En Hungría, la comunidad suiza ya anticipaba el cambio político
Entre los 2.267 suizos residentes en Hungría, muchos apoyaban la política de Viktor Orbán. Sin embargo, la aplastante victoria de la oposición, que lo desalojó del poder tras 16 años de mandato, no parece haberlos sorprendido: la comunidad llevaba meses percibiendo el aire de cambio.
«¡Abrí una botella de espumante a medianoche para festejar el resultado de las elecciones! Ni siquiera en Año Nuevo me quedo despierta hasta tan tarde», celebra Anita Szász (64 años). La suiza, que se declara opositora a Viktor Orbán, vivió con intensa expectativa las elecciones legislativas húngaras del 12 de abril.
«En mi barrio de Budapest, muchísimas personas fueron a votar, sobre todo jóvenes», cuenta Markus Kretz (72 años), presidente del ‘Club Gourmet Suizo’ de Hungría. El clima sereno del domingo dio paso, tras conocerse los resultados el lunes, a una alegría palpable que recorrió toda Budapest, según relata.
Sin embargo, el entusiasmo por la victoria del candidato opositor Péter Magyar (53% de los votos y 138 de los 199 escaños) no parece ser compartido por gran parte de la diáspora suiza residente en este país de Europa Central.
Markus Kretz mantiene contacto con muchos de sus compatriotas y describe una comunidad más bien conservadora: «Los mayores y quienes sostienen estrechos vínculos políticos con Suiza están muy decepcionados», señala. Cuenta que, tras conocerse los resultados, recibió varias llamadas de personas que expresaban un profundo descontento.
Según estima, ese grupo representa alrededor del 30% de la diáspora. El resto se reparte entre «un 30% que prefiere esperar a ver cómo evoluciona la situación y un 40% que celebra este cambio».
Grégory Leutert (38 años), delegado suplente en el Consejo de la Organización de los Suizos en el Extranjero (CSE)Enlace externo, señala que muchos suizos residentes en Hungría tienen doble nacionalidad. Explica que, a menudo, se trata de personas que huyeron del país siendo niños junto a sus padres durante la revolución de 1956 y que regresan para pasar su jubilación tras una vida laboral en Suiza. «La mayoría apoya a Fidesz (Fidesz-Unión Cívica Húngara, partido político de Viktor Orbán). Es una comunidad conservadora que espera que Péter Magyar sea tan conservador como afirma».
El escándalo que colmó el vaso
Según Leutert, desde hacía meses ya se percibía un clima de renovación: «Los húngaros vieron en Péter Magyar a un candidato capaz de ofrecer una alternativa creíble a Fidesz».
Markus Kretz sostiene que el cambio empezó a gestarse hace ya varios años. Sin embargo, para ambos suizos, el verdadero punto de inflexión llegó apenas semanas antes de los comicios, especialmente tras el escándalo que salpicó al ministro húngaro de Asuntos Exteriores, Péter Szijjártó.
Según unas conversaciones con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, reveladas por un consorcio de mediosEnlace externo de comunicación independientes, Szijjártó habría prometido facilitar a Rusia un documento confidencial europeo.
Así, la victoria de Tisza (Tisza-Partido Respeto y Libertad), la fuerza política de Péter Magyar, no sorprendió realmente a los tres suizos. Lo que sí los tomó desprevenidos fue su magnitud: ninguno esperaba un triunfo tan aplastante.
Deterioro en salud y educación
Para Anita Szász, este resultado es, ante todo, consecuencia de la «situación preocupante» que atraviesa Hungría: la pobreza que afecta a una parte de la población y el marcado deterioro de las infraestructuras de salud y educación.
«No conozco a un solo compatriota que se trate aquí; todos viajan a Suiza para recibir tratamiento», afirma. Desde su club suizoEnlace externo de la región del lago Balatón, en el centro del país, también ha promovido una colecta para donar material escolar a las escuelas.
Al vivir en una zona más rural que Markus Kretz y Grégory Leutert, observa de cerca una precariedad extendida entre la población. «En Aldi (NdR: se refiere a una cadena de supermercados), los escasos ingresos de las personas mayores apenas les alcanzan para comprar algunos artículos en oferta», lamenta. A su juicio, esta situación es consecuencia directa de la política del gobierno de Viktor Orbán.
Corrupción y favoritismo
Markus Kretz coincide con Anita Szász: «En los últimos años, el primer ministro se ha ocupado más de la política internacional que de su propio pueblo. Se han destinado grandes sumas a proyectos inútiles, mientras que -y esto es cierto- en Hungría hay que llevar el propio papel higiénico cuando uno es internado en un hospital», afirma.
Originario de Lucerna, Kretz reside de forma permanente en Hungría desde 2020, aunque lleva visitando el país con regularidad desde principios de los años 80. En ese tiempo ha sido testigo de un progresivo deterioro institucional, donde la corrupción y el favoritismo terminaron por instalarse como prácticas habituales.
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Por su parte, Grégory Leutert, residente en Hungría desde la llegada al poder de Viktor Orbán en 2010, sostiene que «Fidesz ha hecho mucho bien durante años». Este ginebrino, candidato al Consejo Nacional por la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha conservadora) en 2023, reconoce coincidir en numerosos aspectos con la políticas de Orbán.
Kretz también compartía esa visión, «al principio. Pero Orbán fue demasiado lejos en el derroche», afirma, y asegura conocer personalmente a la familia del ministro saliente.
Péter Magyar, siguiendo la tradición
Aunque el recién elegido primer ministro representa a la oposición, también es conservador.
«Péter Magyar debería continuar con la misma política migratoria que su predecesor», estima Kretz. En la misma línea, Leutert considera que una de las claves del éxito del líder de Tisza radica en sus posiciones, cercanas a las de Fidesz, en materia de inmigración.
El pueblo húngaro y la Unión Europea (UE) depositan grandes expectativas en este cambio al frente del país. Sin embargo, según Grégory Leutert, esas demandas no siempre son compatibles con las posiciones de Péter Magyar. «Habrá que esperar para ver si logra conciliar esos intereses. Si se inclina demasiado hacia la UE, es posible que la coalición que ha formado no sobreviva».
Por su parte, Anita Szász confía en que el nuevo primer ministro ponga fin a la corrupción en las altas esferas del Estado y que Tisza destine los fondos públicos a la reconstrucción del país. «Pero eso llevará tiempo. Probablemente hará falta más que los cuatro años de los que dispone».
¿Un cambio o una despedida?
Para Anita Szász y su marido, la elección de Péter Magyar tiene consecuencias muy concretas: «Si Viktor Orbán hubiera seguido en el poder, probablemente habríamos decidido marcharnos de Hungría». Ahora, su esposo, nacido en Suiza de padres húngaros, planea iniciar los trámites para recuperar la nacionalidad húngara. Ella también quiere obtenerla, con la intención de participar activamente en la vida política del país.
Texto revisado por Samuel Jaberg. Adaptado del francés por Norma Domínguez / Carla Wolff.
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