes de los CTS, al referirse a los civiles evacuados.

Los militares no informan sobre el número de civiles víctimas de los combates o de los bombardeos aéreos de la coalición internacional dirigida por Washington, que apoya las operaciones en tierra.

Según varios testimonios de civiles que huyeron de la ciudad vieja estos últimos días, son muy raras las familias que no han perdido a uno o varios allegados en los combates.

Algunos fueron víctimas del grupo EI, que les prometían la muerte en caso de intento de fuga. Otros testigos hablan de familias enteras refugiadas en los sótanos de sus casas ocupadas por yihadistas, y que perecieron aplastadas por los bombardeos.

Este domingo, en las callejuelas de Al Faruq, el nauseabundo olor de los cuerpos abandonados no flotaba únicamente en torno a los cadáveres de los yihadistas. También emanaba de entre los escombros de las casas bombardeadas.

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AFP