El Brexit despierta malos recuerdos en un pueblo irlandés marcado por las bombas
La perspectiva de un Brexit brutal hace que resurjan angustiosos recuerdos en el pequeño pueblo fronterizo irlandés de Monaghan, donde el capitel de su iglesia aún está torcido por los efectos de una bomba que explotó hace 45 años.
Si Reino Unido sale de la Unión Europea el 29 de marzo sin un acuerdo de divorcio, los habitantes del pueblo temen que regresen los «malos días del pasado», cuando la violencia paramilitar era parte de su día a día.
«Vi morir a mucha gente», cuenta Macartan Kieran, de 66 años y propietario de una tienda. «Muerte y dolor y angustia. No es el camino. No es el camino», insiste.
Kieran ha vivido toda su vida en el pueblo, uno de los objetivos de cuatro ataques con bomba el 17 de mayo de 1974, que mataron a 33 personas y a un bebé no nato.
Fue el día más sangriento de las tres décadas de conflicto que desgarraron Irlanda del Norte hasta que se firmaron los Acuerdos de Paz del Viernes Santo, en 1998.
Uno de los vehículos de los unionistas que explotaron destrozó la calle principal de Monaghan y se cobró siete vidas en esta localidad rural situada a 7 km de la frontera con la provincia británica de Irlanda del Norte.
La detonación hizo que las ventanas del negocio de Kieran saltaran por los aires. Cuando salió a toda prisa a comprobar lo ocurrido vio los cuerpos de personas a las que conocía.
«El temor de que vuelva a haber una frontera es que regresen los disturbios. Siempre vuelve a sacar algo que no quieres que regrese», cuenta ante un humilde memorial de piedra y vidrio por las víctimas.
«No, no, no necesitamos volver a eso», dice entristecido, visiblemente afectado por los recuerdos.
John Nutley, un emigrante de Dublín de 53 años, recuerda las explosiones que sacudieron la capital irlandesa aquel día.
Y rememora que cuando se mudó a Monaghan todos los habitantes del pueblo «estaban esperando el siguiente» ataque.
«Los últimos 20 años fueron agradables y tranquilos, en cierto modo lo olvidamos y hay un verdadero miedo a que eso regrese».
En las ajetreadas oficinas del periódico local, el Northern Standard, el veterano reportero Michael Fisher hojea entre una pila de números recientes que alardean de los avances de los negocios locales.
Esas primeras planas son un crudo contraste con la copia mohosa de la edición de 1974 que salió tras la explosión.
Al titular «TRISTE 17 DE MAYO» lo acompañan fotos de los restos destrozados de un vehículo, un pub en ruinas y un bombero intentando sofocar frenéticamente las llamas.
«Nunca vi nada tan malo como lo que ocurrió aquel día concreto», asegura Fisher, de 66 años.
«La gente de Monaghan tiene esperanzas en haber avanzado considerablemente desde esos oscuros días», señala.
Pero «actualmente el Brexit plantea un enorme interrogante sobre esa cuestión».