Detenidos sufren torturas y maltrato en Ruanda desde hace décadas, según HRW
Kigali, 15 oct (EFE).- Las autoridades ruandesas torturan desde hace décadas a personas arrestadas en centros de detención oficiales y no oficiales, denunció en un informe publicado este martes la organización pro derechos humanos Human Rights Watch (HRW).
«Nuestra investigación demuestra que, durante años, se ha permitido a los funcionarios de prisiones torturar impunemente a los detenidos, lo que pone de manifiesto los fallos de las instituciones ruandesas», afirmó en un comunicado Clémentine de Montjoye, investigadora sénior para África de HRW.
En el informe titulado ‘Me arrojaron al agua y me golpearon: La necesidad de rendir cuentas por la tortura en Ruanda’, la ONG recopiló información sobre las torturas y los malos tratos llevados a cabo en dos prisiones, la de Nyarugenge, en Kigali, y la de Rubavu, en el oeste del país, así como en un centro de detención no oficial situado también en la capital y bautizado como Kwa Gacinya.
HRW entrevistó entre 2019 y 2024 a más de 28 personas y revisó entrevistas publicadas en Youtube a ex presos que cuentan haber sido torturados, además de consultar documentos relativos a los juicios de 53 personas.
Entre esas personas, están incluidas las que testificaron el pasado mes de abril en un juicio «emblemático» contra funcionarios de prisiones que supone «un importante primer paso hacia la rendición de cuentas», si bien es necesaria una respuesta más «exhaustiva» para poner fin a estas prácticas, según la ONG.
En ese juicio, fue procesado Innocent Kayumba, ex director de las dos prisiones citadas y otras 17 personas acusadas de tortura, palizas, asesinato y otros delitos.
Exdetenidos en las cárceles de Nyarugenge y de Rubavu relataron a HRW que ambos presidios tenían un espacio donde los arretados eran obligados a entrar en un tanque lleno de agua sucia, donde los sumergían y les pegaban. Algunos eran forzados a correr descalzos alrededor del patio hasta desmayarse.
La oenegé obtuvo los nombres de once personas que, según exdetenidos, murieron en prisión tras sufrir palizas. Varios de esos casos fueron presentados durante el juicio contra Kayumba.
HRW también descubrió que, desde 2011, se llevaban a cabo prácticas parecidas en el centro de Kwa Gacinya, donde se recluía a los detenidos en «celdas (pequeñas) como ataúdes» y se les pegaba regularmente para forzarlos a confesar crímenes, antes de ser trasladados a centros de detención oficiales.
El pasado 5 de abril, el Tribunal Superior de Rubavu declaró culpable a Kayumba por agresión y asesinato de un preso en 2019 y le impuso una pena de 15 años de cárcel y una multa de 5 millones de francos ruandeses (unos 3.387 euros).
También fueron condenados por golpear y matar a presos dos funcionarios penitenciarios y siete reclusos acusados de actuar bajo instrucción, mientras otros tres trabajadores fueron absueltos.
A pesar de la condena, HRW consideró que solo se había conseguido «justicia parcial», ya que se desestimó el cargo de tortura, que comporta penas más altas.
«El caso de Kayumba no solo pone de manifiesto graves y serios problemas en los servicios penitenciarios de Ruanda, sino también deficiencias críticas en el poder judicial y en la institución nacional de derechos humanos», aseveró Montjoye.
Desde su llegada al poder en el año 2000, el presidente ruandés, Paul Kagame, ha conseguido reconocimiento internacional por sus éxitos económicos y la reconstrucción del país tras el genocidio de 1994.
Sin embargo, organizaciones pro derechos humanos han denunciado en numerosas ocasiones detenciones arbitrarias y desapariciones de disidentes a manos de su Gobierno por motivos descritos como «políticos». EFE
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