Ricardo Abella entre místicas andinas y helvéticas
Abella es un pintor argentino que vive sólo desde hace seis años en Suiza, pero su obra ya ha sido reconocida como una de las más prometedoras entre las nuevas propuestas artísticas de vanguardia.
Es su segunda estadía en Suiza y tiene que ver con “mi estrategia de ir y volver entre Argentina y Europa”, cuenta.
Llegó por primera vez a Friburgo, pero esta vez se quedó en Berna donde también conoció a la musa que lo inspira: su esposa Francisca, un pilar y principal respaldo en la proyección y desarrollo de la obra del artista en Suiza. Ella es maestra de pintura en una escuela para ciegos…
“Me muevo entre Friburgo y Berna. Allí mantengo contactos donde doy algunos cursos de pinturas y a veces también exhibo mis obras», cuenta este artista oriundo de la cordillera tucumana, del norte argentino.
Sus trabajos son esencialmente temáticos. “Pero, precisa, tengo otros que arrancan directamente de un sentimiento, pensando en algo o en alguna persona sin referirme a la anécdota, sino que directamente de la experiencia sensitiva de ese recuerdo”.
“Otros son temas utilizados como puntos de apoyo para comenzar a pintar, a veces tienen que ver con la memoria, con lo que se ha perdido, con las cosas nuevas que se encuentran. Es decir, me muevo en una especie de dialéctica entre lo que está y lo que ya no está”, agrega.
La nueva figuración: una mirada crítica
Ricardo Abella sitúa sus raíces pictóricas en un grupo de pintores argentinos, que en sus comienzos se demonaba la “nueva figuración”. Ellos habían desarrollado una propuesta crítica a la figuración y a sus contenidos sociales y políticos inherentes.
“Ese fue mi punto de partida, la base, pues ellos tenían contactos con otros movimientos a escala mundial, dentro de la figuración crítica. Eso, después, se fue quedando por ahí y ya no me interesa tanto la figuración, si bien sigo utilizando elementos figurativos, también hay otra materia abstracta, también hay otro espacio que no tiene que ver con el interés figurativo propiamente dicho”, agrega.
Ni de aquí ni de allá
“En Suiza me consideran como un artista dentro de una estética latinoamericana. En Argentina me consideran como un artista europeo. Pero eso tiene una relatividad, yo no me veo ni de tan de una ni de tan de la otra, si bien hay cocina hecha con los dos lados”, puntualiza.
“Decir latinoamericano es muy amplio, pero creo que estoy dentro de unas necesidades míticas y místicas que están emparentadas con América Latina”, aclara.
“He trabajado algunas series sobre Evita Perón, donde me he encontrado con la imagen y no el mito. Si bien el mito me sirvió también, yo trabajo la imagen, sobre todo una imagen muy fuerte, un perfil que está momificado.”
“En ese aspecto el trabajo, si bien es histórico, no es lo que más me interesa como documento, sino el poder mediático de la imagen, el poder que la imagen misma podría generar, como un paralelo a otras formas de imagen que se manipulan hoy en día”.
Algunos de sus cuadros son tridimensionales, tienen una apariencia de volumen. “Tienen volumen porque quieren acercarse al objeto, porque en algunos casos quieren ser esculturas, pero es pintura”, explica Abella con su acento tucumano.
En sus cuadros encontramos asimismo mucho grafismo, intervención pictórica, pero también elementos que vienen del cómic, de la literatura del punto de vista de la imagen pensada y de la historia de la pintura.
Entre los artistas suizos Abella prefiere a Paul Klee, “aunque no tiene nada que ver con lo que yo hago”, aclara. Pero también me interesan las últimas generaciones de artistas suizos, como la ironía de los que trabajan otros aspectos de la obra, más cerca del surrealismo, como Markus Raetz, Spoerri, ese aspecto irónico, y provocador del arte suizo”.
¿Y el amor, también está presente en tus pinturas?
“Pienso que el amor está presente, porque el amor aunque haya pasado, siempre está presente. Hice un árbol, que es como de agua, es un tema de pintura. Este árbol está casi flotando, las raíces no están en la tierra, como el amor”.
“Para mí el amor es algo que está y no está. El amor está también en otros aspectos, en la forma de un erotismo, incluso”.
¿Y la muerte?
“Sobre todo. En la serie sobre la momia de Evita Perón, uno de nuestros muertos sagrados como el Che Guevara, en un paralelo con otros muertos icónicos, como el Cristo de Holbein, donde se prefigura la misma toma. En ese sentido me interesó mucho la muerte como un elemento plástico.
¿Lo político?
“Lo político está presente en algunas series, en los momentos posteriores después de un desarraigo. Es lo que yo me imagino que puede pasar en el cerebro de alguien, esta especie de corto circuito nervioso, y me imaginé una persona pasando por distintas expresiones.”
“Lo político, en ese sentido, no es una política inmediata de denuncia directa de lo que ha pasado. Me interesa el poder de la imagen y sus referentes a otros niveles”, señala.
“Por ejemplo la representación de una balsa en mis pinturas, elemento que se puede asociar a otros momentos históricos, como la emigración, pero sin hablar de eso y sin poner elementos denunciantes expresamente”, explica.
En cuanto a sus proyectos inmediatos, Ricardo Abella está trabajando en una serie de cuadros que representan cascos de distintos formatos, dimensiones y orígenes diferentes. “Como un elemento que cubre una parte de la cabeza”.
La muestra estará lista para fin de año y será exhibida en galerías de Berna y Alemania. “Para Alemania preparo un tema de la sobre elevación de un elemento, desde el piso hacia lo vertical. Algunas veces es una columna, un elemento que quiere distanciar un objeto desde el suelo”.
Un elemento tal vez premonitorio, simbólico en la proyección misma del artista que busca elevarse por sobre las montañas alpinas de Suiza y mirar más lejos, hacia Europa.
Este reportaje sigue en ‘Más sobre el tema’.
swissinfo, Alberto Dufey
Abella se mueve entre Friburgo y Berna. Mantiene contactos y da algunos cursos de pintura.
Este artista oriundo de la cordillera tucumana, del norte argentino, exhibe sus obras en Berna y Friburgo.
Ricardo Abella sitúa sus raíces pictóricas en un grupo de pintores argentinos, que en la época de sus comienzos se había denominado la “nueva figuración”.
“En Suiza me consideran un artista dentro de una estética latinoamericana. En Argentina me consideran como un artista europeo», cuenta.
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