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El órgano más antiguo del mundo sobrevive en una colina del Valais, Suiza

Hombre sentado frente al teclado de un órgano
Edmond Voeffray es organista titular de la Catedral de Notre-Dame de Valère en Sion, cantón del Valais. Céline Stegmüller / SWI swissinfo.ch

Su construcción se remonta al siglo XV, lo que lo convierte en el órgano tocable más antiguo del planeta. Salvado de las llamas y las guerras, el órgano de la catedral de Notre-Dame de Valère, en Sion, continúa hoy fascinando a visitantes de todo el mundo.

Situada majestuosamente en la cima de una colina, la basílica de Notre-Dame de Valère parece acariciar el cielo. Esta antigua residencia de canónigos domina la ciudad de Sion, capital del Valais. Aquí, la historia se despliega en un entorno místico y sagrado.

Construida a partir del siglo XII, Notre-Dame alberga un tesoro: el órgano tocable más antiguo del mundo. Un instrumento musical que data de la década de 1430 y que debe su supervivencia a lo que podría considerarse ‘un milagro’.

Restaurado y embellecido a lo largo de los años, al igual que la basílica que lo alberga, despierta curiosidad internacional. «Si dices que eres del Valais, la gente te responde: ¡Ah! ¡Valère!», cuenta Edmond Voeffray, organista de Notre-Dame y coautor de la guía editada por la Sociedad de Historia del Arte en Suiza (SHAS) y publicada el pasado mes de agostoEnlace externo con el título: ‘Los órganos del Valais: itinerario de un patrimonio vivo’.

Fabricante desconocido

El cantón del Valais cuenta con 250 órganos. La guía destaca veinte de ellos, testigos de 600 años de historia. Entre los veinte, está el de Valère, que atrae especialmente la atención del visitante.

«Es el destino de este órgano lo que lo convierte en una excepción en Suiza, e incluso más allá de nuestras fronteras. Es de tradición borgoñona, pero se desconoce quién lo construyó. Tenemos pocos datos al respecto. Sin embargo, sabemos que se salvó del fuego, al igual que la basílica, gracias a un fenómeno meteorológico: durante un incendio a fines del siglo XVIII, la dirección del viento respetó la colina de Valère, pero destruyó Sion», explica Edmond Voeffray.

El instrumento no sólo se salvó de las llamas, sino también de las guerras y divisiones fratricidas que devastaron Europa durante los siglos pasados. «Sobre todo la Revolución Francesa», continúa Edmond Voeffray, «que causó la destrucción de numerosas iglesias y de los órganos que albergaban. Suiza también sufrió, pero el acceso a la colina de Valère era muy difícil en aquella época, lo que protegió en cierto modo la basílica y sus obras de arte».

El valor patrimonial de esta ‘joya’ musical no se limita a su antigüedad. También es iconográfico. Dotado de dos puertas, una a la izquierda y otra a la derecha de los tubos, el instrumento refleja una parte de la fe cristiana. A la izquierda, la boda mística de Santa Catalina, patrona de Valère. A la derecha, María Magdalena se encuentra con Cristo resucitado. El autor de estas pinturas es Peter MaggenbergEnlace externo (c. 1380-1463), natural de Friburgo.

El órgano de la basílica de Valère
En 2022, el órgano fue afinado con temperamento mesotónico, un elemento distintivo de este instrumento. Céline Stegmüller / SWI swissinfo.ch

Los Carlen y los Walpen

Los países germánicos tienen una gran tradición organística. «Sin embargo, la Reforma Protestante en nuestro país causó mucho daño a estos instrumentos, llegando incluso a llamarlos “las gaitas del diablo”. Peor aún, Calvino y Ulrich Zwingli ordenaron destruir los órganos de Ginebra y Zúrich, respectivamente», lamenta Edmond Voeffray.

El Valais, cantón católico por excelencia, vio prosperar la fabricación de órganos, especialmente a principios del siglo XVIII. Dos familias valesanas, emparentadas por lazos de sangre, se distinguieron en este campo: los Carlen y los Walpen. «Se encargaron de casi todos los pedidos y establecieron una auténtica tradición valesana, que se exportó hasta Saboya y la vecina Italia», según la guía. La actividad de la dinastía Carlen continuó al otro lado del Atlántico, en Chicago, donde se había establecido uno de sus descendientes. Finalizó en 1960.

Ese mismo año, el zuriqués Hans-Jakob Füglister fundó la fábrica de órganos Fuglister en Arbaz, en las alturas de Sion. Esta fábrica sigue gozando hoy en día de una reputación internacional en la restauración de instrumentos antiguos y construcción de nuevos.

Partituras religiosas y también profanas

Son muchos los fieles y visitantes de todas las nacionalidades que acuden a Notre-Dame, atraídos especialmente por esta reliquia. En 1969 se creó el Festival Internacional de Órgano de ValèreEnlace externo, que cada año recibe a numerosos aficionados. «Con motivo del festival, recibimos solicitudes de organistas de todo el mundo que desean actuar en nuestra iglesia», afirma Edmond Voeffray.  

Público sentado en una iglesia escuchando un concierto de órgano.
La Basílica de Valère acoge cada año a un público internacional para su festival de órgano. Festival international de l’orgue de Valère

¿Qué tipo de música toca en el órgano, profana o sacra? «La frontera entre ambas sigue siendo difusa», responde nuestro interlocutor, que cita el ejemplo de la «Marcha nupcial» de Mendelssohn, que a menudo se interpreta durante las bodas en la iglesia. «La gente cree que se trata de música religiosa, cuando en realidad Mendelssohn la compuso para una representación de El sueño de una noche de verano, de Shakespeare», aclara.

Los grandes compositores europeos, especialmente los de los siglos XVII y XVIII, eran prácticamente todos organistas. Pero no todos escribieron partituras exclusivamente religiosas. «En Suiza, los compositores son en su mayoría contemporáneos. Es difícil encontrar alguno si nos remontamos en el tiempo. Cuando quiero tocar música del Valais para órgano, tengo que buscarla en el repertorio del siglo XX», concluye Edmond Voeffray.

Texto original revisado por Samuel Jaberg. Adaptado del francés por Norma Domínguez y revisado por Carla Wolff. Vídeo traducido del francés por Carla Wolff.

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