David Toscana: “La literatura no es lo que ves: es lo que percibes y creas en la cabeza”
Ana Báez
Ciudad de México, 3 may (EFE).- David Toscana escribió ‘El ejército ciego’ a ciegas. Inventó testimonios de 15.000 búlgaros ciegos que jamás conoció y narró un hecho histórico que nunca vio y del que apenas existe un códice bizantino del siglo XII, y es que para el autor mexicano “la literatura no es lo que ves: es lo que percibes con algún sentido y creas todo en la cabeza”.
“Aunque estamos acostumbrados a leer, la literatura no es algo del ojo. La literatura es algo que se escucha, incluso, siento que algunas palabras pueden tocarse”, asegura el ganador del premio Alfaguara 2026 en una entrevista con EFE.
Toscana (Monterrey, 1961) alguna vez fue ingeniero, así que le gusta investigar por partes y experimentar por mucho tiempo, en este caso 16 años, antes de poner las manos en la obra.
En ese proceso, en el que involucra todos los sentidos del cuerpo, reúne un centenar de anécdotas previas a la escritura, como cuando observó a cientos de personas privadas de la vista en las calles de Madrid, o cuando le preguntó a ese oráculo contemporáneo que llamamos Inteligencia Artificial (IA): «¿Cómo sería la mejor novela que pudiera leer un ciego?»
“Yo pensaba que esa novela tendría que tener pocos elementos visuales, estar más dominada por la emoción y las ideas, sin muchas descripciones; la realidad es que no supo contestarme”, bromea con una actitud desenfadada, como si no fuera el quinto mexicano en haber recibido el Alfaguara de Novela.
La angustia del olvido
Antes de acudir a la IA, Toscana ya había releído las tragedias griegas, como la de Edipo, o la Biblia, con Sansón, e incluso a Borges, que “tuvo una ceguera paulatina”, para meterse en la piel de soldados sin ojos “locos y angustiados”, no por la ceguera, sino por el olvido de su historia.
Esta historia, que “apenas se enseña en un párrafo en las escuelas” de Bulgaria, ocurre en el año 1014, cuando el emperador bizantino Basilio II, tras vencer la batalla de Klyuch, ordena sacar los ojos de 15.000 soldados, pero deja tuerto a uno de cada cien para que sirvan de guías a la capital búlgara.
“Me sorprendió que los búlgaros no hubieran contado este episodio tan íntegro de su historia, así que me dediqué a imaginarlo y a crear personajes angustiados por la posibilidad de ser olvidados si su historia no se cuenta”, ahonda.
Locura quijotesca
En esta novela, “breve, sin descripciones y habitada de ciegos”, David Toscana arrebata la tragedia de la ceguera y dota a personajes como Kosaro, el escriba que ya no escribe, o Zósimo, el maestro sacaojos, de un humor atravesado por la locura inspirada en ‘Don Quijote de la Mancha’, ese libro que lo marcó de por vida y que fue uno de los pocos que tuvo en la biblioteca de su infancia.
“Tener siempre este toque de mayor o menor locura vuelve libre al lector, al personaje y a la prosa. La prosa no está sujeta a los límites de la razón y la coherencia”, explica el ingeniero que abandonó la lógica de los números para dedicar su vida a “jugar con la intuición de las letras”.
En esta época en que “la guerra parece no detenerse”, desea contagiar esa libertad, porque “cuando escribo un libro quiero que sea subrayado; un libro está muerto sin sus lectores”, argumenta.
Y celebra que ‘El ejército ciego’ vaya a ser traducido para llegar a lectores búlgaros.
Después de haber encarnado la ceguera de 15.000 soldados, Toscana sostiene que, pese a todo, en el fin del mundo y ante el peor de los horrores, preferiría “mantener los ojos abiertos y decidir cuándo cerrarlos”.
“La reacción natural del ser humano es cerrar los ojos; aun así, yo quiero ver”, concluye. EFE
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