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El lujo de tener frío: un documental expone la desigualdad climática en el Golfo Pérsico

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De 50 °C a -6 °C: en Heat, el frío se convierte en un privilegio reservado a las personas ultrarricas. Taskovski Films

Con Heat, la directora suiza Jacqueline Zünd da un giro abiertamente político a su filmografía. Estrenada mundialmente en el festival Visions du Réel, la película sigue a una serie de almas solitarias condenadas a sobrevivir bajo las temperaturas abrasadoras del Golfo Pérsico y dibuja una distopía que gran parte del mundo aún se empeña en considerar ciencia ficción.

Con el verano a la vuelta de la esquina, resulta tentador recurrir a películas que incorporan el aumento de las temperaturas como parte esencial de su historia.

Desde la sofocante ola de calor que permite a James Stewart espiar a sus vecinos en ‘La ventana indiscreta’ (1954), de Alfred Hitchcock, hasta el día asfixiante que prende la chispa en el barrio sacudido por las tensiones raciales de ‘Haz lo correcto’ (1989), de Spike Lee, el calor demuestra que puede ser mucho más que un telón de fondo: puede convertirse en el verdadero protagonista de una película.

Sin embargo, pocas películas han retratado el insoportable aumento de las temperaturas con tanta fuerza evocadora como Heat (‘Calor’),Enlace externo el documental de Jacqueline Zünd, cuyo título no podría ser más apropiado. El film tuvo un exitoso estreno mundial en el festival de documentales Visions du RéelEnlace externo, celebrado en la ciudad suiza de Nyon.

Tras su primera incursión en el cine de ficción con Don’t Let the SunEnlace externo (‘No dejes que el sol…’, 2025), presentada el año pasado en el Festival de Cine de LocarnoEnlace externo, la documentalista zuriquesa sitúa ahora las temperaturas gélidas en el centro de su relato y las convierte en el hilo conductor de su reflexión. A través de ellas, disecciona críticamente la creciente desigualdad económica en un mundo donde el frío se está convirtiendo gradualmente en un lujo supremo.

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Desigualdades brutales

«El calor actúa como una lupa», afirma Zünd al hablar de su hipnótico nuevo documental, ambientado en regiones del Golfo Pérsico que pronto podrían volverse inhabitables. Mientras filmaba durante varios años las economías petroleras hipercapitalistas de la región, con especial atención al funcionamiento interno de Dubái, observó cómo el termómetro, al superar los 50 °C, dejaba al descubierto una brutal desigualdad económica.

En Heat, Zünd centra su atención en cuatro personajes: una anfitriona de un bar de hielo que lucha por salir adelante, un repartidor en situación precaria, un meteorólogo preocupado y un agente inmobiliario que lleva bloques de hielo a gatos callejeros castigados por el calor. A través de sus historias, la película refleja cómo la aceleración de la catástrofe climática está reconfigurando por completo el contrato social.

«Buscaba una circunstancia externa capaz de alterar profundamente nuestro mundo interior», afirma. Encontró el punto de partida para su quinto largometraje en el aumento de las temperaturas: «Es un hecho innegable con el que tenemos que lidiar, aunque preferiríamos olvidarlo». El escenario extremo de Heat anticipa lo que, inevitablemente, nos espera a todos.

«Los trabajadores migrantes se ven obligados a soportar temperaturas mortíferas en las calles», afirma, recordando lo que presenció en Dubái, «mientras que la élite económica se refugia en hogares con aire acondicionado y recibe todo a domicilio gracias, precisamente, a esos mismos migrantes».

«Muchos de estos trabajadores mueren mientras trabajan al aire libre bajo un sol abrasador», añade, aludiendo a las 10.000 muertes de migrantesEnlace externo que se registran cada año en los Estados del Golfo, muchas de ellas vinculadas al calor extremo, las precarias condiciones laborales y la contaminación atmosférica.

>> Jacqueline Zünd hablando sobre su película Don’t Let the Sun el año pasado en el Festival de Cine de Locarno:

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El clima habla por sí mismo

Inevitablemente, estas impactantes desigualdades convierten a Heat en una película profundamente política sobre ecología, economía y una nueva forma de vulnerabilidad humana, aunque ese nunca fue el propósito inicial de Zünd.

«Siempre me he centrado en cuestiones sociales», afirma la directora de películas tan delicadas como Goodnight NobodyEnlace externo (‘Buenas noches, nadie’, 2010), ganadora de Visions du Réel, y Where We BelongEnlace externo (‘Donde pertenecemos’, 2019), estrenada en el Festival de Cine de Locarno. Sin embargo, pasar tanto tiempo en el Golfo Pérsico «me animó a realizar una película verdaderamente política».

Aun así, y de forma muy consciente, la directora suiza nunca convierte sus observaciones críticas en un alegato. Más bien, deja que el clima del Golfo hable por sí mismo. Solo en contadas ocasiones, las voces en off de los cuatro protagonistas interrumpen la inmersión en el paisaje para mostrar cómo estas almas solitarias vagan aisladas bajo el calor del desierto.

«No quería ser polémica, ya que eso conllevaba el riesgo de convertir Heat en una mera película sobre el clima», afirma. «Y, seamos sinceros, las protestas por el clima han pasado un poco de moda últimamente».

En cambio, junto con el director de fotografía Nicolai von GraevenitzEnlace externo y el diseñador de sonido Oscar van HoogevestEnlace externo, creó una experiencia audiovisual profundamente inmersiva que transmite el calor sofocante con gran fuerza estética, como si también irradiara de la pantalla.

Si bien Heat ofrece impresionantes vistas de una ciudad petrolera iluminada por luces de neón que resplandecen sobre las extensiones arenosas al caer la noche, Zünd suele preferir filmar las calles casi desiertas y los centros comerciales impersonales, aunque convenientemente climatizados, que son los que realmente definen la atmósfera de esta región.

«A simple vista, todo parece muy glamoroso, pero basta con mirar un poco más allá de esa fachada para notar de inmediato el contraste abismal», afirma. «Me impresionó mucho comprobar cuán distópico es realmente todo detrás de esa apariencia de lujo».

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Distopía detrás de la fachada del lujo: una escena de Heat. Taskovski Films

Distopía hoy

Se podría decir que Heat es una distopía involuntaria o, como afirma su directora, una reflexión sobre «el mundo distópico en el que ya vivimos». Irónicamente, su largometraje más reciente, Don’t Let the Sun, coquetea abiertamente con el cine funesto al retratar un mundo tan caluroso que la gente ya no puede salir de casa durante el día.

A Zünd le sorprendió que muchos calificaran aquella película de ciencia ficción, «porque nunca la había visto de esa manera».

«Creo que ya estamos muy cerca de esas realidades», afirma. «Lo que me resulta más fascinante es que imaginé una historia antiutópica y luego descubrí que esa realidad infausta ya existía en el Golfo Pérsico. La frontera entre ambos mundos es muy fina».

Captar fielmente el calor distópico resultó ser el mayor reto. Pronto quedó claro que no bastaba con colocar una cámara al aire libre en un día abrasador para obtener imágenes convincentes capaces de transmitir esa atmósfera opresiva.

La directora describe con vehemencia las condiciones de rodaje: «Estar al aire libre con 48 °C y una humedad del 60 % hace que, al cabo de unos veinte minutos, te sientas tan mareado que te ves obligado a regresar al interior. Incluso las cámaras se apagaban después de media hora». Sin embargo, al revisar ese material en la sala de montaje, el resultado podía ser muy decepcionante.

«Muchas veces ni siquiera parecía que hiciera calor; daba la impresión de que estábamos filmando una apacible tarde de marzo».

Tanto en el documental de Jacqueline Zünd como en su largometraje «Don't Let the Sun», el calor es una fuerza social, económica, geológica, arquitectónica e interpersonal.
Tanto en el documental de Jacqueline Zünd como en su largometraje Don’t Let the Sun, el calor trasciende los termómetros y se convierte en una fuerza social, económica, geológica y arquitectónica. Taskovski Films

Cómo filmar el calor

Para crear una película verdaderamente impactante, el equipo de Zünd viajó al desierto de Asuán, en Egipto, donde las singulares condiciones climáticas generan impresionantes y perturbadores efectos de refracción de la luz. El diseñador de sonido Van Hoogevest también asumió un desafío inusual: hacer sentir, a través de la banda sonora, el calor invisible.

«Superpusimos cientos de sonidos unos sobre otros», explica la directora al recordar la posproducción. «Necesitábamos sonidos que te envolvieran y, al mismo tiempo, fueran tan penetrantes que casi resultaran dolorosos. Porque, físicamente, estar al aire libre con tanto calor duele».

Al experimentar personalmente esas condiciones, Zünd no pudo evitar mostrar una profunda empatía hacia quienes deben soportar cada día el calor sofocante de Dubái. Es difícil no sentir compasión por el repartidor, a quien vemos constantemente con el casco de motocicleta puesto, lo que hace que el calor le resulte aún más insoportable.

Quizás lo más impactante en términos visuales sean las absurdas condiciones laborales que enfrenta Sophie, una joven trabajadora migrante africana. Como anfitriona de un bar de hielo, atraviesa cada día una ciudad con temperaturas de entre 40 y 50 °C para entrar en un espacio cerrado refrigerado a -6 °C, donde clientes adinerados disfrutan de bebidas heladas frente a imponentes esculturas de hielo.

«Solo queríamos visitar aquel lugar tan extraño», explica la documentalista. «Cuando conocimos allí a Sophie, comprendí de inmediato lo terrible que debía de ser trabajar cada día en esas condiciones».

Nacida en 1971 en Zúrich, Jacqueline Zünd estudió en la London International Film School. Su documental «Goodnight Nobody» (2010) ganó numerosos premios, entre ellos el de Mejor Ópera Prima en Visions du Réel Nyon y una mención especial en DOK Leipzig. «Almost There» (2016) ganó el premio al Mejor Montaje en los Swiss Film Awards de 2018. Su debut en el largometraje, DON’T LET THE SUN (2025), tuvo su estreno mundial en Locarno, en la sección Cineasti del presente, donde ganó un Pardo a la Mejor Interpretación. Zünd es miembro de las Academias de Cine de Suiza y de Europa y trabaja como profesora en la Universidad de las Artes de Zúrich (ZHdK).
Nacida en 1971 en Zúrich, Jacqueline Zünd estudió en la Escuela Internacional de Cine de Londres (London International Film School) y ha dedicado la mayor parte de su carrera al cine documental. Su debut en el largometraje de ficción, Don’t Let the Sun (2025), obtuvo el Premio Pardo a la Mejor Interpretación en el Festival de Cine de Locarno el año pasado. Zünd es miembro de la Academia Suiza de Cine y de la Academia Europea de Cine, y es docente en la Universidad de las Artes de Zúrich (ZHdK). Keystone / Christian Beutler

Soledad caliente

Lo que este conjunto de personajes acaba revelando es cómo el calor sofocante abre una brecha entre las personas. La soledad que muestra la película es un tema que, según la cineasta, atraviesa toda su obra, «aunque nunca parta de esa intención».

Precisamente por eso mantiene una estrecha relación con todas las personas a las que filma, ya que considera que el cine documental no consiste únicamente en obtener imágenes, «sino también en dar algo a cambio, incluso cuando la película ya está terminada».

Con Dubái inmersa en las repercusiones del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, Zünd sigue la situación con especial atención. Se alegra de saber que Sophie ya ha regresado a África, mientras que el repartidor continúa trabajando bajo el calor abrasador de las calles de Dubái.

Para una cineasta que insiste en que nunca se propuso hacer una película sobre el cambio climático, Heat termina revelándose como una obra profundamente humanista, y Jacqueline Zünd nos recuerda que la distopía climática que solemos imaginar como una amenaza futura ya forma parte de la vida cotidiana de millones de personas marginadas.

Vista desde esa perspectiva, su intención es «reconstruir nuestra conciencia a través del subconsciente» mediante el cine. Y, en un mundo cada vez más cálido, Heat es una de esas raras películas capaces de transmitir una profunda sensación de urgencia sin necesidad de subrayarla.

Editado por Virginie Mangin & Eduardo Simantob. Adaptado del inglés por Norma Domínguez. Versión en español revisada por Carla Wolff.

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