
Concluye una Presidencia polaca que impulsó la seguridad como prioridad en Europa
Cracovia (Polonia), 30 jun (EFE).- La Presidencia polaca del Consejo de la Unión Europea que concluye este lunes ha estado marcada por un giro que ha subordinado a la defensa otras prioridades comunitarias como la migración y ha certificado durante los últimos seis meses la creciente influencia de Varsovia en la UE y su papel de potencia regional.
Bajo el lema «¡Seguridad, Europa!», Polonia ha aprovechado el vacío de poder que han dejado unas atribuladas Francia y Alemania, sumidas en sus respectivas crisis internas, y ha conseguido imponer una agenda centrada en los temas que más le interesan: defensa y migración.
Por otra parte, el estancamiento en la candidatura ucraniana a convertirse en miembro de la Unión es considerado como el principal fracaso de una Presidencia que, en todo caso, ha consolidado el papel de Varsovia como potencia regional definitivamente instalada en el grupo de los «cinco grandes», junto a Italia, España, Francia y Alemania.
Una Polonia más europea, una Europa más «polaca»
La visión de «seguridad total» (militar, económica y energética) que Polonia convirtió en el piedra angular de su Presidencia, fue asumida por Bruselas y ha dado lugar a algunos de los cambios que perdurarán en las políticas de la UE.
El reconocimiento de Rusia como principal amenaza y la llamada de atención de Polonia sobre la defensa del «flanco este» europeo, con la frontera bielorrusa como principal foco de riesgo, son ejemplos de cómo los polacos han sabido convertir sus problemas en los de toda Europa y han logrado un apoyo sustancial de sus socios.
Polonia trabajó intensamente con la Comisión Europea (CE), que presentó actos legales acordes con las recomendaciones polacas en materia de seguridad, y su jefa, Ursula von der Leyen, calificó la presidencia polaca de «difícil, pero exitosa», destacando el rápido acuerdo sobre el programa SAFE (un plan para asignar 150 mil millones de euros a defensa).
Otro tema en el que se ha impuesto la perspectiva polaca ha sido el de la migración, enfocada como una amenaza para la seguridad, e incluso una controvertida ley que permite suspender el derecho de asilo y que generó inicialmente roces con la Comisión Europea terminó por ser aceptada e incluso aplaudida en algunas capitales europeas.
La Presidencia polaca también ha influido en la revisión del Pacto Verde Europeo y ha conseguido que la Comisión Europea y varios Estados miembros adopten lo que para Varsovia es un enfoque más pragmático en la transición energética y la política industrial, al posponer o flexibilizar algunas normativas para proteger la competitividad y el empleo.
Posicionamiento regional
Los polacos han demostrado su capacidad logística y organizativa en multitud de eventos: 23 Consejos informales de ministros, 179 reuniones de expertos, 1.789 reuniones de grupos de trabajo… que han atraído a más de 40.000 visitantes a 24 ciudades de todo el país, mientras que sus iniciativas han cristalizado en 37 nuevas leyes europeas.
Pero, más allá de los números, ha sido en las ideas donde se ha dejado sentir la nueva estatura de un país al que ya nadie discute el estatus de principal actor de la Europa central y oriental, además del de interlocutor privilegiado entre la UE y Estados Unidos.
En estos últimos seis meses, Europa ha recentrado sus prioridades y se ha permitido un toque más resolutivo en la gestión de su seguridad, con la limitación de derechos fundamentales, el redireccionamiento de recursos y, en palabras de Donald Tusk, la «plena movilización» para mejorar su defensa, porque, según el primer ministro polaco «se ha acabado la era de la ingenuidad y la paz eterna».
El lastre de la política nacional
Las turbulencias en la política doméstica y las elecciones presidenciales en Polonia han limitado la capacidad de maniobra del Gobierno de Tusk en esta Presidencia, y en concreto el bloqueo político del presidente Andrzej Duda, vinculado a la oposición euroescéptica, socavó la credibilidad de Varsovia en temas de Estado de Derecho.
Además, durante la campaña presidencial, el candidato respaldado por Tusk decidió moderar el mensaje de apoyo a Ucrania, con el objetivo de atraer votos conservadores.
Ese cambio de narrativa no sirvió para remontar, y al fracaso electoral se unieron el desconcierto y la duda de hasta qué punto Tusk es capaz de mantener sus mensajes cuando pueden costarle votos.
A pesar de los éxitos diplomáticos y la consolidación del papel de Polonia, Tusk expresó el viernes en Bruselas una «gran sensación de alivio» de que la presidencia haya terminado, así como su deseo de volver a concentrarse «en lo que sucede en casa». EFE
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