UBS: el banco que superó el tamaño de un país
Colm Kelleher, presidente del UBS, conducía de Berna a Zúrich en marzo del 2023 cuando sonó su teléfono. El banquero irlandés se dirigía a casa tras un fin de semana de turbulentas negociaciones que culminó con un acuerdo histórico de 3.250 millones de dólares (2.550 millones de francos suizos) para rescatar al Credit Suisse, su principal competidor.
Del otro lado de la línea estaba Jamie Dimon, director ejecutivo del gigante estadounidense JPMorgan Chase y veterano especialista en adquisiciones bancarias de emergencia, que llamaba a Kelleher para ofrecerle un consejo y para agradecer la contribución que estaba haciendo a la preservación de la estabilidad del sistema bancario global.
Dimon -a quien Kelleher conocía bien desde los años en los que estuvo al frente de Morgan Stanley, su rival en Wall Street- llevaba un mensaje claro, según fuentes bien informadas sobre la conversación: no deben permitir a las autoridades suizas cambiar los términos del acuerdo de adquisición del banco que fue siempre el principal rival del UBS.
A más de tres años de entonces, UBS y el Gobierno suizo siguen enfrentados con respecto a cuánto capital debe tener el banco para blindarse ante una catástrofe, una disputa que se origina en el acuerdo alcanzado aquel fatídico domingo de marzo.
Esta confrontación, inusualmente pública, afecta el núcleo del modelo económico helvético y revive el dilema de si un Estado tan pequeño, con solo nueve millones de habitantes, debería albergar a un gigante financiero como el UBS, con activos de 1,6 billones de dólares, que superan la talla íntegra de la economía suiza.
El banco esgrime que la propuesta de obligarle a contar con un capital adicional de 20.000 millones de dólares, como respaldo para sus filiales extranjeras, solo perjudicaría su capacidad de competir a nivel global. Muchos bancos rivales, especialmente en Estados Unidos, son beneficiarios actualmente de una flexibilización en las reglas de capitalización.
Además, fuentes internas del UBS dejan entrever que figuras del más alto nivel en la política suiza habían ofrecido ciertas garantías a cambio de rescatar al Credit Suisse, pero una vez que se produjo, se han echado atrás en estos compromisos.
El desarrollo de esta saga ha llevado a algunas personas inversoras a exhortar al UBS a aligerar sus lazos con su país de origen y a considerar una mudanza de su sede al extranjero si no se flexibilizan los términos de las reformas de capital. El tema podría incluso terminar en un referéndum nacional divisivo.
Mientras la clase política suiza argumenta que lo más prudente es proteger las arcas públicas del riesgo de una quiebra bancaria, quienes tienen alianzas con el UBS lamentan la mentalidad «provinciana» que están adoptando algunas personas del Gobierno. «UBS solo existe por el alcance global que tiene», dice Davide Serra, fundador de Algebris Investments, uno de los inversores del UBS. «Tendrá un gran incentivo para trasladar su sede si no se suavizan las reformas. No puede competir con entidades como Morgan Stanley si se le exige tener el doble de capital».
Una crisis condujo a otra
La compra de emergencia del Credit Suisse provocó uno de los momentos más dramáticos de la historia de la banca europea desde la crisis financiera del 2008, poniendo fin a más de 150 años de competencia entre los dos bancos.
Los escándalos y pérdidas financieras acumulados durante la última década condujeron al Credit Suisse al borde del colapso justo antes de que las autoridades suizas, encabezadas por la ministra de Finanzas Karin Keller-Sutter, negociaran el rescate del UBS para frenar un efecto de pánico generalizado en los mercados.
Pero el acuerdo alcanzado conmocionó al sector financiero internacional debido a que las autoridades reguladoras suizas perdonaron al Credit Suisse una deuda por 17.000 millones de dólares nominales y permitieron a la comunidad de accionistas recuperar 3.300 millones de dólares. Esto contravino la práctica habitual, pues las reclamaciones de quienes tienen bonos tienen prioridad con respecto aquellas de quienes tienen acciones. La decisión desató una oleada de demandas y atizó las inquietudes sobre la gestión de Suiza en el caso de los bancos considerados demasiado grandes para caer.
Hacia finales del 2023, Kelleher y Sergio Ermotti -quien retomó el cargo de director ejecutivo del UBS apenas unas semanas después del rescate del Credit Suisse- creyeron que ya habían logrado serenar las preocupaciones políticas relacionadas con la compra. De hecho, el banco abandonó antes de lo previsto los mecanismos de apoyo gubernamental financiados con fondos públicos, que también eran parte del acuerdo.
Pero en abril del 2024, Keller-Sutter presentó un paquete de reformas para las entidades «demasiado grandes para quebrar» que buscaba proteger al Estado en caso de problemas similares en el futuro. La ministra sugirió que el UBS debía constituir reservas adicionales de capital por entre 15.000 y 25.000 millones de dólares.
Tras dos años de ásperas discusiones, el Gobierno suizo presentó el mes pasado un paquete definitivo de reformas. Flexibilizó algunas partes, pero insistió en que el UBS debe capitalizar plenamente a sus filiales extranjeras para garantizar que puedan absorberse las pérdidas en caso de crisis, o que las operaciones puedan liquidarse sin poner en riesgo a la institución matriz en Suiza. Sin embargo, el UBS estima que el impacto a nivel de capitalización sería del orden de los 22.000 millones de dólares.
Ermotti declaró al FT en mayo que la propuesta era «desproporcionada», «poco específica» y «no estaba alineada con los estándares internacionales». El Consejo Federal de Suiza -órgano ejecutivo multipartidista- estima que estas reformas son «necesarias», según una persona portavoz del Ministerio de Finanzas.
El proyecto de ley está siendo analizado actualmente por el Parlamento para su posterior debate. El Ministerio de Finanzas asegura que el Gobierno está «completamente unido» en torno a las reformas, pero la política suiza está dividida entre quienes priorizan la estabilidad financiera y quienes manifiestan su inquietud por la pérdida de competitividad internacional y los riesgos que genera una regulación excesiva.
La izquierda suiza apoya el endurecimiento de las reglas para UBS, mientras la derecha alerta sobre el debilitamiento que experimentaría la plaza financiera suiza. Los partidos del centro se perfilan como el fiel de la balanza que determinará el compromiso final alcanzado.
El Ministerio de Finanzas está listo para aceptar cierto grado de flexibilización durante el proceso legislativo, según fuentes familiarizadas con el tema. Pero también podría reconsiderar otras medidas si el Parlamento aprueba una resolución que las autoridades consideren demasiado indulgente. La aprobación no se espera antes del 2027. Los grupos de analistas consideran que podría llegarse a un acuerdo que permita al UBS utilizar una forma menos costosa de deuda convertible para una parte del capital adicional que se le exige, en vez de depender por completo del llamado capital ordinario de nivel 1 (CET1), que es actualmente la forma más cara de capital bancario.
Los bonos conocidos como «additional tier one» o AT1, tienen la posibilidad de convertirse en capital o amortizarse si una entidad crediticia está en problemas. Pero como la deuda AT1 es la que absorbe pérdidas después del CET1, quien la posee asume menos riesgos, lo que la convierte en una forma de capital más barata.
Analistas han destacado lo irónico que es que el instrumento que puede reducir el coste de capitalización del UBS -los AT1- sea exactamente el que detonó el colapso del Credit Suisse.
Johann Scholtz, analista de Morningstar, asegura que permitir el uso parcial de deuda AT1 para capitalizar al UBS «sigue sobre la mesa y parece el compromiso más viable». Un grupo legislativo multipartidista presentó una propuesta semejante a finales del año pasado.
Pero la férrea batalla que está en marcha ha llevado a la comunidad inversora del UBS y a otras voces vinculadas al sector a cuestionar si Suiza sigue siendo el lugar adecuado para un banco de este tamaño y alcance global. «Siento simpatía por el UBS», asegura un alto ejecutivo de un banco europeo competidor. «Pero se volvió demasiado grande para Suiza. Así de simple». Otra persona de alto nivel de otra entidad crediticia suiza afirma que el Gobierno está «dando un tirón de orejas a toda la banca para mostrarles quien manda», pero añade que «es una invitación abierta para que UBS cambie de sede».
El tema del traslado
Durante más de 150 años, las sedes del UBS y el Credit Suisse rivalizaron en la misma plaza Paradeplatz de Zúrich, hogar simbólico del sector financiero suizo.
En meses recientes, el UBS ha usado su edificio para transmitir un mensaje, al colocar un cartel en el que afirma que Suiza y su mayor banco «avanzan juntos». Un reflejo de la creciente inquietud que existe sobre si una de las instituciones con más historia en el país podría un día desarraigarse y partir.
Ermotti le ha restado importancia pública a la posibilidad de que UBS cambie de sede por los nuevos requisitos de capital, y hace poco declaró al FT que su «prioridad» es «garantizar que el UBS siga operando desde Suiza como un banco exitoso». Pero también advirtió que «es un deber fiduciario del consejo de administración y de la dirección evaluar cualquier otra opción potencial».
El consejo liderado por Kelleher ha estado examinando desde hace más de un año posibles planes de contingencia que incluyen una mudanza de la sede del banco, según fuentes cercanas al tema.
La comunidad inversora insiste cada vez más en presionar a la dirección del UBS para evaluar un traslado si no se flexibilizan las reformas propuestas. El inversor activista sueco Cevian Capital, uno de los principales accionistas del UBS, expresó el año pasado que el banco no tiene «otra opción más realista» que abandonar Suiza.
El banco ha recibido «propuestas» de distintos gobiernos para mudarse, afirma una fuente cercana, y son muchas las personas que estiman que Estados Unidos sería la alternativa más probable dado que su regulación es menos rigurosa y el UBS tiene la ambición de competir en la gestión patrimonial con rivales de Wall Street, como Morgan Stanley.
«Si van a realizar un movimiento transformador, tendría que ser hacia Estados Unidos», dice Serra, de Algebris. «Ir a la Unión Europea o al Reino Unido no serviría de mucho: seguirían recibiendo presiones populistas».
+ Capital punishment: how Swiss bank reforms could hit UBS
Las voces a favor de una mudanza destacan la experiencia del banco escandinavo Nordea, que trasladó su sede de Estocolmo a Helsinki en 2018, luego de un enfrentamiento con las autoridades reguladoras suecas en materia de requisitos de capital. Solo que Nordea es un banco regional europeo de un tamaño mucho menor al que tiene UBS, por ello, incluso quienes apoyan un cambio de domicilio saben que esto supondría varios años de desafíos regulatorios, legales y políticos.
Otras figuras del sector están menos convencidas de que el banco suizo considerará seriamente una medida tan drástica. Una fuente cercana a las discusiones internas en el UBS asegura que una reubicación es improbable y añade: «Fue una carta que se jugó demasiado pronto y solo se lanzó como amenaza. De haberla usado con mayor estrategia, podría haber tenido una mejor acogida».
UBS ha expresado que «jamás ha amenazado con dejar el país, y es inaceptable que haya quien siga insinuándolo sin tener ninguna evidencia».
Scholz, de Morningstar, coincide en que una mudanza es algo improbable. «La marca UBS está estrechamente ligada a su tradición suiza y existiría un riesgo real de dañar la marca a partir de un éxodo que tendría grandes repercusiones», afirma. Pese a ello, la posibilidad de una relocalización del banco se mantiene como «una herramienta de negociación eficaz».
Ermotti, quien tenía planeado dimitir el año entrante, una vez que la integración del Credit Suisse quedara concluida, se está preparando para quedarse más tiempo al frente del banco en medio de todos los movimientos que existen en torno a la capitalización. «Está haciendo las cosas al estilo Jamie», dice de broma una fuente que conoce bien a Ermotti, refiriéndose a Dimon, del JPMorgan, que ha dirigido el banco durante dos décadas.
Desde el 2024, cuando se planteó la idea de introducir reformas en materia de capitalización, la relación entre Ermotti y Keller-Sutter ha sido tensa. Andreas Venditti, analista de Vontobel, dice: «No sé por qué todo ha resultado tan conflictivo desde el principio. Esto no está ayudando».
Una de las críticas presentes en Suiza es que UBS no se comunicó con el Ministerio de Finanzas con antelación suficiente para garantizar que las dos partes estuvieran en sintonía.
Pero más allá de la disputa, UBS está logrando resultados positivos. La migración de una clientela de 1,2 millones de personas del Credit Suisse a los sistemas del UBS quedó concluida, y las ganancias crecieron un 80% durante los primeros tres meses de este año, catapultadas fundamentalmente por el negocio de los mercados. «Fue algo extraordinario», dijo una fuente sénior de la banca de inversión de un grupo competidor. «No tengo idea cómo lograron hacerlo tan bien».
Fuentes cercanas al UBS aseguran que la fortaleza de los mercados de valores ha jugado a favor de la institución, ya que su banca de inversión se centra mucho más en la negociación de acciones que en la de bonos. Y la división de gestión patrimonial, clave para el grupo, atrajo activos de nuevas personas, incluso de Estados Unidos.
Keller-Sutter ha aceptado que las reformas planteadas harían mucho más costosa la expansión del UBS en Estados Unidos. Pero Ermotti ha expresado reiteradamente que una «contracción no es una opción» para el banco.
Esto significa, según Venditti, que UBS «no renunciará a las ambiciones que tiene en Estados Unidos». Otras fuentes sugieren que hacerse de una institución dedicada a la gestión patrimonial en Estados Unidos encabezaría la lista de las prioridades de adquisición del banco.
El consejo de administración del UBS está convencido de que este banquero de 66 años es la mejor opción para dirigir el banco en tiempos de incertidumbre, pero hay otras candidaturas internas con posibilidades para sucederle, como Robert Karofsky, líder de los negocios del banco en Estados Unidos; Iqbal Khan, codirector del área de gestión de fortunas junto con Karofsky, y Aleksandar Ivanovic, jefe de gestión de activos.
En la lista de potenciales candidatos externos de la banca europea se menciona el director ejecutivo de UniCredit, Andrea Orcel, que antes dirigió la banca de inversión del UBS, así como Filippo Gori, codirector de banca global del JPMorgan, y antiguo responsable del negocio europeo para la misma institución de Wall Street.
Pese a sus sólidos resultados operativos recientes, el precio de la acción del UBS se ha visto afectado por el debate sobre su capitalización, ofreciendo un rendimiento inferior al del índice Euro Stoxx Banks desde que comenzó a hablarse de las reformas en 2024.
UBS está cotizando a alrededor de 1,5 veces su valor en libros -una métrica estándar que se utiliza para la valoración de los bancos- frente a las 2,9 veces de Morgan Stanley. Algunas figuras ejecutivas temen que una diferencia tan amplia haga vulnerable al banco suizo ante una posible oferta pública de adquisición.
El juego final
Es improbable que la incertidumbre que rodea al UBS desaparezca pronto.
La comisión de la cámara alta de Suiza no llegó a ningún acuerdo durante su primera reunión de trabajo sobre las propuestas de capital que tuvo lugar a principios de mayo, una demora que refleja las divisiones que hay incluso dentro de la cámara alta, pese a ser más conservadora y favorable a las empresas, dicen fuentes cercanas a los debates.
«No fue una táctica. El Legislativo quiere tomarse el tiempo necesario y la mayoría considera que esto es lo mejor tanto para el UBS como para el Gobierno», dice una fuente parlamentaria. «En mi opinión, necesitamos una regulación más estricta que la de Estados Unidos porque somos un mercado más pequeño, pero también debemos seguir siendo competitivos».
Las asociaciones empresariales y comerciales de Suiza enviaron un escrito en abril a representantes del Legislativo exhortándoles a «no debilitar el modelo de éxito suizo» al «actuar en solitario a nivel internacional» en materia de capitalización bancaria. Añadieron que las empresas con alcance global aportan al país fortaleza económica, independencia internacional e influencia política.
El espectro de un referéndum también sigue presente en un segundo plano si los grupos que se oponen a la legislación definitiva logran reunir suficientes firmas. El marco de la democracia directa suiza permite convocar a un plebiscito si 50.000 personas firman una petición para impugnar una ley que fue aprobada por el Parlamento.
«Las opiniones de la población electora suiza son relativamente contrarias a los bancos, como sucede en muchos otros países», explica Venditti, de Vontobel. «Si se llega a un referéndum, la situación se complicará para el UBS».
Para Kelleher y Ermotti, el tema de la capitalización ha sido complejo y es una fuente de «constante frustración», dice una de las personas cercanas a los trabajos. «Es algo en lo que piensan todo el tiempo. Es como una astilla: sencillamente, no hay manera de quitárselo de la cabeza».
Beat Wittmann, presidente de la consultora empresarial suiza Porta Advisors, describe la fase actual como la «recta final del enfrentamiento» entre UBS y el Gobierno.
«El debate será confuso en los meses por venir, a medida que inicie la discusión parlamentaria. Hay distintos grupos de interés ejerciendo presión y levantando la voz», afirma. «Pero por encima de todo este lío, hay dos personalidades, Keller-Sutter y Ermotti, enzarzadas en una batalla personal y pública. Creo que es una situación que va a escalar».
Suiza ha dedicado varias décadas a construir bancos de alcance global como símbolos de su fortaleza nacional y como parte de un modelo de estabilidad. Pero ahora se enfrenta a la posibilidad de que el último buque insignia que tenía en la banca haya rebasado la capacidad del país para rescatarle en caso de crisis.
«Si UBS colapsara, posiblemente arrastraría a la economía suiza», asegura una fuente bancaria ejecutiva europea. «Por ello, el Gobierno quiere que se le inyecte más capital».
Copyright The Financial Times Limited 2026
Texto adaptado del inglés por Andrea Ornelas. Versión en español revisada por Carla Wolff.
En cumplimiento de los estándares JTI
Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI
Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.
Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.