Por qué el pueblo suizo influye en la política exterior más que cualquier otro
Pocos países conceden a su ciudadanía voz y voto sobre las cuestiones de política exterior más importantes del momento, como puede ser la adhesión a las Naciones Unidas o el comercio de mercancías con otro país. Suiza, para bien o para mal, es uno de esos pocos lugares.
En la mayoría de las democracias, el desarrollo de la política exterior es competencia exclusiva del Gobierno y de las personas contratadas para asesorarlo. Lo más cerca que la gente suele estar de influir en la política es votando a quienes mejor representan sus opiniones.
En Suiza, esto es así hasta cierto punto. Según la Constitución, el Consejo Federal (el órgano ejecutivo compuesto por siete miembros) es responsable de las relaciones exteriores del país. Pero lo que distingue a Suiza del resto es su sistema de democracia directa.
¿Qué papel desempeña la población suiza en los asuntos exteriores?
En la mayoría de las democracias, celebrar un referéndum sobre política exterior —como el voto sobre el Brexit en el Reino Unido— es una excepción, tal y como indica Sabrina Nick, abogada y miembro de la junta directiva del laboratorio de ideas suizo de política exterior forausEnlace externo. En Suiza, sin embargo, se celebran votaciones a nivel nacional varias veces al año. Y aunque a menudo tienen que ver con asuntos internos, en ocasiones la ciudadanía vota sobre importantes cuestiones de política exterior o temas nacionales con implicaciones diplomáticas.
Mostrar más
Cómo funciona la democracia directa en Suiza
En un pequeño Estado que está «profundamente integrado económicamente en el mundo», esta forma de democracia «permite a la gente influir directamente —o limitar— la integración internacional», dice Nick.
¿Sobre qué cuestiones clave de política exterior ha votado la población suiza?
En las últimas décadas, algunas de las decisiones más importantes que han afectado al lugar que Suiza desempeña en el mundo pasaron antes por «el tribunal» de la opinión pública.
Esto ocurrió, por ejemplo, con la adhesión a las Naciones Unidas, que, justo después de la Segunda Guerra Mundial, establecieron en Ginebra su sede europea. La cuestión de la adhesión se planteó en 1986, 40 años después. Y tres cuartas partes de la población suiza rechazó adherirse a la ONU, sobre todo por el temor a que perjudicara la neutralidad del país. No fue hasta 2002, cuando —en otra votación nacional— se aprobó por una mayoría del 54,6 %.
El Gobierno reiteró el carácter único de este enfoque, señalandoEnlace externo que Suiza ha sido el único país que se ha adherido a la ONU tras una iniciativa popular.
Para Nick, la votación que quizá haya repercutido más en la política exterior suiza de los últimos tiempos fue la decisión de 1992 sobre la adhesión al Espacio Económico Europeo (EEE), considerada un paso previo a la adhesión a la Unión Europea. El rechazo, por una mayoría mínima del 50,3 %, «reconfiguró fundamentalmente» las relaciones entre Suiza y la UE, afirma Nick. Allanó el camino para que Suiza negociara una serie de acuerdos bilaterales a cambio de acceder al mercado único de la UE.
El electorado, posteriormente, aprobóEnlace externo algunos de esos acuerdos en las urnas, incluida la adhesión al espacio Schengen de fronteras abiertas, que agrupa a 29 países de Europa. Según Nick, estas votaciones fueron una forma «de que el pueblo suizo dijera: “Profundicemos la cooperación con Europa en materia de movilidad, asilo y seguridad”, y de confirmar la vía bilateral [de las relaciones con la UE]».
La abogada añade que aprobar Schengen y aumentar la financiación para la agencia fronteriza de la UE Frontex, en particular, muestran un enfoque singularmente helvético de «integración pragmática sin unión política».
¿La población suiza vota sobre todas las cuestiones de política exterior?
El electorado suizo a lo largo del tiempo ha tenido voz y voto en muchos otros aspectos relacionados con la política exterior: desde aprobar acuerdos de libre comercio hasta limitar la inmigración. Aunque esto no significa que todas las decisiones políticas se sometan automáticamente a votación.
En el caso del comercio, por ejemplo, el Gobierno solo permitió que todos los nuevos acuerdos pudieran ser impugnados por referéndum después de que estallara un acalorado debate sobre los derechos humanos cuando, en 2013, China y Suiza firmaron un acuerdo de libre comercio.
Mostrar más
¿Puede la democracia directa obstaculizar los acuerdos comerciales de Suiza?
Suiza ha acudido a las urnas en numerosas ocasiones durante el último medio siglo para votar cuestiones relacionadas con la inmigración. Y lo ha hecho, en gran parte, gracias a las iniciativas populares presentadas por grupos de interés y partidos políticos que buscaban limitar la población de origen extranjero o, en casos más excepcionales, flexibilizar la política migratoria.
La participación directa del electorado para decidir cómo gasta Suiza su dinero en el extranjero ha sido relativamente limitada. Tal y como indica Nick, según la ley, es difícil impugnar a través de una votación popular las decisiones que toma el Parlamento sobre el presupuesto nacional. Por ello, a pesar del fuerte apoyo público a ayudar a los países del Sur Global, el Parlamento ha recortado la financiación de la cooperación al desarrollo para así impulsar el gasto en defensa.
Asimismo, y aunque en 2020 una mayoría muy ajustada (el 50,1 %) aprobó un presupuesto de 6.000 millones de francos para comprar nuevos aviones de combate, esa cifra se ha disparado desde entonces. El Gobierno rechazó las peticiones de una nueva votación pública sobre los costes adicionales y, para mantenerse «dentro del volumen financiero aprobado por el pueblo», en lugar de ello, decidió reducir el número de aviones F-35 que compraría a Estados Unidos.
¿Qué límites tiene la democracia directa en el desarrollo de la política exterior?
El sistema suizo de democracia directa tiene sus desventajas. La principal, según Nick, es la imprevisibilidad. Es decir, los resultados están lejos de estar garantizados, no solo para el electorado —como demuestra la compra de los aviones de combate—, sino también para los socios internacionales.
«La UE ha sido testigo de esto en varias ocasiones», afirma Nick. «Estamos a punto de alcanzar un acuerdo [con Suiza] y, de repente, una asociación de trabajadores dice que no nos conviene», y el acuerdo se somete a referéndum. «Por eso, para los socios extranjeros, la democracia directa puede resultar bastante complicada».
Mostrar más
Los resultados de las votaciones también pueden poner a un Estado en conflicto con sus obligaciones internacionales. Algo que ocurrió en Suiza tras la votación de 2014 sobre una iniciativa para «frenar la inmigración masiva», que exigía cuotas para la mano de obra de la UE. La iniciativa salió adelante por una estrecha mayoría del 50,3 %. El Gobierno tardó años en encontrar el modo de restringir que la mano de obra extranjera accediera al mercado laboral sin incumplir su tratado de libre circulación con la UE.
La votación sobre la inmigración masiva, dice Nick, también pone de manifiesto la dificultad de explicar al público —por no hablar de anticipar— todas las consecuencias de una iniciativa sobre un tema tan complejo como la migración, y de evitar que los discursos emotivos influyan en la decisión del pueblo.
¿Qué ventajas tiene la participación ciudadana?
La participación ciudadana tiene sus ventajas. El hecho de que la ciudadanía suiza tenga la posibilidad de cuestionar una política a través de la democracia directa empuja a la clase dirigente a consultar ampliamente a las partes interesadas «para asegurarse de que su posición realmente se basa en un consenso», explica Nick. «Así, cualquier acuerdo que Suiza negocie a nivel internacional es sólido porque […] se han tenido en cuenta las necesidades de la población».
El deseo de evitar un desafío en las urnas también obliga a la clase política a mantener a la población informada y a explicar sus decisiones, señala.
Y si una decisión debe someterse a votación, obtener ese sello de aprobación del público significa «una aceptación más sólida a largo plazo, como el voto para adherirse a la ONU: una vez decidido, no se tambaleará».
Y Nick añade: «Este nivel inusualmente alto de legitimidad democrática es bastante único en el mundo».
Editado por Tony Barrett. Adaptado del inglés por Lupe Calvo. Versión en español revisada por Carla Wolff.
Mostrar más
Nuestro boletín sobre política exterior
En cumplimiento de los estándares JTI
Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI
Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.
Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.