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Un cartel electoral del presidente yibutiano, Ismael Omar Guelleh, pegado en el mostrador de una tienda de Yibuti el 27 de marzo de 2016, Guelleh espera ser reelegido para su cuarto mandato al frente del país

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El presidente de Yibuti, Ismael Omar Guelleh, que gobierna en solitario desde 1999 este pequeño país del cuerno de África, augura una cómoda reelección en la presidencial del viernes, boicoteada por una parte de la oposición.

Unos 187.000 electores -de una población de 875.000 habitantes- son llamados a las urnas este viernes para escoger a su presidente entre seis candidatos. Los resultados serán anunciados esa misma noche.

Guelleh, de 68 años, aspira a un cuarto mandato para gobernar esta excolonia francesa, independiente desde 1977, cuya posición estratégica en la entrada al mar Rojo sigue suscitando mucho interés, en especial de China.

'IOG', como se le conoce, hizo modificar la Constitución en 2010 para autorizar la reelección indefinida. Tendrá dos adversarios principales (los otros son independientes): Mohamed Daud Ahehem y Omar Elmi Khaireh. Ambos se reivindican como candidatos únicos de la Unión por la Salud Nacional (USN).

Esta coalición de siete partidos, creada en 2013, no consiguió ponerse de acuerdo en una candidatura única. Tres partidos miembros de USN decidieron boicotear la elección. Estos partidos estiman que uno de los principales puntos acordados en diciembre 2014 con el Gobierno -la creación de una comisión electoral nacional independiente- no fue respetado, lo que rechaza el régimen.

La oposición no cesa de denunciar las restricciones contra la libertad de reunión y de expresión impuestas por las autoridades.

Las organizaciones de defensa de los derechos humanos denuncian desde hace meses la represión contra los disidentes, simbolizada por la "masacre" del 21 de diciembre de 2015. La intervención de la policía en una ceremonia tradicional en Balbala, un barrio popular de la capital, Yibuti, causó 27 muertos, según la Federación Internacional de Derechos Humanos. El Gobierno habló de un incidente "lamentable", con un balance de siete muertos.

Bajo la autoridad de Guelleh, Yibuti se ha visto inmerso estos últimos años en una política de grandes infraestructuras (puertos, ferrocarriles, oleoductos, gasoductos...) destinados a convertir el país en una plataforma regional de intercambios comerciales y servicios.

"Estamos en una fase de desarrollo acelerado de nuestro crecimiento y el país lo necesita (a Guelleh) para garantizar esta estabilidad y completar todo el trabajo de construcción de la economía, iniciado hace diez años", estima el portavoz del Gobierno, Mahamud Ali Yossuf.

Para financiar todos estos proyectos, Yibuti, situado en una de las vías marítimas más concurridas del mundo, pone su mira en China. Corre el riesgo sin embargo de aumentar su deuda pública, que podría alcanzar el 80% de su PIB en 2017, según el FMI.

El descontento social es fuerte, pero poca gente se atreve a expresar abiertamente su enojo. "Estaría bien tener un reparto equitativo de las riquezas, de repartir (la riqueza) al pueblo yibutiano. Hace falta más igualdad", critica Alas, un funcionario de unos 50 años, en una calle de la ciudad de Yibuti.

El riesgo de explosión social parece sin embargo moderado y Yibuti puede contar con el apoyo tácito de Francia y Estados Unidos, que tienen bases militares estratégicas en el país. China, que tendrá la suya en 2017, también lo respalda.

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AFP