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Muchos suizos no creen en la teoría de la evolución

Zoológico de Basilea: parientes lejanos cara a cara. Keystone

Uno de cada tres ciudadanos piensa que afirmar que los seres humanos derivan de otras especies animales es 'netamente falso'. A esa conclusión llega un sondeo internacional sobre la evolución.

¿Es el reflejo de una tradición religiosa muy arraigada o un sistema de enseñanza pública con lagunas?

Si damos crédito a los sondeos, y concretamente al que publicó recientemente la revista ‘Science’, sólo los austriacos se sitúan por debajo de los suizos en la clasificación de los europeos menos ‘iluminados’.

La encuesta de ‘Science’ se basa en un estudio del estadounidense Jon Millar, de la Universidad de Michigan, quien pidió a más de 340.000 personas en 32 países europeos, Estados Unidos y Japón, que comentaran la siguiente frase: «Los seres humanos, como los conocemos, se desarrollaron a partir de especies de animales precedentes».

Más del 80% de los adultos en Islandia, Dinamarca, Suecia y Francia respondió que la afirmación era cierta, al igual que el 78% de los japoneses. Turquía (25%) se sitúa en el último lugar de la lista, detrás de Estados Unidos (40%).

De los 1.000 suizos que participaron en la encuesta, el 60% declaró estar de acuerdo con la teoría de la evolución; el 10% dijo no estar seguro, mientras que el 30% aseguró que era falsa.

«Ese 30% es un porcentaje preocupante», señala a swissinfo Sebastián Bonhoeffer, docente de Biología Teórica en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ).

«Me molesta por razones profesionales, pero también por una cuestión que nada tiene que ver con la evolución. Es el hecho que la gente prefiere creer más en algo sobrenatural que verificar los hechos y analizar en detalle los argumentos. Y esto ocurre no sólo en la ciencia, sino también en otros temas de nuestra sociedad».

En efecto, el sistema de democracia directa es especialmente propicio a la incapacidad de distinguir entre hechos y suposiciones. Un ejemplo: Cuando a fines del año pasado los electores aprobaron una moratoria de cinco años sobre los organismos transgénicos, Klaus Amman, del comité contrario a la moratoria y director del Jardín Botánico de Berna subrayó en una entrevista a swissinfo que al comité favorable a la moratoria le «fue muy fácil defender pseudoargumentos y medias verdades, ya que había disposición por parte de la gente a creerlas».

Un mal para la democracia

Rolf Strasser, un periodista cristiano que se dedica a la sociología de las religiones, señala otro aspecto de las dificultades que tienen algunos suizos para confiar en las teorías científicas.

«Para muchos la creencia dominante sobre la evolución no es lo suficientemente convincente, porque ciencia e ideología están demasiado entrelazadas, sobre todo en los textos de los así llamados periodistas científicos y en algunas pruebas escolares», puntualiza a swissinfo.

«Una mejor comprensión de la ciencia es positiva para la tolerancia, pero la comunidad científica debería transmitir mejor qué es la verdadera ciencia, cuáles son solamente hipótesis. La fe ciega, religiosa o no religiosa, no es positiva para la democracia».

Hace unos años, durante la campaña que precedió la votación sobre la investigación con las células madre, el ministro del Interior, Pascal Couchepin, responsable también de la enseñanza (que era favorable a la investigación) afirmó: «Dios nos dio la inteligencia para que la utilicemos y entendamos la naturaleza».

Es difícil decir cuántos de los dos tercios de los votantes que dijeron ‘sí’ a la investigación con células madre coincidían con Couchepin, pero igualmente difícil es imaginarse que un ministro de Educación francés o británico hubiera hecho un comentario de esa índole.

Independencia intelectual

Para Bonhoeffer no se trata tanto de una cuestión de ciencia ‘versus’ religión, sino más bien de estar en condiciones de formarse una opinión personal basada en hechos.

«No quiero criticar a los suizos en particular, pero creo que esta encuesta refleja que tenemos un sistema educativo deficiente. Sin duda una parte de los ciudadanos puede no estar convencida de la bondad de la teoría de la evolución, pero pienso que también hay otra parte de la población, la de los escépticos, que podrían cambiar de opinión si se les enseñara cómo se establecen los hechos».

«No deberíamos enseñar a la gente que así funciona el mundo. Bastaría con enseñarle a analizar los hechos, a confrontar de forma crítica diversas hipótesis. Mediante una enseñanza impartida como debe ser y no de forma dogmática, la gente llegará por sí misma a la conclusión y evidencia de los hechos: es una certeza que derivamos de otros animales».

swissinfo, Thomas Stephens
(Traducción: Belén Couceiro)

La Constitución suiza establece el derecho a la educación y la enseñanza obligatoria, pero los cantones tienen un margen de maniobra bastante amplio debido a la estructura del mismo sistema de enseñanza, de los exámenes y las vacaciones escolares.

Esto significa que actualmente existen 26 sistemas de enseñanza diferentes en Suiza, aunque se pretende armonizar los sistemas a escala nacional.

Según la Conferencia Suiza de Directores Cantonales de la Enseñanza Pública, jamás se ha planteado el problema de que los alumnos no aceptaran la teoría de la evolución de la especie.

Todos los organismos vivos – desde los seres humanos hasta las cabras de montaña y los edelweiss – están emparentados entre sí y han evolucionado, a través de mutaciones genéticas y el proceso natural de selección, de una única molécula desarrollado a través de mutaciones genéticas y el proceso de selección natural de una única molécula auto-replicante que surgió de una reacción química hace cerca de 3.500 millones de años.

La selección natural es un proceso no casual en el que los organismos con características favorables sobreviven y se reproducen en lugar de combatirse. Los genes que fabrican mecanismos de supervivencia exitosos suelen transmitirse más a menudo a las generaciones sucesivas que los genes que tienen menos éxito en adaptarse al ambiente.

La evolución a través de la selección natural explica la manera en la que los organismos simples pueden, en el transcurso de millones de años, transformarse en organismos complejos que parecen proyectados adrede para vivir en el ambiente en el que se hallan, sin necesidad de recurrir a un ‘creador’ sobrenatural.

La teoría de la evolución se ha demostrado de forma inequívoca no solamente en los campos de la biología y geología, sino también en los de la física y cosmología.

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