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El primer paso en el nuevo mundo

Keystone

Muchos se integran inmediatamente. Otros se cansan en la tentativa de superar los obstáculos de la diversidad cultural. De hecho, el mayor desafío para los extranjeros es la integración.

La nueva lengua, a veces el analfabetismo e incluso las tradiciones religiosas y culturales representan con frecuencia barreras infranqueables.

Más del 20% de la población suiza es de origen extranjero. La Oficina Federal suiza de las Migraciones indica que actualmente en Suiza están representadas cerca de 170 diversas nacionalidades.

«Hablando de inmigrantes el mayor obstáculo a superar es la integración en un mundo nuevo», dice a swissinfo Isabel Eiriz, de «Appartenances», asociación de la Suiza de expresión francesa nacida para crear un punto de encuentro entre comunidades de inmigrantes y sociedad de acogida.

La necesidad de integrarse

Los problemas relacionados con la dificultad de integración son un tema que por mucho tiempo no ha figurado en la agenda política suiza. Los extranjeros han sido considerados exclusivamente como fuerza de trabajo. Después de haber desarrollado su actividad retornaban a su patria.

«La situación cambió sin embargo en los años ochenta y noventa cuando se registró un flujo masivo de refugiados y cuando las familias de los inmigrantes de larga data comenzaron a reagruparse», observa Simone Gretler Heusser, vice directora de la sección de integración en la Oficina Federal de las Migraciones.

Fueron sobre todo algunos episodios de consecuencias dramáticas que hicieron resurgir el tema de la integración. Acontecimientos como aquel de 1999 en San Gallen, cuando un albanés originario del Kosovo que no soportaba la idea de que se confiara a una institución a la hija que maltrataba, mató al profesor de la escuela. ¿Qué culpa tenía la víctima? Se había propuesto promover la convivencia de mentalidades y culturas diversas.

Las autoridades reaccionaron adoptando 52 medidas para facilitar la integración de los extranjeros y mejorar la cohabitación con los suizos.

Trabajadores y refugiados

Un aspecto importante a tener en cuenta cuando se habla de integración es, antes de cualquier otra cosa, conocer la motivación que estimuló a una persona a abandonar la propia tierra de origen. Son dos las principales razones, como explica Ilario Rossi, antropólogo de la Universidad de de Lausana: «una es de orden económico y otra de naturaleza política».

Mientras algunos deciden voluntariamente dejar la patria con el fin de tratar de lanzarse profesionalmente en otro lugar, muchos otros individuos se han visto obligados a emigrar a causa de las extremas dificultades que encuentran en el propio país de origen (guerras, persecuciones etc.).

«Las estrategias de adaptación aplicadas a estas dos categorías son completamente diferentes», afirma Rossi, que colabora con la sección de medicina y salud comunitaria de la Policlínica Universitaria del cantón de Vaud, CHUV.

Si los extranjeros que llegan a Suiza en busca de trabajo pueden disfrutar a menudo de los canales garantizados por los convenios internacionales (ver los Acuerdos bilaterales), o, simplemente beneficiarse de la propia calificación, los refugiados, por el contrario, tienen que enfrentar una serie de dificultades. Necesitan también tener conciencia y superar la experiencia negativa vivida antes de emigrar al extranjero.

Lengua y permiso de trabajo

«Globalmente, para quienes llegan, el principal problema es enfrentar la lengua», constata Ilario Rossi.

En este sentido Simone Gretler Heusser menciona los cursos de lenguas y los importantes proyectos de formación de intérpretes promovidos por la Confederación en colaboración con «Appartenences».

El tipo de estatuto con el cual los extranjeros son recibidos y la autorización relacionada con el mismo, también es de gran importancia.

Christoph Blanchet, responsable de las clases de acogida en la ciudad de Lausana lo sabe muy bien: «las dificultades que encuentran están ligadas a la precariedad del estatuto de un número elevado de alumnos extranjeros».

Otro problema que repercute en la escuela –agrega Blanchet-, son las confrontaciones registradas dentro de algunas familias extranjeras entre padres aferrados a las viejas tradiciones y jóvenes, más abiertos a la nueva sociedad.

Es significativo el caso de un extranjero de 44 años de edad detenido en el cantón de Appenzell Rodas Exteriores por violencias contra su hija a raíz de desacuerdos sobre el modo de vestir y sobre la elección de amistades. El padre no estaba en condiciones de aceptar la adaptación de la joven a la cultura occidental.

Mediadores culturales

El abandono del contexto de referencia en el cual se ha crecido es un paso difícil de dar.

Para acompañar a los inmigrantes en la sociedad que los acoge, las comunidades extranjeras ya presentes en el territorio han desarrollado un trabajo importante. Las que están bien organizadas pueden ofrecer a sus compatriotas recién llegados consejos útiles sobre las posibilidades de trabajo, hábitos y reglas que deben respetarse.

Los movimientos asociativos también aportan una preciosa contribución. «Appartenences», por ejemplo, trata de favorecer la autonomía y la calidad de vida de los inmigrantes, además de mejorar el acceso a la atención médica.

Por su parte, el Socorro Obrero suizo ya dio vida a los mediadores culturales. Se trata de extranjeros bien integrados en la sociedad civil que facilitan el contacto entre las distintas culturas.

El papel de estos movimientos es esencial particularmente para las familias que conocen mal sus derechos y deberes. La barrera del idioma y en algunos casos las dificultades ocasionadas por el analfabetismo impiden informarse y, por consiguiente, comprender mejor la nueva sociedad.

swissinfo, Luigi Jorio
(Traducción: J.Ortega)

En 2001, por primera vez, Suiza concedió subsidios para favorecer la integración de los extranjeros.

Cada año se destinan a esa misión 10 millones de francos suizos.

El programa para el período 2004-2007 prevé entre otros objetivos la promoción de cursos de lengua, una mejor apertura de las instituciones a todos los grupos de población y el desarrollo de servicios especializados.

Entre septiembre de 2003 y agosto de 2004 entraron a Suiza 97.000 inmigrantes.

De entre ellos, 41% dejaron sus países de origen para reunirse con sus familias.

35% están representados por extranjeros con actividad lucrativa.

Los casos reconocidos de refugiados representan 3,5%.

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