¿Es el voto sobre el límite de población en Suiza un hecho sin precedentes?
La iniciativa «¡No a una Suiza de 10 millones!» pretende obligar al Ejecutivo helvético a adoptar medidas para que la población del país no supere los 10 millones antes de 2050. ¿Se han aplicado políticas similares en otros lugares del mundo?
Es uno de los dos temas que se someterán a votación el próximo 14 de junio y está dando mucho de que hablar, incluso fuera de las fronteras suizas. Esto se debe a que plantea la cuestión migratoria en términos poco habituales, al asociar la inmigración con un riesgo de «superpoblación».
Con su iniciativa popular «¡No a una Suiza de 10 millones!», la Unión Democrática del Centro (UDC, en sus siglas en francés, o Partido Popular Suizo, PPS, en sus siglas en alemán) exige que el Gobierno y el Parlamento impidan que la población residente permanente del país alcance los 10 millones de habitantes de aquí a 2050 y velen por «estabilizar la población aproximadamente en ese nivel en el futuro».
A partir de 2050, el Ejecutivo podrá «adaptar el valor límite en función del crecimiento natural», es decir, que el límite máximo no se aplicaría a los nacimientos en el país.
Es en el ámbito de la migración donde las autoridades deberían intervenir. Esto pasaría, en primer lugar, por restricciones que afectarían al derecho de asilo y podría llegar, como último recurso, a frenar el acuerdo sobre la libre circulación de personas en vigor con la Unión Europea. Las primeras medidas deberían adoptarse a partir del umbral de 9,5 millones de personas.
>> Encontrará las explicaciones relativas a esta iniciativa, así como las posiciones de los distintos bandos, en el artículo siguiente:
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De nuevo Suiza decidirá si limita la inmigración en su suelo
¿«Experiencia» inédita?
El Gobierno se cuenta entre los numerosos detractores de la iniciativa. Calificándola de «radical», el consejero federal socialista encargado de Justicia, Beat Jans, declaró en una reciente entrevista al diario suizode referencia Le TempsEnlace externo: «[Este texto constitucional] propone un límite máximo de población, un experimento que ningún país del mundo ha intentado aún».
Swissinfo ha entrevistado a tres demógrafos, en Suiza y en el extranjero, para verificar esta afirmación.
El cóctel suizo: crecimiento demográfico, inmigración y alta densidad
En primer lugar, hay que decir que la situación descrita por el PPS es una realidad. Suiza, que se cuenta entre los países más pequeños de Europa, registra también uno de los mayores crecimientos demográficos del continente, del orden del 1% anual. La inmigración es el principal motor de este crecimiento, ya que la tasa de natalidad se encuentra en mínimos históricos en el país (1,29 hijos por mujer en 2024).
De hecho, los valores objetivo de la UDC podrían superarse incluso antes de entrar en vigor. En el escenario de referencia de la Oficina Federal de Estadística (OFS), la población de Suiza alcanzaría los 9,5 millones ya a principios de la década de 2030, y los 10 millones a principios de la década de 2040.
Esta situación contrasta con la de muchos países desarrollados, donde la inmigración apenas permite estabilizar la población. Algunos incluso han comenzado ya a despoblarse.
>> En este artículo, hemos abordado la cuestión del umbral «adecuado» de inmigración y los retos que plantea un fuerte crecimiento demográfico vinculado al saldo migratorio:
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Entre la necesidad económica y las tensiones sociales, ¿cómo equilibrar la inmigración?
En otras palabras, pocos países presentan características demográficas verdaderamente comparables. En consecuencia, «el hecho de que el debate gire en torno al tamaño de la población y al riesgo de “superpoblación” es muy inusual», aclara Tomas SobotkaEnlace externo, director adjunto del Instituto de Demografía de Viena.
La cuestión migratoria es un tema político en casi todas partes. Pero, en general, los debates giran más bien en torno a cuestiones de cohesión social, al número y al perfil de las personas que pueden inmigrar.
La derecha neerlandesa se hizo eco del tema antes de perder el Gobierno
Según Tomas Sobotka, en la actualidad, solo en los Países Bajos ha surgido una reflexión similar. Al igual que Suiza, el país se encuentra entre los más densamente poblados de Europa y experimenta un crecimiento demográfico impulsado por el saldo migratorio. Su población asciende hoy a 18 millones de personas.
Ya en la década de 1990, una organización llamada el «Club de los diez millones» abogaba por limitar la población neerlandesa a 10 millones de habitantes. Pero sus recomendaciones no se tradujeron en medidas.
En 2024, una comisión demográfica publicó un informe en el que se abogaba por un «crecimiento demográfico moderado». Sin hablar de un límite máximo, recomienda que la población se sitúe en un rango de entre 19 y 20 millones de habitantes de aquí a 2050.
Mientras era miembro del Gobierno, Geert Wilders (extrema derecha) preveía un endurecimiento de la política de inmigración para cumplir este objetivo, pero no logró la coalición gubernamental ni fue elegido en las legislativas anticipadas de octubre de 2025. El nuevo Primer ministro centrista Rob Jetten, se ha mostrado hasta ahora más moderado en cuestiones migratorias.
Limitar la población, una idea considerada «distópica» en Luxemburgo
Luxemburgo, otro pequeño país que atrae a mucha mano de obra extranjera, podría compartir estas preocupaciones. Pero según un artículo del Luxembourg TimesEnlace externo publicado en marzo, la mayoría de los partidos del país, así como un grupo de reflexión económica, consideran que «seguir el plan suizo sería un desastre asegurado».
La ADR (derecha conservadora) es el único partido que opina que el electorado luxemburgués debería poder pronunciarse sobre los «límites de población a largo plazo». Sin embargo, esta formación nunca ha formado parte del Gobierno.
Limitar la presencia humana en las Galápagos
Actualmente, las escasas políticas de limitación de la población que pueden existir se refieren a zonas concretas superpobladas, señala Philippe WannerEnlace externo, profesor del Instituto de Demografía y Socioeconomía de Ginebra. Es el caso de las Galápagos.
El archipiélago alberga numerosas especies animales y vegetales, algunas de las cuales son únicas en el mundo. Desde 1998 cuenta con una legislaciónEnlace externo que le permite limitar la inmigración y fijar un límite máximo de población. Sin embargo, sus motivaciones son «claramente medioambientales», precisa Philippe Wanner.
«Otros países se plantean la cuestión de la “carga máxima” que pueden soportar, pero aún se trata de debates teóricos», precisa el demógrafo. Ningún país ha aplicado una política destinada a limitar su población a través de las migraciones, resume.
Actuellement, les rares politiques limitatrices de la population qui peuvent exister concernent des zones particulières surpeuplées, indique Philippe WannerEnlace externo, professeur à l’institut de démographie et socio-économie de Genève. C’est le cas des Galapagos.
La palanca del control de la natalidad
A lo largo de la historia, varios países han intentado, en cambio, limitar el aumento de su población influyendo en el tamaño de las familias. Ya sea mediante incentivos para tener menos hijos (como en SingapurEnlace externo), esfuerzos en materia de planificación familiar (como ocurrió en IránEnlace externo, y sigue ocurriendo en algunos países del África subsahariana), o también mediante medidas coercitivas.
Ya a finales de la década de 1940, el Gobierno indio fue uno de los primeros en «situar la ralentización del crecimiento demográfico en lo más alto de su lista de prioridades, para el buen desarrollo del país», explica Gilles PisonEnlace externo, asesor de la dirección del Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED) en Francia. El punto álgido se alcanzó con las esterilizaciones forzadas en la década de 1970.
China ha intentado fijar un límite
China es, sin embargo, el único país que se ha fijado un umbral de población que no debe superarse. El país instauró su política del hijo único en 1979, con el fin de frenar su galopante crecimiento demográfico, no por razones de densidad, sino porque se consideraba incompatible con su desarrollo económico.
«El objetivo también estaba cuantificado, pero no con precisión», señala Philippe Wanner. «Se trataba de no superar un umbral comprendido entre 1200 y 1400 millones de habitantes».
Esta política provocó tragedias humanas y un desequilibrio entre los sexos. Es cierto que la población china ha disminuido, pero sin duda otros factores también han contribuido a ello, según Gilles Pison. Y hoy en día, China se enfrenta al declive demográfico y ha dado un «giro de 180 grados» con medidas destinadas a reactivar la natalidad.
Vietnam puso fin en 2025 al límite de dos hijos por familia que estaba en vigor desde 1988 por las mismas razones.
Proyectos poco comparables
Sin embargo, la comparación de la propuesta de la UDC con la política del hijo único china es arriesgada. El copresidente del Partido Socialista Suizo, Cedric Wermuth, se ha arriesgado recientemente al declarar en el Blick: «Esta iniciativa es una de las más extremas de la historia de Suiza. La experiencia de un límite demográfico fijo fue intentada por última vez por China, cuando se trata de una dictadura totalitaria».
Las modalidades de aplicación del texto de la UDC solo se determinarán en caso de una eventual aceptación. Sin embargo, los tres demógrafos a los que hemos entrevistado estiman que el objetivo del texto no es fundamentalmente limitar la población, sino la inmigración extranjera.
«Es, sin embargo, otro nivel», subraya Philippe Wanner, del Instituto de Demografía y Socioeconomía de Ginebra. «Existe un vínculo muy fuerte entre los regímenes autoritarios y las políticas de fertilidad; pero la reflexión sobre la política migratoria también tiene lugar en Estados que no son autoritarios».
Editado por Samuel Jaberg, adaptado del original en francés al español por Patricia Islas
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