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De prometer el fin del neoliberalismo a la moderación: los cuatro años de Boric en Chile

María M.Mur

Santiago de Chile, 6 mar (EFE).- «Si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba»: así prometía un joven Gabriel Boric hace cuatro años reformas profundas al sistema instaurado en la dictadura y anunciaba la llegada al poder de una nueva izquierda muy crítica con la socialdemocracia que gobernó en la transición.

A días de dejar La Moneda, el líder del Frente Amplio cierra un mandato que arrancó entre símbolos y grandes expectativas y que termina con algunos avances sociales, pero con muchas de sus promesas sin cumplir.

Con apenas 36 años, el exdirigente estudiantil se convirtió en el presidente más joven de Chile y llegó al poder rodeado por sus compañeros de luchas universitarias, envuelto por las demandas de cambio expresadas en las protestas de 2019 y con el apoyo del Partido Comunista y las fuerzas tradicionales de la centroizquierda.

Abandonará La Moneda con un nivel de aprobación que se ha mantenido constante (30 %) y con la sensación general de que no ha logrado solucionar las principales preocupaciones ciudadanas: la delincuencia y la ralentización económica, según las encuestas.

«Boric hizo una lectura inadecuada de las prioridades de los chilenos y del momento que atravesaba el país que, tras el estallido, no buscaba cambios bruscos», indicó a EFE Rodrigo Arello, de la Universidad del Desarrollo.

«Recibió un país con una crisis social, económica y política sin precedentes desde el retorno a la democracia y logró estabilizarlo», dijo en tanto a EFE Claudia Heiss, de la Universidad de Chile, para quien los principales errores «están relacionados con la inexperiencia, sobre todo al principio».

Su gran derrota

Su luna de miel duró poco y seis meses después recibió lo que muchos consideran el golpe más duro cuando, en septiembre de 2022, se rechazó ampliamente una propuesta izquierdista para cambiar la Constitución, vigente desde la dictadura y que otorga al Estado un rol secundario.

El cambio constitucional era la base de su programa y, tras la derrota, sacrificó a algunos de sus compañeros universitarios -como la médico Izkia Siches, destituida del poderoso Ministerio del Interior- y dio más peso a la centroizquierda tradicional.

«Será recordado como un Gobierno que llegó con un proyecto refundacional y que terminó siguiendo una línea más socialdemócrata», afirmó Arello.

Para Lucía Dammert, socióloga de la Universidad de Santiago y quien fue la jefa de los asesores de Boric durante aquellos primeros meses, «Chile cambió frente a los ojos de un Gobierno que no logró estar 100 % a tono».

«La ciudadanía reclamó cosas que históricamente no están en el centro de la atención de la izquierda, como la seguridad», añadió a EFE Dammert.

Otra de sus más sonadas derrotas fue el rechazo en el Congreso de una ambiciosa reforma tributaria con la que buscaba financiar su agenda social.

Mejor imagen fuera que dentro

Pese a no tener mayoría parlamentaria, Boric consiguió sacar adelante leyes como la jornada laboral de 40 horas, el aumento del salario mínimo hasta casi los 600 dólares, el royalty minero y una reforma parcial de las pensiones, que permitió subirlas en un 35 % y que es posiblemente su logró más valorado.

«Su principal legado económico es entregar una economía normalizada tras el estallido y la pandemia. La inflación está controlada, pero el crecimiento es moderado», alertó a EFE Carlos Smith, de la Universidad del Desarrollo.

Admirador de Luiz Inácio Lula da Silva y José Mujica, Boric siempre ha atesorado más capital político fuera que dentro, gracias sobre todo a su contundente condena a Venezuela, Cuba o Nicaragua, que le ha distanciado de otros líderes progresistas latinoamericanos.

«Boric además escogió un camino democrático y tendió puentes con la oposición para sacar leyes que mejoran la vida de los chilenos. Eso fue más valorado afuera que adentro porque coincidió con un proceso global de radicalización de la derecha», agregó Heiss.

¿Boric 2.0?

Boric traspasará el poder el 11 de marzo a quien está considerado su némesis: el exdiputado José Antonio Kast, que perdió contra el progresista hace cuatro años y se convertirá en el primer mandatario ultraderechista y pinochetista en democracia.

El triunfo de Kast, según Arello, «no se explica sin un Gobierno que no puso en el centro las principales preocupaciones ciudadanos».

«El principal desafío de la izquierda en Chile y en el mundo es no ser percibidos como partidos de élites académicas, que saben lo que hay que hacer pero que no tienen el apoyo de las calles», planteó Dammert.

Boric dejará el poder con 40 años y, aunque no ha hecho público qué hará a partir del miércoles, hay consenso entre los analistas en que aún le queda mucha carrera política y que, quizá, en cuatro años más, aspirará de nuevo a La Moneda. EFE

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