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Crece la influencia de círculos yihadistas en Alemania

Policías vigilan la Iglesia del Recuerdo de Berlín el 21 de diciembre de 2016, donde se sitúa un mercadillo de Navidad objetivo de un atentado dos días antes, cuando un camión embistió a los transeúntes y dejó doce muertos afp_tickers

La nebulosa yihadista ha crecido en los últimos dos años en Alemania, especialmente entre los jóvenes inmigrantes, un medio frecuentado durante cierto tiempo por el autor del atentado de Berlín antes de pasar a la acción.

Cuando el 8 de noviembre la policía lanzó una operación contra la mezquita de Hildesheim, nadie se sorprendió. Esta ciudad de 100.000 habitantes de Baja Sajonia (norte) se había ganado la reputación de ser «bastión» de grupos islamistas radicales, según la fórmula de las autoridades.

Tras meses de investigación, la policía detuvo a Ahmad Abdulaziz Abdulá A. alias ‘Abu Walá’, apodado «el predicador sin rostro» porque en sus vídeos siempre aparece de espaldas.

Popular en las redes sociales, junto a cuatro cómplices está acusado de haber dirigido una red de reclutamiento para el Estado Islámico.

Esta figura del salafismo yihadista en Alemania -rama muy minoritaria de la corriente salafista por lo general no violenta- también cruzó el camino de Anis Amri, presunto autor del atentado con camión en la capital alemana, muerto el viernes en Italia.

Aunque la detención de Abu Walá y el atentado del mercado de Navidad concentraron la atención de los medios, no transcurre semana sin que la policía alemana anuncie la detención de un sospechoso de «terrorismo» o la disolución de alguna asociación turbia.

– 549 individuos peligrosos –

El 25 de octubre, desmantelan a un grupo checheno, el 3 de noviembre son condenados tres alemanes que regresaron de Siria y el 15 de noviembre una ola de allanamientos en diez regiones alemanas apunta a unos 190 sitios vinculados a «La verdadera religión», grupo prohibido acusado de haber incitado a 140 personas a sumarse a filas yihadistas en Siria e Irak.

Las estadísticas divulgadas por los servicios de inteligencia son preocupantes.

En junio se indicó que la cantidad de islamistas radicales eran unos 9.200, entre ellos 1.200 potencialmente violentos, de los cuales 549 son considerados «peligrosos», como Anis Amri. En comparación, en 2011 había 3.800 personas catalogadas como radicales.

Geográficamente, Berlín y Renania del Norte-Westfalia, fueron las dos zonas que más crecieron. Eran, precisamente, las frecuentadas por Amri.

Lo más inquietante es que este auge se observa en particular entre los jóvenes.

«El grupo EI es claramente una especie de ideología de rebelión, una contracultura, algo que puede satisfacer las ansias de protesta de los jóvenes», destaca Peter Neumann, director del centro de estudios sobre radicalización del King’s College de Londres.

A partir de enero de 2015, el jefe de los servicios de inteligencia Hans-Georg Maassen estimaba que el islamismo radical se había convertido en «una especie de subcultura» para la juventud.

Un año y medio más tarde, su lectura de esa realidad se volvió más acuciante: «Claramente, los jóvenes se radicalizan de manera veloz y duradera en la pubertad (…). Resulta particularmente problemática su aptitud y capacidad para llevar a la práctica los exhortos del Estado islámico a matar ‘infieles’ en su patria».

Una ilustración de ese peligro, en tres oportunidades este año, la juventud de los autores de tentativas de atentados fue tema de primera plana en Alemania.

– Padres desamparados –

A mediados de diciembre, las autoridades sorprendieron al anunciar que un germano-iraquí de 12 años, radicalizado «a distancia», había intentado en dos oportunidades hacer estallar un artefacto explosivo artesanal en un mercado de Navidad de Ludwigshafen.

En febrero, una adolescente germano-marroquí de 15 años apuñaló en el cuello a un policía en Hannover.

Y tres adolescentes, nacidos en Alemania, son juzgados desde el 7 de diciembre por haber incendiado un templo sij, hiriendo a tres personas en un ataque con motivaciones islamistas.

La madre de uno de ellos, Neriman Yama, relató a la AFP cómo vio a su hijo evolucionar a partir de los 14 años, dos años antes de los hechos, siguiendo a predicadores por internet hacia un islamismo radical y violento. Luego se casó con una adolescente que usaba burka.

«Como padres, estábamos desamparados», explicó hace una semanas. «Lo que había del otro lado era más poderoso que nosotros».

Por otra parte, a las autoridades alemanas también les preocupa los esfuerzos de proselitismo desplegados ante los refugiados desocupados, traumatizados e influenciables. Un millón de migrantes llegaron a Alemania en 2015 y 2016.

Fue a través de ‘chats’ y redes sociales que dos refugiados, uno sirio y otro afgano, se radicalizaron y cometieron atentados en julio pasado, que fueron reivindicados por el EI.

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