China intensifica la ofensiva contra los magnates de las ciberestafas en el sudeste asiático
China actúa contra los magnates de las estafas cibernéticas que amasan fortunas en el sudeste asiático, impulsada por por la creciente presión pública y el deseo de Pekín de mantener el control de los procesos judiciales, según analistas.
En todo el sudeste asiático los estafadores atraen a usuarios de internet de todo el mundo a falsas relaciones románticas y a inversiones en criptomonedas fraudulentas.
Las estafas estaban inicialmente dirigidas a chinoparlantes, a quienes robaron miles de millones de dólares, pero ampliaron sus operaciones a múltiples idiomas para usurpar enormes sumas a víctimas de todo el mundo.
Las llevan a cabo voluntarios o extranjeros víctimas de trata que se ven obligados a trabajar bajo amenaza de tortura.
El año pasado una serie de operaciones de represión impulsadas por Pekín —que ejerce una importante influencia económica y diplomática en la región— permitió la liberación de miles de trabajadores de centros de estafa en Birmania y Camboya. Fueron repatriados a sus países de origen, muchos de ellos a China.
Pekín centra ahora su atención en los jefes situados en la cúspide de las pirámides criminales y, hasta ahora, su mayor captura fue el arresto y la extradición desde Camboya de Chen Zhi esta semana.
Chen, empresario nacido en China, fue acusado en octubre por las autoridades estadounidenses. Afirman que su conglomerado Prince Group servía de tapadera para un «vasto imperio de ciberfraude».
Phnom Penh indicó que lo detuvo tras una solicitud de Pekín y después de «varios meses de cooperación conjunta en investigaciones» con las autoridades chinas.
Según los analistas, la inacción de Phnom Penh se volvió intolerable para Pekín, que también quería evitar la vergüenza de que Chen fuera juzgado en Estados Unidos.
– Romper la cadena –
Pekín aireó la extradición del magnate, con un video difundido el jueves por el Ministerio de Seguridad Pública. En él se ve al hombre de 38 años esposado, con una bolsa negra sobre la cabeza, escoltado fuera de un avión mientras fuerzas de seguridad armadas y vestidas de negro lo esperaban en la pista.
La repentina extradición de Chen desde Camboya, donde mantenía estrechos vínculos con las élites políticas antes de que el país le revocara la ciudadanía el mes pasado, se inscribe dentro de la estrategia de China de capturar a otros fugitivos buscados en el extranjero para hacer justicia en su propio territorio.
En noviembre She Zhijiang, fundador nacido en China del grupo Yatai que presuntamente construyó un notorio centro de estafas en la frontera entre Tailandia y Birmania, abordó un vuelo rumbo a China esposado, tras pasar tres años encarcelado en Bangkok.
Ese mismo mes Pekín mantuvo conversaciones con fuerzas de seguridad de Tailandia, Birmania, Camboya, Laos y Vietnam, en las que acordaron «intensificar los esfuerzos conjuntos contra el fraude transnacional en telecomunicaciones y en línea».
Anteriormente, China había dictado públicamente sentencias de muerte contra más de una decena de miembros de poderosas familias criminales con operaciones de fraude en el norte de Birmania, cuyas confesiones de crímenes atroces fueron transmitidas por la televisión nacional.
Hace semanas, el Ministerio de Seguridad Pública emitió órdenes de captura contra otros 100 fugitivos considerados los principales financiadores de la industria de las estafas, y el jueves prometió «cortar el flujo, arrancar los clavos y romper la cadena».
Pero, aunque algunos de los presuntos líderes de grandes redes de estafa fueron detenidos, Sims afirmó que la situación general del sector difícilmente cambiará sin una presión sostenida y «extremadamente alta» de la comunidad internacional.
«La gran mayoría de los cientos de complejos de estafa de Camboya operan con un fuerte respaldo del gobierno camboyano», señaló.
Las autoridades camboyanas niegan las acusaciones y aseguran reprimir estas actividades. En julio afirmaron que se alcanzaron las 2.000 detenciones.
Mientras estaba en prisión, She Zhijiang afirmó haber actuado anteriormente como espía para la agencia de inteligencia de Pekín, antes de que él y su proyecto de desarrollo urbano en Birmania se vieran «traicionados» por el Partido Comunista Chino.
Su abogado declaró a la AFP haber rogado a las autoridades tailandesas que le permitieran ser juzgado en Estados Unidos y dijo temer que «se le prive del debido proceso y que finalmente desaparezca».
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