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El Brexit tensiona el comienzo de las marchas protestantes en el Ulster

Javier Aja

Dublín, 12 jul (EFE).- Los protestantes en Irlanda del Norte celebran este lunes sus tradicionales marchas orangistas en medio de una creciente tensión en la comunidad unionista probritánica por la nueva frontera aduanera pos-Brexit en el mar de Irlanda, que separa a la provincia de la isla de Gran Bretaña.

Miles de miembros de la Orden de Orange desfilarán por las calles de la región para marcar el Doce de Julio, la festividad con la que brindan por sus tradiciones y sus vínculos con el Reino Unido, ahora en peligro, advierten sus líderes, por el divorcio con la Unión Europea (UE).

El pistoletazo de salida se dio anoche con casi 200 hogueras del Once de Julio, las cuales congregaron a cientos de personas en torno a enormes fogatas en barrios protestantes de la provincia, un foco habitual de tensión que, no obstante, transcurrieron sin incidentes, según confirmó hoy la policía norirlandesa (PSNI).

Hasta 2.000 agentes del orden forman parte del dispositivo de seguridad diseñado por la PSNI para mantener la paz durante estas festividades, cuya factura se elevó hasta los casi 1,5 millones de euros en 2019, la última ocasión que hubo desfiles, cancelados el pasado año por la pandemia.

UNA TRADICIÓN SECULAR

La Orden conmemora en esta fecha la victoria del rey protestante Guillermo III de Orange sobre el católico Jaime II en la batalla del Boyne en 1690, con marchas que, en algunos casos, atraviesan zonas nacionalistas-católicas y que, a menudo, provocan graves disturbios.

La PSNI vigiló con especial atención la hoguera de Tiger’s Bay, levantada en una zona protestante del norte de Belfast próxima a una de las llamadas «líneas de paz», las barreras físicas que aún separan a las dos comunidades enfrentadas.

Dos ministros nacionalistas del Ejecutivo de poder compartido norirlandés, encabezado por el protestante Partido Democrático Unionista (DUP), acudieron a los tribunales la pasada semana para pedir la cancelación de esta hoguera, pero la Justicia dio luz verde.

Como suele ocurrir, se quemaron símbolos nacionalistas y en Tiger’s Bay ardió anoche una bandera de la República de Irlanda colocada en lo alto de la típica torre de palés de madera que levantan los protestantes.

«Sé que se quemó un bandera y no lo apruebo en absoluto», declaró a la cadena BBC el pastor protestante Brian Madden, quien destacó los esfuerzos de líderes de las dos partes para rebajar la tensión.

El concejal del Sinn Féin en el norte de Belfast J.J. Magee también celebró la ausencia de incidentes, pero aseguró a EFE que varias casas del lado nacionalista recibieron en los últimos días impactos de objetos lanzados desde la zona protestante.

EL PROTOCOLO INFLAMA LOS ÁNIMOS

Asimismo, Magee recordó que el norte de la capital fue escenario a principios de año de los peores disturbios en años, con graves enfrentamientos entre jóvenes de las dos comunidades y ataques contra la PSNI, una violencia desatada por el descontento de los unionistas con el Protocolo Irlandés del Brexit.

En virtud de ese arreglo, la frontera comercial está situada en el mar de Irlanda al haber quedado Irlanda del Norte en el mercado único, por lo que los controles aduaneros para las mercancías procedentes de Gran Bretaña (Inglaterra, Escocia y Gales) se hacen en los puertos norirlandeses, lo que ha provocado el fuerte malestar de la comunidad unionista.

Temen que esta nueva frontera económica erosione sus vínculos con el Reino Unido, más aún cuando el objetivo histórico de los nacionalistas de reunificar Irlanda ha cobrado impulso tras el Brexit, rechazado por la mayoría de los norirlandeses en el referéndum de 2016.

En este clima de incertidumbre, las reivindicaciones culturales e identitarias de los protestantes cobran especial importancia este año, en el que, además, el Doce de Julio coincide con el centenario de la creación de Irlanda del Norte.

«Creo que podemos celebrar nuestra cultura y tradiciones con respeto. Pero el respeto debe ser recíproco», afirmó hoy Jeffrey Donaldson, el nuevo líder del DUP, una formación en crisis por sus tensiones internas y el avance en las encuestas del Sinn Féin, antiguo brazo político del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA).

«Dicen que es cultura y lo acepto, pero parte de esa cultura se lleva a las ‘líneas de paz’. Queda mucho por hacer», respondió el parlamentario republicano Gerry Kelly, exmiembro del IRA.

Desde la firma del acuerdo de paz en 1998, las rutas que siguen los «orangemen» son pactadas por representantes de ambas comunidades con la Comisión de Desfiles, lo que propicia que el paso de los hombres del traje negro, bastón en mano, bombín y orla naranja al cuello sea vista como una concesión y no como una imposición.

En ese sentido, algunas marchas han sido modificadas en los últimos días, restringiendo su paso por barrios católicos, lo que no siempre es bien recibido por elementos violentos de la comunidad protestante. EFE

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