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El erotismo angustioso de Egon Schiele

Egon Schiele, Danae. Museo de arte moderno de Lugano

El Museo de Arte Moderno de Lugano presenta hasta el 2 de junio, una exposición dedicada a Egon Schiele.

Este contenido fue publicado el 03 abril 2003 - 08:49

Una muestra de pinturas y dibujos (lápiz, tinta, acuarela y aguagoma), realizados por el gran artista austriaco entre los años 1907-1918.

Muerto de gripe en 1918, a la edad de 28 años, Schiele llegó a ser, sin embargo, uno de los mayores representantes del expresionismo. Si expresionismo quiere decir obra filtrada por una fuerte experiencia emocional, aunque la personalidad arisca y solitaria del pintor austriaco impide colocarlo en una escuela precisa.

Su misma biografía lo demuestra: ya en la inmadurez de sus 16 años es un alumno difícil en la Academia de Bellas Artes, en Viena. Abraza el movimiento para la renovación del arte, el "secesionismo", y más adelante, adhiere al movimiento de vanguardia "Jugenstil", o arte nuevo, sin llegar a identificarse por completo en ninguno de estos movimientos.

Dibujos sin arrepentimiento

Los organizadores de la exposición de Lugano optaron por seguir un criterio cronológico, tanto en el caso de las telas al óleo como en el de los dibujos. Estos últimos se presentan, no como simples ejercicios de estilo, sino como piezas autónomas, con un valor en sí mismos.

La auténtica revelación de esta muestra son los dibujos magistrales del pintor austriaco, los cuales le otorgan para siempre un lugar entre los grandes dibujantes en la historia del arte: poseedor de un trazo exacto jamás arrepentido (Schiele no borró nunca una raya ya marcada), cada uno de sus papeles constituye un momento de creación pura, donde se cristalizan con precisión y nitidez las sensaciones fugaces de campos, árboles o ciudades; de cuerpos y miradas.

En sus primeros dibujos se nota aún la influencia impresionista de Degas, y la extrema sencillez de los fondos yermos, deslavados, que recuerdan las estampas japonesas. Pero ya a partir de 1910, el gesto del rostro y del cuerpo de las figuras comienza a crisparse, la pose se vuelve desbaratada. Como si irrumpiera en sus dibujos una pasión desesperada.

Pero la notable fuerza erótica de sus sujetos no transmiten una impresión gozosa, comunican en cambio una angustia latente. Si el mismo Schiele define al ser humano como "una cuerda que atraviesa el abismo," su erotismo exacerbado no resulta feliz, sino taciturno y estridente, como una instancia vital que no pone al reparo de la soledad ni de la muerte.

Los óleos sobre tela

Todas las pinturas presentadas siguen, además del orden cronológico, una temática: el autorretrato, el desnudo, el paisaje (urbano o de campo), y la composición alegórica.
Los críticos han encontrado en estos cuadros influencias de Klimt, el cual en esa época era ya un artista de fama. Se habla de semejanzas de "resolución cromática y amétrica" entre los dos artistas.

Schiele opta luego, por un estilo no decorativo ni suntuoso. Llega a rechazar cualquier lujo y decide que su pintura va a reflejar la realidad de los seres, su pobreza y dolor, su soledad y sus neurosis, "su ser para la muerte." Hasta la desnuda condición humana.

swissinfo, Lupita Aviles, Lugano

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