Crans-Montana: cuando una factura médica es más que una simple factura
Algunas familias italianas recibieron copia de las facturas por los servicios recibidos en hospitales suizos tras el incendio que la Nochevieja pasada se originó en un bar de Crans-Montana. Los documentos desencadenaron una crisis diplomática. La periodista especializada en salud Vittoria Vardanega reflexiona sobre cómo dos sistemas sanitarios no lograron entenderse en un momento de tanto dolor.
Para quienes viven en Suiza, las facturas médicas son algo habitual.
Tras una consulta médica, una exploración o el ingreso hospitalario, reciben una factura en la que se les detalla cada servicio prestado y su coste. Puede ocurrir que —dependiendo del seguro que se tenga contratado— quien recibe la prestación tenga que pagarla y luego solicite su reembolso al seguro. También puede ocurrir que el gasto se liquide directamente entre quien provee la asistencia sanitaria y la aseguradora. En este caso, solo se recibe una copia de control.
A quien ha recibido el tratamiento o servicio este documento le permite comprobar qué se le ha facturado, indicar si hay cualquier error y conocer cuánto ha costado la atención recibida. Desde el 1 de enero de 2022, todos los proveedores de servicios médicos en Suiza tienen la obligación de enviarlo.
El sistema de facturación funciona de una manera diferente en Italia, mi país de origen. Allí, quien va al hospital recibe la atención y luego se marcha a su casa, no recibe ninguna factura ni tiene que reclamar o verificar ningún importe.
Puede ocurrir que haya quien tenga que abonar determinados servicios ambulatorios, pero, en la mayoría de los casos, no hay ningún documento que refleje el coste del tratamiento.
En Italia, evidentemente, la asistencia sanitaria no es gratuita: se financia mediante los impuestos generales. Pero para el paciente la transacción financiera —en gran medida— sigue siendo invisible. El sistema se basa en los principios del acceso universal a la asistencia sanitaria y la atención médica gratuita para quienes no pueden permitírselo, recogidos en el artículo 32 de la Constitución italiana. Una parte fundamental de la identidad moral y social del país es garantizar el acceso a la asistencia sin pago directo.
Por eso, las copias de las facturas que se han enviado a algunas familias italianas tras el incendio de Nochevieja en el bar Le Constellation de Crans-Montana supusieron una sorpresa y se convirtieron en mucho más que un documento administrativo.
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Cuarenta personas fallecidas en el incendio en un bar en Crans-Montana, Suiza
Tres personas procedentes de Italia que resultaron heridas y fueron ingresadas en un hospital de Sion, en el cantón del Valais, donde se produjo el incendio, recibieron una copia de las facturas por la atención médica de urgencia que recibieron el primer día —el 1 de enero— antes de ser trasladadas a otros hospitales. Según los medios de comunicación, los importes de las facturas oscilaban entre unos 17.000 francos y 66.800 francos (entre 21.500 y 84.500 dólares).
La reacción en Italia no se hizo esperar. Y se produjo en un contexto de tensiones entre ambos países por el modo en que Suiza había gestionado la investigación. Las familias italianas —frustradas por lo que consideraban una comunicación inadecuada y una falta de transparencia— habían estado exigiendo a las autoridades suizas una disculpa oficial.
Las facturas —en la parte inferior— claramente indicaban que no había que abonarlas. Pero eso no fue suficiente para evitar una polémica diplomática. En Italia mucha gente vio las facturas como una nueva ruptura entre ambos países.
Una factura que en realidad no es una factura, sacada de contexto, puede interpretarse como una exigencia de dinero, o como un acto descuidado e irrespetuoso. Para mí la diferencia entre una «copia informativa» y una «factura a pagar» es evidente. Pero las familias italianas, poco familiarizadas con el complejo sistema sanitario suizo, lo vieron de otra manera.
En Suiza, la población participa de forma directa y visible en el coste de su asistencia sanitaria. Antes de que el seguro entre en vigor, cada persona paga, de su propio bolsillo, una prima mensual de seguro y una franquicia anual.
Se contribuye, además, con un porcentaje de cada factura. Cuando se recibe asistencia sanitaria en Suiza, a la persona atendida se le entrega un documento. Siempre. El sistema se basa en la idea de que, cuando las personas ven y perciben el coste de la asistencia, se vuelven más conscientes, y que esta transparencia ayuda a contener un gasto sanitario que está entre los más altos del mundo. Hacer que la factura sea visible es casi un acto cívico.
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«Si Suiza no reacciona, el daño a su imagen será grave»
En Italia, los costes sanitarios también son objeto de debate. Se habla constantemente de la falta de financiación, de las largas listas de espera, de los déficits regionales, de la escasez de personal o de la creciente presión que el envejecimiento de la población supone. La población italiana es muy consciente de que el sistema sanitario está sobrecargado. Pero el debate se suele centrar en los presupuestos públicos, los impuestos, las decisiones políticas y el acceso a los servicios. Y no, en una factura dirigida a una persona concreta tras una estancia hospitalaria.
Si a las familias no se les hubieran enviado esas copias, la cuestión del reembolso habría seguido siendo un trámite burocrático: un asunto técnico entre autoridades, aseguradoras e instituciones competentes.
Según las normas de coordinación entre Suiza y los países de la Unión Europea, cuando una persona ciudadana de la Unión Europea (UE) recibe asistencia sanitaria en Suiza, el hospital suizo inicialmente factura según las tarifas suizas. A continuación —a través de los canales institucionales gestionados por las autoridades sanitarias de cada país—, el coste se transfiere a la aseguradora del paciente en su país de residencia. En otras palabras: alguien tiene que pagar esa asistencia. El hospital debe recibir el reembolso, los servicios deben facturarse y los sistemas deben comunicarse entre sí.
Aunque, debido a la gran diferencia entre ambos sistemas, un documento puede ser formalmente correcto y, al mismo tiempo, ser un desastre desde el punto de vista comunicativo. Pues la transparencia administrativa no siempre coincide con la claridad humana.
Desde que esto ocurrió, Suiza ha tomado medidas para resolver el malentendido. A principios de mayo, el presidente suizo Guy Parmelin se reunió con la primera ministra italiana Giorgia Meloni al margen de la cumbre de la Comunidad Política Europea celebrada en Ereván, Armenia. Tras su conversación, Parmelin declaró que las personas heridas y sus familias no tendrían que asumir los costes del tratamiento recibido en los hospitales suizos; cualquier gasto no cubierto por el seguro correría a cargo de los servicios de apoyo a las víctimas. Parmelin también anunció que Suiza ya no enviaría copias de las facturas a las familias afectadas.
Se trata de una solución práctica. Pero la conclusión más general sigue siendo la misma: cuando dos sistemas sanitarios se encuentran en un momento de dolor, no basta con aplicar correctamente las normas. Alguien también tiene que traducirlas, antes de que se vuelvan incomprensibles.
Editado por Virginie Mangin. Adaptado del inglés por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.
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