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El «Don Bosco camp» de desplazados en Yuba, la suerte de comer una vez al día

Cristina Cabrejas

Yuba, 4 feb (EFE).- Mientras el papa Francisco se reunirá con varios cientos de desplazados internos de Sudan del Sur en una gran sala de actos de la capital, el resto de los dos millones de personas que tuvieron que escapar de la guerra y las inundaciones continúan su vida en campamentos como el «Don Bosco Camp», gestionado por los salesianos y donde al menos sus niños y jóvenes pueden acudir al colegio y tener una comida caliente al día.

En medio de la polvareda, rodeado de vallas y alambre de espino, con puertas que se cierran al anochecer, se levanta uno de los mayores campos de desplazados en Yuba, donde viven cerca de 10.000 personas ya desde hace una década.

«Hay niños que no conocen otra cosa que la vida aquí», explica el misionero laico salesiano Fernando López Cabello.

Presente desde noviembre en el país, en el que permanecerá hasta 2024 realizando proyectos para ayudar a los desplazados de Sudán del Sur, del que «es necesario que se hable», López Cabello explica que en esta ocasión «el alambre de espino es para sentirse protegidos» después de todo lo que han pasado y para evitar que les roben lo poco que tienen.

«Entrad, entrad, si queréis hacer fotos», dice muy amablemente, con una amplia sonrisa Gloria, de 19 años, que, con su elegante blusa rosa ha salido al ver un grupo de periodistas europeos y quiere mostrar las condiciones en las que vive con sus padres y cinco hermanos pequeños.

Su casa, pegada a las vallas, es una especie de gran tienda de campaña atada con cuerdas a la estructura para impedir que se desgarre con los fuertes temporales de estos lugares y que no mide más de 10 metros cuadrados.

A pesar de las tremendas condiciones en las que viven Gloria y sus cinco hermanos pequeños que han huido de los que ella define «tanto sufrimiento», en el «Don Bosco IDP (personas desplazadas, en inglés) Camp» en el barrio de Gumbo, cerca de Juba, pueden contar con un colegio, cursos de formación profesional, un proyecto para mujeres donde aprender a coser, a cocinar y nociones de agricultura en la misión de los salesianos.

Gloria explica en inglés que estudia informática y que está muy contenta por la ayuda que le dan las salesianas. Ella es afortunada porque, como cuenta López Cabello, muy pocas chicas siguen estudiando en secundaria porque acaban casadas muy jóvenes, embarazadas y tienen que ocuparse de la familia.

El campo, al que se llega después de recorrer unos 8 kilómetros de caminos polvorientos y llenos de baches desde el centro de Yuba y tras atravesar el caudaloso Nilo Blanco, que causa trágicas inundaciones en la época de las lluvias, nació hace cerca 10 años con el inicio de la guerra tras la independencia de Sudán del Sur, cuando los desplazados fueron asentándose aquí para recibir ayuda de la misión de los salesianos, que se estableció en 1983.

«Ahora hay cerca de 400 personas que quieren entrar porque al menos tienen mejores condiciones que en otros lugares», explica el misionero.

Según los datos de Naciones Unidas, en la actualidad, más de dos millones de personas están desplazadas en Sudán del Sur y otros dos millones son refugiados fuera del país, que ocupa el cuarto lugar en la lista de las crisis de desplazados internos más desatendidas del mundo y es también la mayor crisis de refugiados de África.

Los niveles extremos de inseguridad alimentaria y desnutrición afectan a dos tercios de la población del país. Esta situación convierte a Sudán del Sur en una de las peores emergencias alimentarias a nivel mundial y se calcula que ocho millones de personas la sufrirán en 2023.

El campo de desplazados internos de Yuba ha crecido de manera constante desde el estallido de la guerra y alberga en su mayoría mujeres y niños. Sin este campamento, estas personas vivirían en la pobreza total, sin nada para comer, sin ningún lugar adonde ir y sin acceso a ninguna forma de educación.

A pocos metros del campo se llega a un verdadero «oasis» en el infierno de Yuba, Las hermanas salesianas han construido espacios limpios, ordenados, con pequeñas y cuidadas plantas que forman jardines en el desierto y se ocupan de la educación de varios centenares de niños y los hombres Don Bosco se ocupan de la secundaria y la formación profesional.

Mientras, cerca de 300 mujeres acuden todos los días al proyecto de formación en agricultura, pero también a aprender a coser y a cocinar. Ahora es la época de vacaciones aquí y los niños por el momento juegan con lo poco que tienen…. se entretienen subiendo a los árboles. EFE

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