De subvenciones a nada es gratis: Egipto 15 años después de la caída del «faraón» Mubarak
El Cairo, 11 feb (EFE).- En 2011 los egipcios salieron a las calles para exigir pan, libertad y justicia social, convencidos de que la caída del régimen de Hosni Mubarak abriría la puerta a una vida mejor. Quince años después el país ha cambiado de modelo económico y también de actores, pero la pregunta sigue vigente: ¿vive la gente mejor ahora que entonces?
El Egipto que emergió tras la caída de Mubarak poco tiene que ver con el que hoy gobierna el presidente Abdelfatah al Sisi, porque en poco más de una década el país ha pasado de un modelo económico con fuerte presencia del sector público civil a uno dominado por las Fuerzas Armadas y dependiente del endeudamiento externo.
El analista político y autor del libro ‘Egypt under El-Sisi’, Maged Mandour, resume a EFE este giro con una frase: «Hoy el capital se acumula en manos militares». A su juicio, el sistema actual «es completamente distinto al de la era Mubarak».
En aquel entonces existía una élite económica civil ligada al poder, pero desde 2013-2014 el sistema económico ha experimentado un cambio profundo porque el centro del poder económico lo ocupan instituciones castrenses que gestionan desde carreteras hasta fábricas de alimentos.
Un sistema que el investigador y académico Yezid Sayigh, experto en economía militar del Centro Carnegie de Oriente Medio, acuñó como la «Segunda República», un nuevo orden económico y político en el que el Ejército egipcio ha pasado de ser un actor relevante a convertirse en el eje del sistema productivo.
El «nada es gratis» de Al Sisi
Sayigh sostiene que la «Segunda República» tiene como lema el «nada es gratis» de Al Sisi, que «sustituye las políticas tradicionales de bienestar y redistribución que existieron después de la revolución de 1952», y que siguieron existiendo durante el régimen de Mubarak.
Durante la era Mubarak los subsidios sostenían el poder adquisitivo de millones de familias, financiando pan, azúcar, aceite, combustibles y electricidad, representando hasta un 30 % del gasto público total, según el Banco Mundial.
El economista Fathy E.Y. Abdelmagid, profesor en la Universidad egipcia de Benha, explica a EFE que el Gobierno de Al Sisi ha tenido que tomar decisiones «audaces», contribuyendo «a reducir el gasto público significativamente», y recordó la corrupción estructural en la era de Mubarak en relación a estas ayudas.
En parte, estas medidas han sido necesarias para abordar la profunda crisis económica que vivió el país en los últimos años, con una inflación galopante, la devaluación de la moneda y una acuciante falta de inversión extranjera y divisas.
Bajo Al Sisi, la deuda pública alcanzó en 2024 más del 90 % del PIB -lejos del 21 % en la era de Mubarak-, y para abordar esa crisis con ayudas del Fondo Monetario Internacional (FMI), Egipto ha tenido que emprender reformas, aún en marcha.
Abdelmagid asegura que estas medidas tuvieron que ser muy drásticas por este contexto pero también debido «a importantes presiones externas, como la crisis ruso-ucraniana, la pandemia de COVID-19 u otras presiones que crearon un mercado negro de divisas».
El paradigma del empleo y la pobreza
La tasa de desempleo en Egipto se sitúa por debajo del 7 %, según los últimos datos de la Agencia Central de Movilización Pública y Estadísticas egipcia (CAPMAS), lo que considera Abdelmagid un indicador de estabilización.
Lejos de la mano de obra temporal que caracterizaba la época de Mubarak, el economista dice que «asegurar la continuidad del empleo depende de asegurar la continuidad de los grandes proyectos, como carreteras, puentes y nuevas ciudades».
Pero Mandour sostiene que «aunque los datos oficiales muestran una disminución del desempleo, esto no refleja mejoras reales en la calidad de vida»: «Muchos ciudadanos trabajan en empleos mal remunerados y enfrentan un aumento del costo de vida».
La tasa de la pobreza durante el régimen de Mubarak llegó al 25 % en la peor etapa de la crisis, mientras que los últimos datos de CAPMAS del año fiscal 2019/2020 apuntan a un 29,7 %, cifra que llevan más de cinco años sin actualizar.
Nueva clase social
Mandour también señala al Ejército como el factor clave en la evolución de la economía egipcia: «El poder económico se concentra en manos militares, que acumulan capital y destinan grandes recursos a proyectos, muchos de los cuales no generan beneficios claros».
«Esta centralización del poder económico -en los militares- ha contribuido a una crisis estructural en el país», critica el analista, y añade que esto llevó a que «surja una nueva clase social» que es la del Ejército, que ahora mismo ejerce un control que «ha cambiado la dinámica social y económica» del país.
No obstante, Mandour recuerda que los «grandes empresarios también se han beneficiado, especialmente, quienes han sabido adaptarse al régimen», mientras la «clase media ha desaparecido prácticamente» y las clases bajas han visto aumentar sus dificultades.
«Este fenómeno está vinculado, en parte, al control social y a las políticas represivas del régimen sobre las clases populares. La brecha entre ricos y pobres se ha ampliado, con grandes desigualdades visibles entre quienes viven en complejos residenciales de lujo y quienes subsisten con bajos ingresos», explica Mandour.
En este contexto, el crecimiento económico bajo Al Sisi ha sido moderado pero sostenido, con un PIB que ronda el 4,2–4,7 % en 2024/25, impulsado por turismo, manufactura y servicios.
No obstante, el analista Mandour zanja que la economía está «estancada», y comparada con la época de Mubarak, el ritmo de crecimiento es inferior. EFE
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