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Ritual wayú en las pantallas suizas "Tienes que estarte quieta… como muerta"

La eterna noche de las doce lunas, de Priscila Padilla, lleva a la pantalla el aislamiento de Pili.

Para Pili, aquella noche se prolongó durante doce lunas. Inició con su primer período menstrual y concluyó un año después con una fiesta. Había cumplido el ritual de toda wayú: aislamiento, baños de la luna y aprendizaje de su cultura, del arte de tejer y de conducir el destino de los suyos por la senda de la paz.

Priscila Padilla viajó hasta La Guajira, en el homónimo y más septentrional departamento colombiano, para conocer el proceso. Vivió entre los wayús, aprendió su lengua y recogió ese ritual sagrado en el exquisito documental La Eterna noche de las doce lunas, estrenado en el Festival de Berlín, premiado en Cartagena y en Toulouse y difundido en Suiza por el Festival Filmar en América Latina.

“Antes, a las mujeres las encerraban cuatro o cinco años, pero debido a que los wuayús no están exentos de los cambios culturales, ahora ha disminuido el tiempo a máximo dos, puede ser uno, un mes o un día… no hay un lapso determinado”, explica Priscila Padilla a swissinfo.ch.

A Pili, su abuela le había advertido: “En el primer tiempo, tienes que estarte quieta. No podrás mover ni brazos, ni piernas. Como si estuvieras muerta”…

Cuando supo que los wayús solían confinar a las niñas por espacios prolongados, Priscila quedó estupefacta: “¿Cómo así que en mi país se practiquen esas tradiciones? Pensé que tenía que hacer un documental y llegué a la comunidad pensando que era una salvajada. Uno, desde afuera, tiene muchos prejuicios y siempre está como juzgando”.

“Pensarse mujer”

La convivencia con los wayús permitió a la cineasta descubrir el sentido de sus costumbres. “El encierro lo que hace es ayudar a la niña a pensarse mujer. A conocer su cuerpo. Resguardada, se convierte en crisálida que luego desarrolla sus alas para poder volar”.

Subraya nuestra interlocutora que en el período de reclusión, las wayús tienen la oportunidad de reflexionar sobre su paso de niñas a mujeres. “¡Eso es algo  maravilloso!”. También durante el retiro las menores reciben la formación que requieren para cumplir con su rol como mujeres, mediadoras y pilares de la comunidad:

“Las mujeres de la familia, la madre, la tía o la abuela les hablan de la historia de la comunidad, de sus tradiciones. De cómo deben comportarse, de la manera en que deben mediar para mantener la paz”.

Cura de la Luna

Paralelamente, las niñas aprenden a tejer y cuando sus labores son tan finas y parejas como las de una araña, están lista para volver con los demás. “Si la entrada es un llanto -dicen las abuelas- la salida es una fiesta”.

Según la sapiencia wayú, los baños de luna coadyuvan a la protección del sistema reproductivo al evitar desde los cólicos menstruales hasta eventuales malformaciones de los productos durante la gestación. Por ello, la exposición a la luna es parte fundamental del ritual iniciático que nos ocupa.

Un encuentro personal

La documentación del ritual wayú se inscribe en una labor testimonial que ocupa a Priscila Padilla desde hace muchos años y que se centra en el rol de la mujer. A guisa de ejemplo, en la serie televisiva Las mujeres cuentan, la realizadora colombiana reunió las vivencias de trabajadoras de plantaciones bananeras, cafetaleras, algodoneras…

Entrevistada en Ginebra, en el marco de la presentación de su película, la realizadora narra a swissinfo.ch que una búsqueda personal la condujo al  documental y a las historias de mujeres y que estos, a su vez, la llevaron a entender la conflictiva relación que tenía con su madre, que se fue del hogar cuando ella era muy pequeña.

“Y uno se cría con esa mala idea de su mamá porque uno se pregunta: ¿cómo así que mi mamá me abandonó cuando yo he escuchado que todas las madres dan lo mejor por sus hijos? Entonces mi mamá no es una buena mamá o por lo menos no es una buena mujer porque me abandonó”.

Del dolor a la comprensión

Priscila nos cuenta que creció con ese dolor y con esa rabia. Años más tarde, y en lo que considera “un regalo de la vida”, un documentalista colombiano la acercó a diversas historia de mujeres que la llevaron a profundizar sobre el papel de las féminas a través del tiempo y del mundo.

“Entendí que las mujeres habíamos sido confinadas siempre en el silencio. Que si sufríamos había que callar. Entendí que la historia de las mujeres era una historia de dolor, de mutismo, de silencio”.

De esas historias venía su madre. Una relación de violencia con su marida la había llevado a dejar el hogar. Para Priscila, ese encuentro con otras historias le ayudó a entender la propia. “Me dije: mi mamá no es culpable, la culpa es de todo lo que nos han impuesto a las mujeres culturalmente”.

Su tarea de documentalista le permitió evacuar su dolor y generar un proceso que se retroalimenta: “Me dije, es hora de que las mujeres comencemos a contarnos desde nuestras cotidianidades, desde lo que tú haces, desde tus sueños, tus dolores, tristezas y alegrías, es hora de sacar a la luz eso que por milenios ha estado ahí escondido…. Para mí,  esa es la forma de entender a las mujeres, de entenderme también y de saber de dónde vengo”.

Priscila Padilla

Guionista, directora y productora egresada del Conservatoire Libre du Cinemá Francais de París.

Realizó estudios complementarios en Libretos para Televisión, Dirección de Actores, Historia del Arte, Estética Cinematográfica, Estética del Documental y Montaje Cinematográfico.

Su amplio recorrido académico la impulsó a enfrentar proyectos documentales desde una estética y una narrativa personal en la que los conflictos entre mujer y sociedad constituyen  un eje narrativo fundamental.

Entre 1990 y 1992 realizó cuatro capítulos para la serie documental de televisión Artesanos en Bogotá, desde entonces su búsqueda profesional se ha dirigido a los formatos de no ficción. Entre 1993 y 1994, realizó cuatro capítulos para la serie La historia de la radio en Colombia; posteriormente el documental para televisión Los rituales de la ausencia (1995) desarrollado para el Ministerio de Cultura, con el que fue nominada al Premio Nacional de Televisión Simón Bolívar; Ilusiones de radio (1995-1996) que recibió el Premio Verbo Films “Creadores de Imágenes” al Mejor Guion Documental en Brasil; la serie documental de 15 capítulos Las mujeres cuentan (1997) con la que obtuvo una Mención de Honor a la Mejor Serie Documental de la Red Latina de Televisiones Culturales -R.A.L.- en Punta del Este, Uruguay; el mediometraje para televisión Sueños de vida (2001-2002), ganador de una Mención en la Modalidad de Derechos Humanos en el Festival Internacional del Documental “Los Tres Continentes” (Argentina); la serie infantil Bogotá, fuera de clase (2007–2008) para la Fundación Kelloggs Internacional y la Fundación Nueva Cultura de Colombia; entre otros.
 
Su primer trabajo cinematográfico fue el cortometraje en 16mm Memoria, viva (1989), posteriormente vino el largometraje documental Las mujeres por la paz y contra la guerra (2004), producido por la Organización Internacional para las Migraciones -O.I.M.- y la Dirección de Comunicaciones del Ministerio de Cultura; el largometraje Como volver a nacer (2005), producido por el Fondo Global para las Mujeres y el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer –UNIFEM-, Los huéspedes de la guerra (2006); Nacimos el 31 de diciembre (2011); y La eterna noche de las doce lunas (2013); estos tres últimos, ganadores en diferentes modalidades del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico –FDC-.

Fuente: Proimágenes Colombia

Fin del recuadro

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